Sigue la polémica Bonasso - Feito
En una nota llamada "Feito está en problemas", el diputado nacional ultra K le contestó al ex funcionario de Telerman. Acusaciones cruzadas en medio de la causa por irregularidades en la secretaria de Medios con la empresa Sol Group.
Es una lástima en la presente situación nacional tener que ocuparse de personajes tan insignificantes como el señor Oscar Feito, ex secretario de prensa y difusión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que el lunes pasado pretendió replicar en este diario mi denuncia penal en su contra, con una columna plagada de mentiras, infamias y calumnias, que no pueden quedar sin respuesta, explica Miguel Bonasso en el diario Crítica.

Feito está evidentemente descontrolado por tener que presentarse a prestar declaración indagatoria ante la Justicia, en el día de mañana. Esperemos que lo haga, porque su mano derecha en la Secretaría de Prensa, Fabiana Galeazzi, no se presentó ayer a declarar ante el juez Luis Alberto Zelaya. Ésta es la tercera vez que falta, pretextando excusas que en el foro suelen llamarse “chicanas”. Por algo será. Si es inocente no tiene por qué incumplir esa obligación que nos cabe a todos los ciudadanos.

Antes de contestar puntualmente todas las mentiras de Feito, que se defiende con el agravio, le notifico por este medio que he dado instrucciones a mis abogados para que le inicien una nueva causa ante la justicia, esta vez por injurias y calumnias. Allí tendrá que probar todo lo que dijo de mí en Crítica de la Argentina. Vamos por pasos.

El ex secretario de prensa de Jorge Telerman dice que reunió 100 folios de documentos que prueban que el departamento a su cargo “cursó publicidad –no chivos ni PNT– en los programas de la productora de Marcelo Tinelli (a quien Bonasso llamativamente no menciona)”. Primera mentira: en la planilla Excel de Fabiana Galeazzi, que aporté como prueba a la justicia, en los renglones correspondientes a la empresa fantasma Sol Group, figura por ejemplo, “6 pnt x mes” en el programa Showmatch. En ese mismo renglón dice “60 PNT desde mayo a diciembre”. Hay más. Pero el propio señor Juan Fabián Vicente Scoltore, director general del departamento comercial de Ideas del Sur SA –citado por mí en la nota que desestabilizó a Feito– lo admite, aclarando que no había tarifas para esos “chivos” sino que se cobraba “según la cara del cliente”. En este caso, el Gobierno de la Ciudad.

Segunda mentira: que en mi “falsa denuncia” yo afirmé que Sol Group había iniciado su vinculación con el Gobierno de la Ciudad en la gestión Telerman y que a partir de ese momento la empresa fantasma, que antes se llamaba Lapecu SA y se dedicaba al rubro bebidas, había modificado en ese momento su objeto social. No soy tan torpe para pifiarla de esa manera: obra en mi poder documentación secuestrada por el juez en lo penal económico Javier López Biscayart (ante quien también lo acusé de presunta evasión fiscal) donde queda claro que el citado cambio se produjo en 2004.

Tercera mentira: que yo hablé de “facturas truchas”. Nunca. Hablé de “empresa trucha” que es distinto. Las facturas pueden estar muy bonitas pero insisto, pertenecen a una empresa sin empleados que no presentaba sus balances anuales ante la Inspección General de Justicia.

Veamos ahora una supuesta verdad o verdad a medias: Feito dice en su descargo que “Sol Group formalizó su primera relación contractual con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires” durante la gestión de Aníbal Ibarra. El mismo aclara que esa operación fue realizada por un organismo autárquico, el Instituto del Juego de la Ciudad de Buenos Aires y no por el gobierno central. De todos modos es irrelevante con relación a mi acusación.

Lo que dije y sostengo es que él y su jefe Jorge Telerman presupuestaron publicidad para tramitar a través de Sol Group por la inquietante suma de tres millones seiscientos cincuenta mil pesos (3.650.000). Si el señor Feito considera que antes hubo un procedimiento irregular que lo denuncie ante la justicia. Por ahora es él quien debe contestar las preguntas del juez.

Nada dice Feito respecto al nódulo de la acusación: la publicidad contratada a través de Sol Group fue realizada de manera ilegal: lo hicieron directamente, sin llamar a licitación y ni siquiera a una simple compulsa de precios como lo ordenaba un decreto –ese sí– promulgado durante la gestión de Ibarra.

Vamos a lo principal, a lo que motiva esta respuesta y la consiguiente querella. Feito dice que la SIDE, en tiempos de Hugo Anzorreguy, me pagaba diez mil pesos por mes, a través de un personaje que no identifica y sería hoy ejecutivo de una empresa de medios. Aquí pasamos de la mentira a la canallada. Yo sé muy bien que ninguno de mis lectores desconocen mis críticas profundas al menemismo que se pueden consultar en cualquier hemeroteca. Y saben también lo que me ha costado en años de exilio y alejamiento del país, mi prédica constante a favor de la verdad, para que venga un personaje que estuvo al servicio de Menem, Duhalde, Kirchner y los que vengan a tratar de empañar mi credibilidad.

El que sabe de “servicios” y alcahueterías es Feito. Al cabo, su jefe, amigo y socio, Jorge Telerman fue agente de la SIDE en Washington según lo denuncia el periodista Gerardo Young en su libro SIDE, la Argentina secreta (Editorial Planeta, agosto de 2006, páginas 104 y 105). Feito, que ya era su escudero en aquella época, insertó en su gestión un banner del Gobierno de la Ciudad en la página de Seprin (el “house organ” de los servicentros), casualmente debajo de una nota donde me acusaban de “terrorista internacional”.

Allí lanzaron otra infamia que Feito reproduce como propia: que yo me dedico a operaciones de “hackeo”. Algo que hace reír a quienes conocen mis indisimulables torpezas ante internet o un simple celular. Que tiene alma de alcahuete de los servicios lo demuestra en plenitud al meterse en el plano privado y achacarme haber “espiado” la computadora personal de mi fallecida compañera Ana de Skalon, cuando era directiva de Canal 7. Como lo saben muchos argentinos que conocieron el drama, viví consagrado a cuidar a mi compañera en sus largos años de agonía.

También insiste en que soy execrado por compañeros de militancia que se preguntan por qué estoy vivo, pero no da el nombre de ninguno de ellos. ¿A quién se refiere, al converso Rodolfo Galimberti, que terminó –según propia confesión– trabajando para la CIA?

Por último, que no tenga tanto miedo: yo no presiono ni estoy en condiciones de presionar a la justicia. Vaya, Feito, y conteste lo que le pregunten como indagado; el Estado de Derecho también protege a gente como usted.