Escenario
Morfología del nuevo poder político en Argentina
Por Damián Falcón
Alberto Fernández dio algunos indicios de cuál será su identidad política. Capaz de entablar buenos vínculos con sectores empresarios como el Grupo Clarín, pero poniendo en primera fila a las Madres y Abuelas.

"Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra". Jorge Luis Borges.

Como una especie de dios o de demiurgo, pero sobre todo con mucha astucia, Cristina Fernández sorprendió ungiendo en mayo a Alberto Fernández como candidato a presidente, algo que no se veía desde 1972 cuando Perón designó a Cámpora para una candidatura similar.

El gesto de CFK logró unificar al peronismo hasta entonces fragmentado: por un lado, el kirchnerismo del Instituto Patria y por otra la "liga de gobernadores" del llamado PJ "moderado" como Juan Schiaretti (Córdoba), Omar Perotti (Santa Fe), Omar Gutiérrez (Neuquén) y Juan Manzur (Tucumán), entre otros. La unidad peronista se terminó de cristalizar con el apoyo de la cofradía sindical y de Sergio Massa.

Si Mauricio Macri es un asiduo jugador de bridge, CFK jugó al ajedrez: dejó que Macri moviera sus fichas anunciando a Miguel Ángel Pichetto como su compañero de fórmula, para luego colocar a Alberto Fernández al frente del tablero peronista y que daría meses más tarde un contundente "jaque mate" electoral en primera vuelta.

Después de conocerse los resultados del 27 de octubre, el principal orador de la coalición ganadora fue Axel Kicillof, el nuevo gobernador bonaerense. Ni Alberto Fernández, ni CFK. Mientras se esperaba un discurso conciliador y aperturista por parte de AF, el de Kicillof fue todo lo contrario: arremetió contra Macri y sus "políticas neoliberales que llevaron al país a duplicar la deuda externa, el desempleo y la precarización laboral". Introdujo el concepto de "tierra arrasada" en referencia a la compleja situación económica.

Ese mismo discurso será seguramente utilizado por el Alberto Fernández y su gabinete durante los primeros cien días de gobierno. En especial para justificar medidas que vayan en detrimento de los intereses de algunos sectores económicos: restricción y suba de aranceles a la importación, incremente de la alícuota en las retenciones a las exportaciones, intervención en los precios de los alimentos, congelamiento de las tarifas de luz y gas, etcétera.

Es importante prestarle especial atención al gobernador bonaerense, tanto en lo formal como en lo simbólico. Tendrá bastante incidencia sobre las políticas económicas nacionales, y, a diferencia de lo que ocurría con la exgobernadora María Eugenia Vidal, Kicillof no se subordinará a las decisiones políticas del gobierno nacional: lo dijo sutilmente en su primer discurso como gobernador.

AF dijo que él y CFK eran lo mismo. Puede no ser completamente así. Pero no hay duda Axel Kicillof es CFK. Es la reivindicación personificada del gobierno de la actual vicepresidente. Un cuadro político que creció y se hizo fuerte en el interior de su espacio, con apoyo de Máximo Kirchner, frente a la resistencia de intendentes del conurbano como Juan Zabaleta (Hurlingham) o Martin Insaurralde (Lomas de Zamora). Ellos preferían a alguien de su liga, sobre todo a un bonaerense, como candidato a gobernador.

Esa fricción provincial debe trasladarse al plano nacional. La gran incógnita para lo que viene es cómo ejercitará AF la mecánica del poder, teniendo en cuenta que CFK colocó en el staff de Gobierno a personas de su extrema confianza como Carlos Zannini (procurador del Tesoro) y Eduardo "Wado" De Pedro (Interior).

En ese sentido, Alberto Fernández dio algunos indicios de cuál será su identidad política. En la construcción de su relato como líder político apeló a Néstor Kirchner del 2003: carismático, con orientación de centroizquierda y con contenido progresista. Capaz de entablar buenos vínculos con sectores empresarios como el Grupo Clarín, pero poniendo en primera fila a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

En su primer discurso oficial como Presidente de la Nación, AF reivindicó en dos oportunidades a Raúl Alfonsín como estandarte de la Democracia y agradeció a Esteban Righi por haberle "inculcado los valores del estado de derecho". Recordemos que Righi fue Procurador General de la Nación durante el período 2004-2012, para luego ser expulsado del gobierno por CFK. Hecho que Alberto Fernández prefiere olvidar.

El mapa de poder que armó Alberto Fernández en el gabinete da cuenta de la relación que establecerá con los distintos sectores de la sociedad: Santiago Cafiero coordinará la gestión diaria como Jefe de Gabinete de Ministros; Martin Guzman, Matías Kulfas y Miguel Pesce funcionarán como un tridente económico que se subordinarán en lo cotidiano a Cecilia Todesca, Vicejefa de Gabinete. En la Secretaría Legal y Técnica para cuidarse la firma AF ubicó a Vilma Ibarra. Julio Vitobello, Secretario General de la Nación y Juan Pablo Biondi, Secretario de Comunicación y Prensa, serán una extensión de Alberto Fernández y lo acompañarán en todo momento.

Felipe Solá como canciller le impregnará la mirada política a las relaciones exteriores. Los cuadros políticos prevalecerán por sobre los diplomáticos de carrera. Al frente del Ministerio de Trabajo estará Claudio Moroni, alter ego de Alberto Fernández, otro peronista de la Capital Federal. Mientras tanto, Sergio Massa talló en Transporte colocando a Mario Meoni, ex intendente de Junín, uno de los primeros en sumarse al Frente Renovador cuando Massa rompió con el kirchnerismo. También colocó a su mujer, Malena Galmarini, al frente de AySA. La empresa estatal a cargo de obras de saneamiento maneja presupuesto propio y tiene alcance en todo el territorio nacional. Se espera que Galmarini crezca en la gestión para una eventual candidatura en 2021 en la provincia de Buenos Aires.

Así como Santiago Cafiero es el jefe de Gabinete en lo formal, Gustavo Béliz,

-actual Secretario de Asuntos Estratégicos con rango de ministro-, ejercerá como un cuasi virtual jefe de gabinete. Se conocen desde los tiempos en que AF era Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner.

Béliz salió eyectado del gobierno cuando intentó una reforma similar de los servicios de inteligencia atomizados en la ex SIDE. Pero actualmente la inteligencia se encuentra distribuida entre el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Defensa y la Agencia Federal de Inteligencia. Sólo en la estructura de la AFI hay unos 1500 agentes orgánicos e inorgánicos, que cuentan con un presupuesto de varios miles de millones en concepto de "fondos reservados". Por eso, más que una expresión de deseo o puro voluntarismo, intervenir los servicios de inteligencia en la Argentina es una idea un poco ingenua. Pero si hay que hacerlo, que sea entonces al estilo de Nicolas Maquiavelo: "todo junto y de una vez".

En paralelo, CFK logró unificar los bloques del PJ y del kirchnerismo en el Senado. Claudia Ledesma Abdala de Zamora es la presidente provisional del Senado, mientras José Mayans -que le responde al gobernador de Formosa, Gildo Insfrán-, asumió como Jefe de Bloque. CFK también se aseguró de contener a otros peronistas no kirchneristas como Carlos Caserío en la importante Comisión de Presupuesto y Hacienda. La Comisión de Acuerdos es otra de gran relevancia, encargada de la designación de jueces federales y el nombramiento de diplomáticos.

Los problemas en la economía, la justicia, la pobreza estructural y el desempleo desafían los límites de la actual configuración del poder político. Cómo resolverá Alberto Fernández la tensión interna, externa y regional, aún es un enigma. Todavía es muy prematuro para sacar conjeturas. Lo que sí se sabe es que el peronismo volvió al poder. Ejercerlo está en su naturaleza.

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