Editorial
La voz del interior
Por Martín Rodríguez
En el final de la noche, en el Cordobazo electoral del 12 de mayo, Schiaretti le habló al "pueblo macrista" además de al "pueblo peronista". Combinó 30 mil desaparecidos con equilibrio fiscal. Orden y progresismo.

Córdoba es Córdoba: se explica a sí misma. Pero la tensión entre la excesiva provincialización y la excesiva nacionalización de las lecturas también deriva del prolongado calendario: parece un torneo demasiado largo. Por lo pronto haremos bien en creerle más a los votos que a las encuestas. ¿Qué lugar nacional ocupó Córdoba en el triunfo de 2015? Fue el contrapeso del "interior" a la solidez del voto bonaerense que sostuvo Scioli. Macri superó por más de 40 puntos al candidato del FPV. No se trataba del apoyo de la Córdoba radical o peronista a Macri, era más transversal: la Córdoba verde-pampa, la que expresa un "modelo productivo" (que además tiene en el peronismo cordobés un modelo de gestión). Y ahora esa provincia le da la espalda a Macri. En el final de la noche, en el Cordobazo electoral del 12 de mayo, Schiaretti le habló al "pueblo macrista" además de al "pueblo peronista". Combinó 30 mil desaparecidos con equilibrio fiscal. Orden y progresismo. Cada provincia y sus propias polarizaciones. El voto macrista era el camello de aquella contienda electoral. El macrismo, en definitiva, "prescindente", miraba por TV la disputa de "su" poder.

En un ensayo publicado el año pasado por Capital Intelectual ("La interna peronista del siglo 21"), la antropóloga Julieta Quirós describe la tensión originaria del peronismo cordobés en torno al kirchnerismo. Escribe desde las sierras: "Córdoba nos ofrece una suerte de 'caso ejemplar' para responder por qué en Córdoba la interna peronista estalló tempranamente y a cielo abierto. Podríamos decirlo así: a diferencia del resto de los peronismos, el peronismo cordobés no pudo contener en la olla a presión la antipatía, tan ideológica como cultural, que desde el vamos existe entre un peronismo provincial de raíz conservadora (como el que De la Sota reinventó en los años 90 bajo la coalición Unión por Córdoba) y un peronismo progresista de aspiración cosmopolita (como el que Néstor Kirchner proyectó, desde 2003, bajo el ala de su Frente para la Victoria). (...) Dicho de otro modo: por mucho tiempo el peronismo cordobés fue la herida por la que pudo supurar una lesión subcutánea que abarcaba de Ushuaia a la Quiaca -y que incluía, desde luego, a nuestro usual peronismo ?de referencia', el bonaerense".

Diríamos entonces que de esta interna peronista se acogió Macri para ganar. No fue que buscó su "pata peronista" en 2015, sino que amasó votos en los peronismos provinciales disidentes. Eso ocurrió hasta 2017. Hasta antes de esta crisis. Para coronar el universo cordobés, recordemos que parte de ese 22% de votos que obtuvo Massa en plena polarización de 2015, el aporte cordobés encarnado en De la Sota no fue para nada menor. Frente al peso bonaerense no hay "tercer espacio" sin Córdoba. Las palabras y las cosas. La foto de Cristina Kirchner como anfitriona en una mesa del PJ es, entre otras cosas, consecuencia de la foto del domingo: Córdoba ganadora. Espectros del "interior".

El macrismo redondea su presidencia no sólo con los graves problemas que están sobre la mesa, sino también casi con la excepción de ser un gobierno sin un gol. ¿Qué se anotó este gobierno? Prácticamente nada. Todos los gobiernos dejan "algo". Nos gusten o no. Los famosos 90 y la presidencia de Menem, tan estigmatizados por el derrumbe y el costo social, dejaron la ciudadanía fiscal, el fin de la colimba, el MERCOSUR. Hoy son políticas de Estado, el mismo Macri en su carta a los opositores, así lo reconoció. De hecho la despenalización del aborto, que conmovió a favor y en contra el debate de la Argentina, parecía ser el mojón de derechos civiles marca Macri. Pero no. Su "mérito" fue abrir el debate y tercerizar el poder en el Parlamento. Y perdió todo en ese riesgo: se le acumuló el enojo de quienes se oponían al proyecto y el de quienes lo avalaban.

Sin embargo, si Macri pierde las elecciones, nos enfrentamos a algo que deja intacto: "el pueblo macrista". Y lo nombro así para llamar de algún modo a eso que preexistió a su gobierno, su candidatura, incluso a su frente electoral, formado por "los más intensos". Eso que emergió en parte en el 2001, y sobre todo en las plazas anti kirchneristas de 2008. La parte de la sociedad que piensa como él, aunque lo deja de votar, aunque hoy lo putee. Y que no ocupan cualquier lugar en la sociedad y su tejido productivo. Ya eran e iban a ser, muchos de ellos, no todos, más dueños de cosas: de empresas, de tecnología, de medios, de fuerza de trabajo capacitada, de cosechadoras y tractores... de dólares. Empresarios y trabajadores que pagan ganancias, ingenieros agrónomos, profesionales, intelectuales, hijos de la soja y del viejo voto radical. Pero Argentina no picó en punta, el dólar se disparó, la modernización es una larga espera. Al final, ese "pueblo macrista" apenas se adueñó de la posibilidad de eso. Fue dueño de la enunciación. Su proyecto, sin política, fue apenas una mitología. Y todos pagamos los costos, todos los "pueblos".

El próximo gobierno enfrentará, si Cambiemos pierde, también la impotencia política de los que fueron representados por quienes no supieron o no pudieron llevar su agenda y construir una gobernabilidad, porque la gobernabilidad democrática se construye un poco más contra esos intereses. Fueron descriptos, muchas veces, como "el tercio productivo" que siempre se quiere sacar al Estado de encima. Y no hay democracia sin Estado. Y lo que viene, quien sea, sabe que tendrá que lidiar también con eso, de hecho el astuto discurso de la victoria de Schiaretti se revela en ese equilibrio notable (y del que es reflejo también tanto la hipotética "unidad hasta que duela" de kirchneristas con Massa, como el espacio de Argentina Federal, como también la intención de la foto peronista de esta semana). Frente a esa parte de la sociedad que no se va con Macri: que queda ahí, expuesta, a la intemperie, con sus amores y odios intactos.

Fin de la historia

Pues bien, Macri vive lo que no quiso ceder: que la debilidad política puede ser un "estilo" en la bonanza, pero un calvario en la recesión. Basó su gobierno y su fuerza en la volatilidad de la política: si mirás para atrás te convertís en sal. Emilio Monzó era la encarnación de lo viejo. Monzó no era lo viejo que no termina de morir: porque lo pasaron ellos mismos a degüello. Era lo viejo que moría rápido, y en sus manos. Pero ahora, de golpe, piden una ¡Moncloa! Y necesitan un, dos, tres Monzó. Lanzan un punteo corto, una "minuta", con condiciones y omisiones notables. Tan así que el mismo Facundo Manes recordó en Twitter que ninguno de los diez puntos hablaba de la pobreza.

El gobierno está preso de lo que odia y necesita: una política que le dé fortaleza. A su modo es lo que hizo Menem, que en honor a la naturaleza de su gobierno nunca descuidó la política. Menem sabía que para achicar el Estado no había que achicar la política. El desenlace del mandato macrista los encuentra necesitando más política, no menos. Llegaron para ningunear también a su propia clase, lo que un politólogo resumió así: "snobearon hasta a Paolo Rocca, le dijeron: correte, que nosotros hablamos con los jugadores del mundo". ¿Y entonces? Ahora apuran un relato sobre consensos de la democracia y la responsabilidad institucional, mientras la economía cae, el calendario electoral los devora, la oposición ensaya alternativas y los empresarios piden un gesto de autoridad: el plan V ("te necesitamos más afuera que adentro").

Se gobierna contra alguien y se gobierna distorsionando los efectos "naturales" (y excluyentes) del mercado. Diríamos que Macri no se parece a su tiempo. Error que no cometen ni Trump, ni Putin, ni Francisco... ni siquiera el malogrado Bolsonaro, ni el ascendente AMLO en el México bronco. Desdramatizador vocacional, el macrismo no se tomó en serio a sí mismo. En la Argentina faltan dólares pero sobra sentido. Nuestro "realismo capitalista" es periférico: y en las periferias existenciales, difícil abrumarse por la ausencia de sentido. Dicho rápido: acá nunca es el "fin de la Historia". Dos palabras debieran ser esenciales para este tiempo: sobriedad y sensatez. La escasez estructural de dólares se administró de todas las formas posibles hasta esta terminal: el Fondo. De allí que el retorno de nombres en danza (Cristina Kirchner, Roberto Lavagna, Alberto Fernández, Felipe Solá, Hugo Moyano) nos hablen de una fantasía, no tanto del retorno al pasado kirchnerista, sino a condiciones políticas que hicieran posible una nueva bonanza: pero no es fácil y todos los políticos están parados sobre sus límites. Lo dijimos y lo repetimos: no hay democracia sin retenciones. El macrismo quiso hacer su transición casi sin que se note. De a poco. Gradual. Pidiendo la plata prestada para no fastidiar a sus beneficiarios, porque prefería no cobrarla ni emitirla. Y al final, cortada esa ilusión de cuajo, se encuentra ante el desafío siempre difícil, en definitiva, ¿cómo se gobierna?

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7
schiareti se siente uno mas de la mafia nacida en italia y desarollada en argentina como elite...
6
Este gobierno hizo mil macanas
Pero gordito o vivis en nigeria o no opinas libremente, pues este gobierno deja un monton de obras, aunque te duela, cosa que los pejota-ka, a los quienes adulas, no dejaron
5
Viste pibe, para los ka el interior no corta ni pincha
La formula es lo mas centralista habida uy por haber
Vieja hotelera nacidaen Tolosa y con domicilio en paquete departamento de recoleta
Abogado 'titere' de la paternal, con domicilio en el acan puerto madero
El interior no existe, pibe, para los ka
4
Da gusto leerlo, gracias.
3
AMLO ascedente. Jajaja, pibe
Bolsonaro malogrado, jajaj pibe
AMLO está en caida libre, dentro de tres meses su capital politico será migajas
Bolsonaro por ahora cumple lo prometido
Pibe, mas realidad y menos ficción y fanatismo
2
Este muchacho por lo menos firma y pone foto
El resto de las notas delirio de este blog, no tienen firma.
Pero esta tiene firma y foto. Hay que tener 'guevos' para reconocer que se escribió semejante engendro de la literatura políitca
Y por lo menos lo reconoce
Bien pibe por dar la cara.
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Mal que me pese, a Menem le incluiría entre los logros el haber terminado las nuevas mutaciones del Partido Militar. Primero desarticulando los alzamientos militares (con rosca y represión mortal) y como segundo paso la desfinanciación de la delirante estructura militar que teníamos como país.