Vaticano
Putin, Francisco, y los clásicos
Por Gonzalo Fiore Viani
El ruso una de las principales espadas del Pontífice y Stiglitz de cara a la convocatoria al nuevo pacto económico mundial a celebrarse en la ciudad de Asisi en marzo de 2020.

El presidente ruso Vladimir Putin se reunió con el Papa Francisco en El Vaticano para debatir sobre distintas cuestiones durante una hora. De entre los temas que trataron, Putin destacó que intercambiaron nuevamente opiniones sobre la literatura rusa clásica, de las cuales ambos se declaran admiradores. Para el Pontífice, Rusia es una prioridad apenas detrás de China en orden de preferencias.

Francisco entiende la importancia de tender puentes con la Iglesia Ortodoxa de aquel país, cuya máxima autoridad, Kyril I, se ha reunido con el argentino en una cumbre histórica en 2016 celebrada en la ciudad de La Habana. Fue el primer encuentro entre quienes lideran dos de las principales corrientes del cristianismo desde su separación tras el cisma del año 1054.

El cristianismo ortodoxo es la religión mayoritaria en Rusia, constituyendo el 46% de la población, el mismo Putin es un practicante declarado. La agenda giró principalmente sobre la situación en Venezuela, donde los intereses de Rusia son altos, la guerra en Siria, donde los cristianos son fuertemente perseguidos, y el panorama en Ucrania, en tensión casi permanente desde la anexión de Crimea por parte del gobierno ruso en 2014.

El embajador ruso ante la Santa Sede ha asegurado que por ahora, las condiciones no están dadas para una visita de Jorge Bergoglio a Rusia. Sin embargo, el portavoz del Vaticano, Alessandro Gisotti, prefirió mostrarse mucho más optimista: "es un proceso paso a paso, pero estoy seguro de que el Papa visitará Moscú en unos años". Al igual que con la República Popular China, en caso de producirse, sería la primera visita oficial de la historia por parte de un Papa de la Iglesia Católica a Rusia.

Luego del encuentro, Putin se reunió con su homólogo italiano Sergio Matarella, al mismo tiempo que con el Primer Ministro Giuseppe Conte. Posteriormente participó de una cena con Luigi Di Maio y Matteo Salvini. El líder de La Lega, actual vicepresidente, se encuentra en un duro enfrentamiento con Francisco. Esto no evitó que el ruso mostrara su sintonía con algunas de las políticas ultraderechistas del gobierno italiano. No son pocos quienes apuntan hacia Putin como uno de los principales referentes de la extrema derecha europea de los últimos años.

No obstante, pocos dirigentes mundiales actuales tienen la estatura política e intelectual del ruso. Es quizás uno de los últimos líderes moldeados a la vieja usanza de los viejos caudillos del Siglo XX. Considerado un autócrata debido a su estilo autoritario de gobierno, coincide con el Sumo Pontífice argentino en la necesidad de una mayor presencia estatal tanto en la economía como en la vida pública. Probablemente sea una de las principales espadas de Francisco y Stiglitz de cara a la convocatoria al nuevo pacto económico mundial a celebrarse en la ciudad de Asisi en marzo de 2020.

A principios de este año, la Iglesia Ortodoxa Rusa rompió con la ucraniana, que se declaró independiente bajo el Patriarca ecuménico de Constanstinopla, Ptolomeo I. La crisis con Ucrania no parece estar cerca de terminar. El gobierno ruso tampoco se muestra especialmente dispuesto a delegar sus pretensiones "expansionistas" sobre territorios que considera parte de su Estado. Francisco espera que Putin tome algunas medidas para aliviar la tensión en la región.

El Secretario de Estado del Vaticano Pietro Parolin ya visitó Moscú en 2017. Considerado la muñeca diplomática más importante de la Santa Sede, el italiano también se reunió con Putin tras el encuentro con Francisco. En su momento ya se había referido a las coincidencias del Vaticano con el gobierno ruso: "sabemos que una de las convergencias que existen entre Rusia y la Santa Sede es precisamente esta, la atención de la situación de los cristianos, el tema de las persecuciones a los cristianos, que tienden a ampliarse a todos los grupos religiosos. Y naturalmente todas las minorías, buscando involucrar a los musulmanes."

Un autor admirado tanto por Putin como por Francisco, a quien el presidente ruso se refirió tras la reunión es el maestro ruso Fiodor Dostoyevski. Autor de obras monumentales como Crimen y Castigo o Los hermanos Karamazov, justamente en un capítulo de la segunda hace una dura crítica contra los sectores más conservadores del cristianismo y parte de las autoridades de la Iglesia Católica.

En "El gran inquisidor", el ruso relata la segunda venida de Jesús, quien ha regresado al mundo. El inquisidor al que se refiere el texto, lo encuentra y lo mete en una celda común para quemarlo en la hoguera por hereje. Lo visita y le dice que lo quemará "por amor a los hombres", argumentando que su figura sirve para otorgarle a los seres humanos libre albedrío: "El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quieren inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto. Tú no ignorabas ese secreto fundamental de la naturaleza humana y, no obstante, rechazaste la única bandera que te hubiera asegurado la sumisión de todos los hombres: la bandera del pan terrestre; la rechazaste en nombre del pan celestial y de la libertad, y en nombre de la libertad seguiste obrando hasta tu muerte."

En una gran alegoría de lo que sucede en el seno de la Iglesia Católica, especialmente tras la asunción de Francisco, Dostoyevski se pone del lado de la defensa de Cristo y de la libertad. El argentino suele colocarse en el mismo lugar, quizás por eso es tan resistido por los sectores más reaccionarios dentro de la curia romana y sobre todo fuera de los muros vaticanos.

El ruso y el argentino son amantes de los clásicos de la literatura. "Sin los libros de Dostoyevski no se puede ser sacerdote", le dijo el Papa al presidente. Putin suele decir que su formación literaria es fundamental para su oficio como político. Ese mínimo punto de partida, con suerte, puede alcanzar para que ambos líderes sigan profundizando una relación que tiene el potencial de ser fundamental para el mundo que viene. 

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