Gobierno
¿Es más importante Bruglia que Guernica?
Por Martín Rodríguez
La agenda kirchnerista no organiza a la Argentina. No hay margen para lo que no sea la reconstrucción socioeconómica.

"Hay dos cosas que no se pueden mirar de frente: el sol y la muerte"

(Francois de La Rochefoucauld)

Hubo una primera explicación sobre el modo de enfrentar esta tragedia (primero cuidamos la vida, luego la economía) que después se fue vistiendo con su forma: las conferencias de prensa, las filminas, las noches presidenciales saludando cumpleañeros en twitter y el quedate en casa... El trío metropolitano de líderes con una primavera en las encuestas y un presidente que con docencia mostraba el grado cero del Estado: la administración de la vida y de la muerte. Si el tiempo se detuvo en el mundo, a Alberto le tocó ser el presidente sin tiempo.

Rafael Bielsa decía durante la campaña electoral: "Alberto empezará un gobierno sin luna de miel". La Pandemia fue más lejos: es sin tiempo. Pero ese primer momento con la conducción de la cuarentena, abrió un paréntesis, al abrigo de pequeñas certezas: hay un consejo de científicos pensando por nosotros, la plata que falta se emite, podemos vivir sin economía por un rato, todos los diarios publican la misma tapa. La comunidad organizada de la cuarentena. Pero nada es para siempre. Y por muchas causas: porque la cuarentena se empezó a quebrar por abajo (un pedido demasiado igualitario para una sociedad demasiado desigual), porque el Estado tiene brazos más cortos y los millones de no estatizados empezaron a pedir lo suyo (los comerciantes, las pymes, los de la changa del día), porque el deseo del dólar nunca falla y siempre faltan, y porque se superpusieron agendas.

Casi todos los consultores muestran la misma curva: cuando "la salida de presos" y Vicentín rompieron el clima... y la agenda de la grieta se empezó a tragar a la pandemia. Esto no ocurrió en la vida de la gente de a pie, ocurrió en la escena política. Santiago Marino lo dice así: el pico de contagios llegó cuando la noticiabilidad del virus tocó su piso. De esa comunidad organizada de la cuarentena a lo que parece una tormenta perfecta: la tendencia de contagios no frena, la economía empeora, la política se repliega en sus cuitas.

La angustia acumulada, la impresión de año perdido, el crecimiento de todas las formas de violencia (intrafamiliar, de género, institucional, social), son caldo de cultivo real para la presentación de una pantalla partida en dos: la política "en la suya" y la sociedad en el dolor. A los que sacan rédito con la desigualdad les vienen como anillo al dedo las idas y vueltas del gobierno, las dudas sobre Alberto y la influencia de Cristina, y algo más que es un lugar común de los editorialistas: presentar a un gobierno que no está en "lo importante". La rebelión policial, más allá de su verdad de salarios miserables, funcionó como síntoma de un país con la cadena de mando confusa. ¿Quién tiene la última palabra en Argentina? Alberto por momentos pareció resolver ese intríngulis "haciendo lo que esperaban que haga", es decir, como si se anticipara a una imaginaria demanda kirchnerista tal vez para que no exista la demanda. Lo dijo con Vicentín: "pensé que iban a festejar todos". Kirchnerismo anticipatorio.

A los que sacan rédito con la desigualdad les vienen como anillo al dedo las idas y vueltas del gobierno, las dudas sobre Alberto y la influencia de Cristina, y algo más que es un lugar común de los editorialistas: presentar a un gobierno que no está en lo importante

Pero esa prevención anula el pendiente despliegue de su liderazgo. Hay que volver a oír el mandato no escrito de su candidatura: la agenda kirchnerista no organiza a la Argentina. No hay margen para lo que no sea la reconstrucción socioeconómica. ¿Es más importante Bruglia que Guernica? Y aún así, ¿por qué sigue sólida la imagen de Alberto, aún con casi todos los medios en contra? Por millones de hombres y mujeres que están solos y esperan una presencia del Estado que perdió su romanticismo (la remera "te salva el Estado" se destiñó) pero no su física: hay millones de pesos distribuidos. La zona de promesas no está rota. La sociedad no corre a la misma velocidad que los análisis políticos, ni que la ansiedad de los políticos que alientan los análisis políticos, ni que la agenda mediática desquiciada.

La creación del Frente de Todos sacó los temas de abajo de la alfombra luego de años de internas peronistas entre vanguardismos hacia la nada, avenidas del medio que se angostan y "ortodoxias científicas" sin votos conspirando en lobbys de hotel. Reunir las partes de un peronismo en el que evidentemente no todos piensan igual sobre Venezuela, ni sobre el campo, ni sobre la economía del conocimiento, ni sobre la economía popular, etc., pero que se unió bajo un relato organizado en el desafío de volver a gobernar la Argentina de cara al futuro y no al pasado. Había que pensar más en cómo salir de la década perdida de la grieta que en cómo volver a la "década ganada". Menos muros y más puentes. La experiencia de gobierno macrista cayó sobre su propio peso dejando un desierto por delante y la impresión de que no hay fórmulas mágicas para que aparezcan dólares. Pasan los gobiernos, quedan los pobres.

Una política ordenada en nuestra "histórica polarización" entre lo "popular" y lo "republicano" seguirá siendo sólida aunque contiene cada vez menos margen para las "primaveras". Cuando hay grieta, todos los reyes están desnudos. Pero el único camino argentino es mirar de frente los problemas. Sin convertibilidad, ni tasas chinas, ni supuesta lluvia de inversiones. Tal vez en el estilo de Martín Guzmán con la deuda, de Cecilia Todesca con el dólar o en el diálogo de Kulfas con sectores productivos asome una pedagogía simple de problemas pesados. Un oído en el pueblo, otro en la macroeconomía. Escuchar mucho, hablar poco, decir lo justo y mirar a los ojos propone el papa Francisco en su modelo de comunicación sacerdotal. Mirar de frente lo que viene. Millones de argentinos y argentinas piden pan y verdad.

El triunfo del Frente de Todos fue el sueño de un país sin velos. De cara a sus problemas de deuda externa, deuda interna, falta de dólares y hoy con más de cuarenta por ciento de pobres. El triunfo del Frente de Todos fue fruto de una campaña que entendió que el 18 de mayo se habilitó una construcción complementaria que empezaba donde terminaba el kirchnerismo: las clases medias bajas, las aristocracias obreras, el país de los agronegocios. Así se rompió el techo electoral. Un peronismo para la Argentina y no una Argentina para el peronismo. Lo contrario a grieta y panelismo no es "consensualismo utópico" sino profundidad. "Las ilusiones de máxima de los contendientes de la grieta implican una guerra -dice Pablo Semán- y la profundidad es perforar esas ilusiones con política". Ni Moncloa ni Moncada: agarrar los temas estructurales de la fractura argentina. Los temas que, además, aparecen sin que se los llame: como la tragedia del hábitat, la falta de valor de una moneda nacional, el peligro ambiental, la inseguridad urbana. No es imperdonable fallar, es imperdonable no intentarlo. No se trata de ajustar un perfil de "moderación", como pretende despuntar a contrarreloj Horacio Rodríguez Larreta, sino de ser capaces de una profundidad. Hay que levantar la rejilla y meter la mano hasta tocar el rollo de pelo.  

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el helicoptero hace tucutucutucutucu