Estados Unidos
Trump, la campaña y ahora la Corte
Por Milton Merlo
La muerte de la jueza Bader Ginsburg sacude la carrera presidencial y abre nuevos escenarios.

Años atrás, en una conversación informal con jueces de cortes latinoamericanas, Ruth Bader Ginsburg se quejó, de modo muy sutil, de esa costumbre de la Corte Suprema de Estados Unidos de que, los días que los ministros tienen acuerdo, el más reciente de los "justices" debe cumplir la tradición de servir el té o el café al resto de sus colegas. Las bebidas se colocan en un mueble en la entrada del salón de modo que el servicio no tiene forma de acercarse a la mesa donde están los jueces.

Detalles pequeños de ese mundo mínimo pero donde se deciden aspectos cruciales de la vida cotidiana en la primer economía del mundo. Y en ese mundo, Bader Ginsburg, que murió hoy viernes a los 87 años, era una estrella absoluta.

Durante décadas protagonizó una dicotomía que definía el ritmo de los debates cortesanos en Washington DC: Bader Ginsburg por el ala liberal y Antonin Scalia (fallecido en 2016) por el ala conservadora. Defensora de los derechos civiles, precursora absoluta de la hoy tan presente agenda de género en Occidente, en el segundo mandato de Barack Obama circuló fuerte la especulación de que se retiraría para que el presidente demócrata pudiera cubrir su lugar con un juez liberal. No lo hizo, según la columnista de The New Yorker, Jill Lepore, porque calculaba que Hillary Clinton iba a derrotar a Donald Trump en 2016.

El vacío que deja Bader Ginsburg impacta de lleno en la contienda electoral de Estados Unidos. La Casa Blanca tiene la posibilidad, desde este fin de semana, de nominar un candidato para la aprobación del Senado. Ese candidato no se aprobará antes de la elección de noviembre pero la sola elección será un mensaje poderoso en la campaña presidencial.

Ocurre que para los republicanos, desde siempre, la elección de jueces es todo un acto de campaña y defensa de mensajes políticos. Es un modo de conectar con su base electoral, especialmente aquella base identificada con asuntos religiosos o morales.

Trump está ante un escenario completamente inédito: la posibilidad de nominar tres jueces para la Corte en un solo mandato. Ya instaló en la Corte a Neil Goursouch en 2016, un jurista conservador pero de estilo moderado. En julio de 2018 cambió de parecer y promovió a un "duro" como Brett Kavanaugh.

El presidente tiene la ventaja de que ya ha enviado varios nombres al Senado entonces conoce, ante esta nueva nominación, quiénes pueden funcionar mejor. Puede elegir un conservador duro para reforzar su base electoral en ciertos estados clave o puede buscar un moderado que le traiga algunas simpatías del centro y que deje a los demócratas en posición incómoda.

Por cierto: en uno de sus debates con Bernie Sanders en la primaria, el candidato Joe Biden se inclinó en favor de nominar una mujer afroamericana a la Corte.

La semana pasada Trump presentó una lista de eventuales miembros para la Corte. Repitió su jugada del 2016 que le sumó puntos en las bases conservadoras. Realizó una selección de nombres que incluye a juristas de alto prestigio con senadores republicanos como Ted Cruz de Texas o Tom Cotton, que se ha convertido en un portavoz habitual del Pentágono.

A pesar de haber designado dos jueces, la Corte le ha generado malos momentos a la Casa Blanca de Trump. La derrota más fulminante fue el pasado junio, cuando el máximo tribunal tumbó sus planes anti inmigración.

Por este motivo, y por otro obvios, la definición sobre ese asiento en la Corte requiere un cálculo absoluto, no solo por quién llegará al edificio de First Street, sino por la estela que deja Bader Ginsburg: la tensión racial está en un momento de ebullición en el país vecino. Es uno de los grandes temas de campaña junto con la crisis sanitaria o el desplome económico.


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