Las dudas que sobrevuelan la muerte de Horacio Viviani
El presunto suicidio del dirigente gremial, hermano del titular del sindicato de peones de taxis y mano derecha de Hugo Moyano, dejó una serie de dudas y preguntas que aún no obtienen respuesta. Esta investigación exclusiva de La Política Online, intenta echar algo de luz sobre el sugestivo caso.
La noticia se hizo polvo, casi no se trató y todo comenzó a cerrarse fugazmente como si aquel hombre hallado muerto dentro de su auto se hubiera suicidado. La duda se instalaba, la historia no trascendió, desapareció enseguida de la escena mediática y las primeras apariencias denotaban que algo quería cubrirse. Impulsada de alguna manera por los noticiosos televisivos, que cuando llegaron al lugar del hecho todavía no conocían la identidad de la victima, los medios gráficos y electrónicos debieron salir atrás y escribir algunas líneas poco precisas que nunca volvieron a retomarse.

Las preguntas no fueron saldadas de manera completa y el silencio de la familia y el entorno tampoco dejaron lugar a segundas hipótesis. Horacio Alberto Viviani, de 56 años, uno de los siete hermanos del secretario general del Sindicato de Peones de Taxis, Omar Viviani, apareció muerto un mediodía de septiembre pasado de un balazo en el pecho. El cadáver estaba en el interior de un Renault Clío color gris. Sus allegados salieron a decir enseguida que se había quitado la vida. Tanta certeza dio espacio para las más variadas especulaciones. Horacio trabajaba junto a su hermano, que al momento de la muerte estaba en un congreso en Londres.

Esa tarde, la Unidad Criminalística de la Policía Federal trabajaba en el lugar del hecho rodeando el vehículo frente a la mirada de Ignacio, uno de los hijos del hombre muerto. Nadie confirmaba la identidad de la víctima, pero la pronta y sorpresiva presencia de algunos dirigentes gremiales de segunda línea hacía presumir que se trataba de alguien ligado al sindicalismo. Luego, gente de prensa de la CGT confirmaría que se trataba de Viviani. Fueron ellos quienes se acercaron a la prensa y ante las cámaras despejaron las respuestas al decir que había sido un suicidio. Pero el operativo montado por la Policía era inusual.

Las patrullas y los peritos policiales que habían cortado al menos una manzana a la redonda para trabajar en la escena, entonces no confirmaron ni desmintieron la versión; según dijeron entonces, así sería hasta que estuvieran terminadas las pericias. El cuerpo fue encontrado a las 13.30 del martes 11 de septiembre, en la calle Zelarrayán al 900, en el barrio de Parque Chacabuco. Los medios salieron a informar que tenía un tiro calibre 38 en el pecho y que el arma disparada estaba cerca, en el asiento del acompañante. "Se suicidó y nada más. Desconozco si tenía problemas. Estamos muy tristes, la familia también", dijo Jorge Luís García, Secretario adjunto del sindicato de los taxistas.

Fuentes policiales citadas por el diario La Nación aseguraron entonces que el arma secuestrada en el auto estaba a nombre de Horacio Viviani e inscripta en el Registro Nacional de Armas (ReNar). La ex mujer, en otra entrevista, confirmaba que la pistola pertenecía al dirigente muerto. Horacio tenía al menos cuatro armas registradas, aunque hasta el cierre de este artículo en la investigación todavía no constaba la certificación de una quinta: la pistola con la que se habría matado. Tenía al menos tres pistolas y una escopeta, todas inscriptas.

La Policía investiga el hecho como un suicidio. Las pericias y testimonios reunidos parecen indicar que Viviani efectivamente se mató. Aunque todavía falta que se sumen los estudios de la división Criminalística de la Federal, que cerraría el círculo de la historia oficial alrededor de la muerte.

La muerte del sindicalista

El dirigente taxista pesaba cerca de 85 kilos y alcanzaba 1.75 de altura. El cuerpo apareció dentro de su auto, frente al lugar en el que vivía desde que se había separado de su mujer, en diciembre de 2005. El cuerpo tenía una gran mancha de sangre en el pecho y estaba deslizado en el asiento del conductor, con el volante a la altura de su cabeza y casi todo su cuerpo por debajo, volcado sobre los pedales del vehículo.

La bala atravesó el cuerpo de Viviani de lado a lado, rompió el asiento en el que estaba cuando se supone tomó la decisión de dispararse y terminó alojada en algo de ropa que había en la butaca trasera. La autopsia concluyó que murió desangrado como consecuencia de una hemorragia interna, provocada por el disparo. La hipótesis más firme es que, tras pegarse el tiro, Viviani no murió de manera instantánea, sino que tuvo un tiempo antes para apoyar la pistola en el asiento vacío a su lado, mientras caía lento en su recorrido hacia la muerte. Nadie escuchó ni vio nada en el barrio donde vivía aquel hombre.

Dentro del vehículo no había signos de resistencia, ni de forcejeos ni señales de violencia que indicaran que haya existido una pelea con otra persona. La sangre llenaba la camisa clara de Viviani. Un solo disparo que le perforó el tórax, algunas manchas de goteo de sangre cerca del cadáver y las marcas en un puño que le habían quedado de una pelea que el día anterior había tenido con su ex mujer. La relación entre Viviani y Marcela Ríos, de 40 años, era mala e incluso había atravesado momentos de violencia.

El caso está dando sus primeros pasos. Faltan testimonios y pericias, pero todo parece indicar que Viviani se metió un tiro por algún motivo. Nadie confirmó si estaba deprimido o si pasaba por alguna situación afectiva complicada, aunque las armas registradas que tenía y la pelea con la mujer, le suman algunas particularidades al hecho que no pueden obviarse ni dejarse de lado.

En ese contexto podrían comenzar a investigarse las líneas telefónicas de Horacio y una serie de números a los que él solía llamar. La familia del hombre muerto hace responsable a su ex mujer y los conflictos entre la pareja como posible móvil del suicidio.

Omar, el hermano poderoso

Omar, de 53 años, es un histórico del escenario sindical diagramado tras el regreso de la democracia. Desde 1983 es el titular inamovible del Sindicato de Peones de Taxis de la Capital Federal. Ganó seis elecciones en forma consecutiva y en la CGT tiene el cargo de secretario gremial. Verborrágico, suele dejar frases antológicas, Como cuando antes de los incidentes en el traslado del cadáver de Perón a San Vicente pronosticó sin éxito: "Entre compañeros no va a haber pelea".

En el pasado tuvo inconvenientes con la Justicia. Por ejemplo, en 2006 fue denunciado por la AFIP por una presunta estafa millonaria. La presentación la formuló la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), tras detectar pagos a proveedores de la obra social de los taxistas cobrados, en realidad, por personas allegadas a la cúpula del gremio. Su hermano Horacio era secretario de Actas y de Prensa del sindicato y trabajaba desde hacia doce años en el área de prensa. Integraba además el consejo directivo de la obra social investigada. El cuerpo fue descubierto por un compañero del sindicato que había ido a buscarlo a su casa.

Según se desprende de la investigación, ni siquiera Omar Viviani aceptaría que su hermano haya decidido quitarse la vida porque sí, quiere un motivo.

Dentro del vehículo no había ninguna carta ni nota que informara sobre la decisión de quitarse la vida. La pericia de dermotest, prueba que analiza si quedaron restos de pólvora deflagrada en las manos de quien accionó un arma, tampoco fue concluyente para empezar a cerrar el caso definitivamente como un suicidio. Una fuente cercana al gremio detalló que, a pesar de alimentar el bajo perfil, Viviani era una figura de peso dentro del sindicato, “actuaba como una especie de lugarteniente de su hermano”. “A mi lo del suicidio mucho no me cierra. Hace mucho que trabajo en esto, y los sindicalistas no se suicidan”, aclaró la fuente.

La ex mujer también pone en duda esa versión. “Fue un homicidio”, enfatizó en una entrevista con La Política online. Marcela Ríos está convencida que a Horacio lo mataron, e incluso que la bala fue ordenada por alguien de su entorno. Según sostuvo en una entrevista anterior con Noticias, antes de morir su ex marido le había dicho que iba a tomarse una licencia porque las cosas en el sindicato no andaban bien, aunque nunca dio detalles ni precisó a qué se refería.

Horacio trabajaba como productor de seguros antes de empezar en el gremio: "Horacio no se vendía. Era el único que podía oponérsele a Omar, no era un arlequín de su hermano. Tenía pensamiento propio y eso lo llevó a un sin fin de problemas, pero no sé cuál fue el último", explicaron voceros sindicales.

La mafia de los taxis

En abril de 2001 comenzó a funcionar una comisión para investigar lo que se dio a llamar entonces “La mafia de los taxis”. El equipo estaba compuesto por cuatro fiscales porteños y coordinado por un fiscal de Cámara. Se proponían investigar y centralizar la información sobre todos los robos a pasajeros que, cada vez más, se denunciaban en la Capital Federal. El coordinador fue Norberto Quantín.

Con él trabajaron los fiscales Adrián Giménez, Ana Yacobucci, Félix Crous y Marcelo Munilla Lacasa. Fuentes judiciales indicaron que esa comisión logró desbaratar grandes bandas que se dedicaban al robo de pasajeros, y aseguraron que el gremio nunca obstaculizó la investigación.

De todas maneras, sí pudo distinguirse la existencia de grupos territoriales que manejaban las paradas de taxis en distintos puntos de Capital, tal como se denunció últimamente en el caso del Hotel Sheraton. Ese escándalo fue el último pero no el único en el que estuvo involucrado el gremio que encabeza Viviani, que desde siempre enfrentó una dura lucha para dejar en claro que los taxistas no son bandas delictivas lanzadas a la calle. Existen denuncias y sospechas aún más graves, aunque nunca pasan de versiones.

Será el informe de Criminalística el que arroje un poco más de luz sobre qué pasó en realidad aquella tarde y los testimonios serán los que empezarán a definir cuál era la situación de Viviani, qué pudo haberlo llevado a tomar esa decisión y, sobre todo, si realmente definió quitarse la vida. Los investigadores, por ahora, consideran que se trató de un suicidio, pero no todo está sellado. Resta sumar pruebas, que por lo pronto se alimentó de un detalle que quedó picando como una posible nueva hipótesis: la presunción de un suicidio instigado.