Elecciones 2019
Camino al 27 de octubre: las 7 lecciones de las PASO
Por Marcelo Bermolén
Contrario a la expectativa del oficialismo, sus seguidores podrían sentirse desesperanzados de concurrir a las urnas en las elecciones generales.

Tras las PASO de este domingo, se ha instalado una pregunta inquietante: ¿Qué es hoy Alberto Fernández? ¿Un simple candidato o un virtual presidente? De esa difícil respuesta, dependen muchas cosas. Si es un simple candidato, no debería colaborar o asumir responsabilidad alguna. Si es un virtual presidente, entonces al actual mandatario le correspondería acordar con él y tratarlo con el respeto y la consideración que se merece.

El gobierno de Mauricio Macri, trata y destrata a Alberto Fernández de uno u otro modo, según le convenga. Lo cierto es, que desde el punto de vista institucional, estamos por primera vez frente a un fenómeno que tiene una peligrosa zona gris, y para el que no estábamos preparados. Nadie imaginó estar frente a unas "PASO consagratorias". Y ese vació legal hace que vivamos la dualidad de que buena parte de la sociedad -y los mercados- ya consideren a Fernández el próximo presidente, mientras que aun falta transitar la elección general que formalmente le daría tal atributo.

Pero a esta situación, de por si compleja, se le suma otra dualidad. En Mauricio Macri convive la doble condición de candidato oficial y Presidente de la República, en medio de una feroz crisis económica y política. Y hay cosas que dice el candidato que no podría decir el Presidente, como cosas que debe hacer el Presidente que no debería utilizar el candidato. Frente a tal asombro, surgen tres palabras determinantes: una vinculada al pasado, que es la necesidad de "autocrítica", y otras dos vinculadas al futuro que son la "economía" y la "gobernabilidad". La una enlazada a la otra. En esos tres términos afinca la responsabilidad institucional con la que la clase política deberá garantizar confianza y pacificación hasta las elecciones generales de octubre.

Por eso, hacer algunas observaciones de lo que nos dejaron las primarias, nos podría permitir entender lo sucedido, y analizar las posibilidades de ambos contendientes en el camino hacia el 27 de octubre. De los datos duros surgen las siguientes conclusiones.

En primer lugar, cabe resaltar que a diferencia de 2015, no hubo competencia interna en ninguna de las listas participantes, que postulaban a la categoría "Presidente y Vicepresidente". Sólo seis de las diez precandidaturas en competencia superaron el piso del 1,5%. Sin embargo, el hecho de que dos alianzas concitasen en su conjunto más del 80% y la necesidad de mejorar la perfomance de "Juntos por el Cambio" (JxC), podría determinar que algunos competidores más afines al oficialismo puedan ser tentados a retirar sus candidaturas en una búsqueda desesperada por mejorar la chance de esa alianza.

La fuerza "Consenso Federal" (CF) de Roberto Lavagna podría gestar un acuerdo programático con el "Frente de Todos" (FT) si se precipitaran ciertos acontecimientos políticos y económicos que requieran brindar certeza y previsión a la ciudadanía.

Por otro lado, el nivel de participación en las PASO 2019 fue bastante similar al de 2015 (75%), aunque bastante inferior al de 2011 (78,7%). No obstante, lo holgado de la diferencia obtenida por la fuerza ganadora (FT) respecto a la inmediata siguiente (JxC) deja en duda que un eventual incremento en la participación en las Elecciones Generales de Octubre (mayor en las presidenciales que en las de medio término) sirva para acortar esa brecha. Es más, alguno de los seguidores de la alianza oficialista podrían sentirse desesperanzados de concurrir a las urnas, especialmente la franja de mayores de 70, que no se encuentra obligada a sufragar. Cabe recordar que en las generales de 2015 -con elecciones muy competitivas-, el nivel de participación ascendió a 81%, mientras que en 2011 -sin esa situación- fue de 79,4%. 

Alguno de los seguidores de la alianza oficialista podrían sentirse desesperanzados de concurrir a las urnas.

En materia de probabilidades, habiendo obtenido en las PASO un porcentaje mayor al 45% y una diferencia mayor del 10% respecto al segundo, el "Frente de Todos" se constituye en virtual ganador de no mediar acontecimientos extraordinarios. De mantener similar adhesión de votantes en las generales de octubre -y un nivel análogo de participación-, el porcentaje se ensancharía a casi el 50%, en tanto no se consideran los votos en blanco y sólo se contabilizan los afirmativos.

Además, buena parte del desacierto de las empresas encuestadoras, al intentar prever resultados, puede explicarse en la existencia del denominado voto "pudor". La demonización de un candidato por parte de los medios masivos de comunicación -encolumnados detrás de la figura del candidato oficial- puede provocar que el votante no esté dispuesto a revelar su simpatía con el candidato cuestionado y prefiera callar o mentir al respecto. A nivel internacional, puede citarse el antecedente de la elección presidencial de los Estados Unidos en 2015, con Donald Trump en su disputa con Hillary Clinton.

En cuanto a la suposición de que una fuerza encarnaba mayores valores cívicos que la otra, cabe apuntar que el aprovechamiento político de ciertas investigaciones de corrupción llevadas adelante por un sistema de jueces federales sospechados de manipulación -sumado a la sensación de que el actual gobierno no ha conseguido avanzar con firmeza en el combate contra ese flagelo, y que algunos indicadores de percepción realizados por organizaciones internacionales revelaran que uno de cada dos argentinos intuye que el Presidente y algunos de sus funcionarios podrían estar involucrados en hechos de ese tipo (Ver Informe Universidad Austral 2018)-, provocó en la práctica la neutralización de ese factor en amplias franjas del electorado a la hora de incidir en el sufragio, sumado a los padecimientos económicos que postergan a la ética y la transparencia como factores decisivos para determinar el voto.

Un detalle destacado ha sido que, ni la mayor inversión en materia de recursos económicos durante la campaña, ni la ventaja que suele dar el ser "oficialismo", ni el uso y abuso de las redes sociales -incluso dentro de la denominada "veda electoral" lograron la incidencia en el electorado que esperaba la alianza que encabeza el actual mandatario. La subestimación del ciudadano puede constituirse en un factor adicional de rechazo, si se repiten ciertas técnicas y se usan discursos poco realistas.

Mientras el gobierno nacional apuesta a la polarización extrema, al presidente Mauricio Macri parece habérselo acabado el crédito. El internacional para financiarse con dólares prestados, y el ciudadano de esperar a que su realidad mejore.

Por último, las dificultades acontecidas a la hora de proveer datos oficiales, mientras sus candidatos hablaban de una "mala elección", puso en evidencia que ya se contaba con ellos y que no se trasmitieron en igualdad de condiciones para la ciudadanía, provocando una quebrantamiento al debido acceso a la información pública. Dicho comportamiento no puede admitirse -ni repetirse- en los comicios generales de octubre, y obligará a que la Cámara Nacional Electoral y los jueces federales -con esa competencia- dispongan medidas preventivas para evitar que ese tipo de situaciones ponga en duda la transparencia del escrutinio.

Mientras el gobierno nacional apuesta a la polarización extrema, al presidente Mauricio Macri parece habérselo acabado el crédito. El internacional para financiarse con dólares prestados, y el ciudadano de esperar a que su realidad mejore. 

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