Seguridad
Berni y el teatro de la Seguridad
Por Jorge Luis Vidal
La trama novelesca de la Seguridad pública que nos complica a todos.

Estudié muchos años seguridad pública en las más variadas casas de altos estudios nacionales y del exterior, y adquirí experiencia operacional-policial en nuestro país, además de España, México y Medellín, Colombia, y entendí que para liderar un Ministerio es necesario gestionar y saber de seguridad, así como tener capacidad de conducción y raciocinio. Las habilidades teatrales del espectáculo al que asistimos en el territorio bonaerense la semana pasada no integran la currícula. Por eso, me cuesta saber si es tragedia, comedia negra o melodrama.

La Seguridad según el Presidente: sólo deseos

Luego de 16 meses de gobierno y a 5 meses de las urnas, la agenda pública debería pasar por el análisis de las buenas, equivocadas o malas políticas de Seguridad aplicadas por los responsables del área, deberíamos poder basar nuestros comentarios en las estadísticas delictuales a la suba o a la baja de todo este tiempo, y hacer las comparativas con las buenas o malas gestiones de los responsables de gobiernos anteriores. Pero esto es Argentina, esto es la provincia de Buenos Aires, y en lugar de hacer ese balance, nos toca asistir al grotesco criollo teatral que, según su acepción, reproduce "una época de crisis, de descomposición social colectiva, en el que las instituciones, las ideas y sentimientos están en búsqueda de un nuevo orden."

Cual marquesinas de la calle Corrientes: "Hipocresía e inoperancia" podría llamarse una de las obras en cartel, escrita por el autor para ser interpretada por todo un equipo profesional de actores en la provincia de Buenos Aires, pero que en la práctica devino en un unipersonal, que resulta vacío de contenido y conocimiento, y ya con escasos espectadores que se cansaron, función tras función, verlo sobre las tablas opinar sin saber. En las butacas aplauden obligados un grupo de intendentes del Gran Buenos Aires que ven peligrar su territorio por la inseguridad creciente, y con el debido distanciamiento social también, en otra parte del teatro un grupo de vecinos, otrora felices militantes de la estampa prepotente del principal actor que le gritan "Compañero, al inicio te apoyábamos, pero ahora nos están matando."

Y en la vereda de enfrente, la taquillera "Ignorancia y soberbia" le hace competencia con una puesta en escena por un autor de escaso y cada vez menos poder al que le van cercenando muy a su pesar hojas del libreto que le pidieron que escribiera. Esta obra con aparente equipo de trabajo tampoco tiene el agrado del público. La estrella principal es una actriz desconocida en el mundo de la Seguridad Pública con un libreto que no se entiende y que no cuida a la gente de bien. El repertorio incluye: "La propiedad privada no es tan privada", "el delincuente es una persona que no tuvo oportunidades en su vida", "El policía debe dar 14 voces de alto antes de disparar, aunque su vida corra peligro", "La toma de tierras en el sur es un problema social y no un delito". Si esto fuera un teatro, la concurrencia hoy pediría que le devuelvan la entrada.

Berni y Sabina, Sabina y Berni. Como nunca, la actuación y escaramuzas sucedidas con la aparición y encuentro de la niña M esta semana pasada, por la acción decidida, responsable y valiente de una vecina de la zona de Luján (que no contaba con helicópteros, perros, motos, patrulleros, infantería, grupo Halcón, lanchas ni caballería) nos muestra en manos de quién estamos y de quién depende nuestra seguridad personal.

Hoy, hablar de seguridad pública es hablar de "construcción social". Si no entienden eso quienes tienen la responsabilidad de conducir, vamos por el mal camino. El policía es la autoridad en la calle, es la persona preparada, armada y uniformada por el Estado para mantener el orden y combatir el delito.

Incluso si no tenemos la policía profesional que queremos, el delincuente es delincuente, más allá de las circunstancias que lo llevaron a delinquir. Y debe ser apartado de la sociedad y juzgado para ser rehabilitado, y la propiedad privada no puede ser vulnerada ni reinterpretada. Son cosas básicas.

Mientras tanto, la Seguridad pública languidece. La lucha contra el narcotráfico transnacional no existe, las Fuerzas Federales "encuentran" marihuana y no secuestran cocaína. Las policías cada vez se parecen más a agencias de empleo que vienen a secar las lágrimas de la desocupación general, es decir, más gente que se uniforma de policía sin serlo, sin sentirlo, y sin estar capacitada para ello. En el medio de eso, un médico empoderado, asimilado a militar y una antropóloga. No pueden colaborar sin dejar el vedetismo, no saben, no quieren, no se toleran, y responden a distintos jefes políticos, ambos sobre calle Corrientes, pero en veredas opuestas.

Y en medio, de la tragedia, comunes ciudadanos inmortalizados en las cámaras de video de cualquier vecino, pidiendo auxilio, gritando o corriendo cuando somos asaltados y golpeados violentamente por motochorros, y cuando no muertos.

Nada es perfecto. Los Ministerios de Seguridad son para servidores públicos y no para funcionarios políticos "funcionales a sus propios intereses". Esto es lo que viene sucediendo hace más de dos décadas en la provincia de Buenos Aires.

"Políticas públicas en Seguridad, y no política con la Seguridad". A partir de allí y del entendimiento de lo que esto supone, podemos comenzar a construir. Esa sería una buena obra teatral a la que todos los espectadores asistiríamos encantados. 

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