Editorial
El trotskismo es el socialismo de nuestros días
Por Néstor Pitrola
A 80 años del asesinato de León Trotsky.
A 80 años de su asesinato el 20 de agosto de 1940, la crisis que atraviesa el mundo pandemia incluida y la rebelión de los pueblos contra la miseria, la desigualdad, la represión y la discriminación de todo orden, agigantan la figura de León Trotsky, una de las grandes personalidades del siglo XX. Su vida entera fue un ejemplo para enamorar a la juventud en la lucha por la transformación social.

Casi adolescente, Trotsky se transformó en organizador de los primeros círculos obreros de la socialdemocracia rusa contra la autocracia zarista, hasta que conoció la durísima deportación a Siberia. Tras fugarse, consiguió asilarse en Europa, donde militó en el exilio hasta el estallido de la revolución de 1905, cuando regresó a Rusia. En esa formidable huelga general en la que nacieron los soviets hizo sus primeras armas como líder de masas: a los 26 años fue elegido presidente del soviet de Petrogrado.

Luego, conoció la cárcel y, a partir de 1917, fue uno de los líderes del bolchevismo y, junto a Lenin, de los principales dirigentes de la revolución de octubre. Tras firmar la paz entre la rusia soviética y el imperio alemán en 1918 -bandera de la revolución porque millones de hombres morían en el frente de la Primera Guerra Mundial- Trotsky se hizo cargo de la formación del Ejército Rojo, con el que enfrentó a los ejércitos de la contrarrevolución en la guerra civil que siguió a la toma del poder por los trabajadores. Como dirigente de la III Internacional hizo frente a la burocratización estalinista del gobierno soviético desde sus orígenes, lo que le valió nuevamente el exilio. Desde allí conformó la Oposición de Izquierda y durante una década hizo frente a la degeneración de los partidos comunistas, que se transformaron en satélites de la diplomacia del Kremlin renunciando a su lucha internacional por un mundo socialista.

Esa batalla que libró hasta el fin de sus días constituye una lucha política que lo transformó en uno de los mayores exponentes de la continuidad del marxismo, la revolución social y el internacionalismo. Ello, en la etapa histórica más difícil, la del surgimiento del fascismo y el nazismo hitleriano -con el que pactó Stalin mientras desarrollaba los procesos de Moscú que acabaron con todos los dirigentes de la revolución de octubre.

Con la convicción de que la burocracia estalinista se había transformado en una casta contrarrevolucionaria que llevaría a la derrota a los trabajadores del mundo, en 1938 Trotsky fundó la IV Internacional y pronosticó la disyuntiva de hierro que la historia se encargó de confirmar sobre el proceso de restauración capitalista en la ex Unión Soviética y otros ex Estados socialistas: o una revolución política derrocaba a la casta burocrática surgida con Stalin o esa casta llevaría a la restauración capitalista tarde o temprano.

Su enorme obra teórica fue escrita siempre al fragor de la construcción revolucionaria, incluso arriba del tren desde el que comandaba el Ejército Rojo que llevaría a la victoria.

León Trotsky nos ha inspirado a la generación del Cordobazo y de la revolución cubana, nos ayudó a comprender la revolución china que se produciría nueve años después de su muerte, apreciar críticamente al maoísmo y valorar la derrota del Che Guevara en Bolivia -entregado por la burocracia estalinista que alineaba al castrismo en Cuba y frustrado por la táctica foquista que pretendió sortear la construcción de un partido obrero revolucionario. Trotsky ha sido también un referente para la generación de la rebelión popular de 2001, tan importante en el Partido Obrero.

Ya en su exilio en México, donde fue asesinado por un agente de Stalin, habiendo comprendido como nadie las descomunales contradicciones y desarrollos desiguales y combinados del capitalismo desde el siglo XX, formuló la consigna de la unidad socialista de América Latina bajo la dirección de la clase obrera, estableciendo que no será la retrógrada burguesía nacional de nuestros países, socia menor del gran capital internacional, la que nos sacaría de las cadenas de la opresión nacional.

Hoy, está a las claras el modo en que los nacionalismos de nuestros días -el kirchnerismo, el chavismo, el MAS boliviano o Rafael Correa en Ecuador- han prometido la patria grande y han fracasado en toda la línea. En lugar de la integración energética prometida tenemos la entrega de Vaca Muerta a los monopolios, al igual que la creciente entrega de la cuenca del Orinoco en Venezuela; en lugar del Banco del Sud tenemos la vuelta del FMI a nuestras naciones. Las uniones como el Mercosur o la Unasur se hunden para dar lugar al Grupo Lima en función de la política imperialista de Donald Trump.

León Trotsky formularía la consigna de la Federación de Estados Socialistas de América Latina mediante gobiernos de trabajadores que está más vigente que nunca, no solo por la entrega de los gobiernos de derecha, sino por el fracaso completo de los nacionalismos y la centroizquierda que gobiernan por cuenta de los mismos intereses sociales capitalistas.

La lucha por el poder es una lucha política que Trotsky ayudaría a comprender: por ganar a la clase obrera a esta perspectiva, por fortalecer su organización independiente, por recuperar sus sindicatos de manos de la burocracia sindical. En suma, por poner al movimiento obrero en marcha por su propio gobierno. Ese es el valor del Programa de Transición, la obra de León Trotsky que formula al detalle las consignas que nos permiten intervenir en la lucha cotidiana que dan los trabajadores en los sindicatos, en los barrios, en las fábricas, en el movimiento de la mujer, de la juventud, contra la represión, creando un puente entre las demandas inmediatas y la lucha de poder. Entre su enorme obra de literatura revolucionaria, incluyendo su fantástica autobiografía Mi Vida, o Literatura y Revolución, el más preciado legado es haber dejado el programa y la fundación de la IV Internacional. No casualmente en la Argentina de hoy ser de izquierda es ser trotskista. El trotskismo es el socialismo científico y de transformación social de nuestros días.


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Pitrola, el único que va a ser beneficiado y los demás todos pobres
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Este hombre Pitrola ha de vivir en una realidad paralela !!!! El socialismo en sus diversas vertientes dejó pobreza y desolación !!!! Empecemos por Alemania Occidental y Oriental antes de su reunificación, los alemanes socialistas se mataban por llegar a Alemania Occidental, podemos seguir con los Chinos que mientras aplicaban las recetas de Mao andaban descalzos y comían un plato de arroz acompañado de un vaso de agua, sigamos con la Venezuela de Maduro que , al día de la fecha, es considerado un país más pobre que Haití y al mismo nivel que los países más pobres de África !!!! Y no sigo porque no tengo tiempo !!!!
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Viva Ramón Mercader! Héroe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas!!! Menos Trotsky, más piolets.
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muy buen artículo