Relaciones internacionales
Ampliación del campo de batalla: AMLO y Alberto
Por Gonzalo Fiore Viani
La visita de Alberto Fernández a México se enmarca dentro de una reconfiguración de la política regional, donde AMLO pretende ser el gran ordenador de un nuevo polo progresista en América Latina.

El poeta mexicano Alfonso Reyes escribió una vez que cuando México y Argentina se abracen, lo haría toda América Latina. Es una metáfora que, si tanto Alberto Fernández como Andrés Manuel López Obrador se encuentran a la altura de las circunstancias, puede ser adecuada para los tiempos que se vienen.

Tanto AMLO como el próximo presidente argentino, están frente a una oportunidad histórica de comenzar a esbozar un nuevo bloque latinoamericano de raigambre progresista, o nacional y popular. Cuando el mexicano fue electo, perfilaba para convertirse en el contrapeso a Bolsonaro y a los países de derecha en el continente.

Si Fernández y Obrador logran ordenar sus frentes internos, Argentina puede convertirse en el polo sur de este nuevo escenario regional.

En una región convulsa, el brasileño está cada día más solo, ni siquiera acompañado por mandatarios de centro derecha más moderada como Lenin Moreno, Iván Duque o Sebastián Piñera, cada uno de ellos, a su vez, enfrentando graves problemas sociales en Ecuador, Colombia y Chile respectivamente. Dichos presidentes aseguraron que detrás de los conflictos en sus países se encontraba el Grupo de Puebla. Este bloque se conformó en julio pasado pretendiendo ser una contracara progresista del Grupo de Lima. Formado por los gobiernos y los partidos de izquierda latinoamericana, liderado por AMLO.

Todos ellos, e incluso Donald Trump, reaccionaron a los comicios presidenciales argentinos felicitando al mandatario electo. Mientras que Bolsonaro dijo que sus vecinos "votaron mal", al mismo tiempo que su hijo, el diputado Eduardo, profirió ataques personales contra el hijo de Alberto Fernández, Estanislao. Violando absolutamente cualquier manual no sólo de diplomacia sino de recursos humanos básicos, la familia presidencial brasileña tomó un rumbo inédito en lo que respecta a la política exterior de su país.

Si bien, luego de las declaraciones, Bolsonaro bajó relativamente el tono, diciendo que "el Mercosur es importante" y que Brasil necesita de Argentina", ratificó que no asistirá a la toma de mando del nuevo presidente. Ya en su momento rompió una tradición histórica cuando al momento de asumir, no visitó Argentina como primer destino. Alberto Fernández respondió visitando México como primer país ya como presidente electo. Un México que pretende ponerse al frente de la re configuración política del continente, a través del Grupo de Puebla. Si bien Fernández no asistió al primer encuentro, donde se conformó el grupo, si lo hicieron Jorge Taiana, Carlos Tomada, Julián Domínguez y Felipe Solá, quien suena cada vez más como el próximo canciller.

Los tiempos y las características son distintos a la época de la UNASUR. Sin embargo, Fernández ya se comprometió a relanzar el PARLASUR, un espacio que se mantuvo en stand by bajo la presidencia de Mauricio Macri. Esta vez, los gobiernos progresistas son aún más dispares que en aquel entonces. Como escribió el ex candidato presidencial chileno Marcos Enriquez Orinami por estos días: "El Grupo de Puebla invita a los mundos dispares progresistas a juntarse para exceder sus fronteras naturales y sus zonas de confort. "

AMLO representa una izquierda más moderada, en su presidencia, inclusive, prefiere tener buena relación con Trump, colaborando para frenar la inmigración proveniente de países centroamericanos como Guatemala, Honduras o El Salvador, que pasan por México para cruzar la frontera hacía Estados Unidos. Por otro lado, sus políticas nacionalistas y de fronteras cerradas también ponen en evidencia que la nueva corriente de izquierda regional tiene más que ver con los nacionalismos históricos latinoamericanos que con los gobiernos del giro a la izquierda de la década pasada.

López Obrador es el primer mandatario de esta postura ideológica en la historia de México. Dispuesto a encabezar la "cuarta transformación" de su país, enfrenta desafíos tan grandes como complejos. El narcotráfico, los índices altísimos de homicidios, la pobreza, la desigualdad y la inmigración, tanto mexicana como de otros países centroamericanos, son sólo los principales. Sin embargo, de a poco empieza a mostrar un liderazgo que pocos presidentes mexicanos han querido reclamar en los últimos años.

Argentina, gobernada nuevamente por un peronista, puede convertirse en su aliado natural. Alberto Fernández deberá reforzar su liderazgo en el frente interno, proyectarse hacia afuera puede ser una de sus estrategias para legitimarse hacia adentro. Parafraseando el titulo de una novela del francés Michel Houellebecq, Alberto, obligado por los tiempos de la política, comenzó a ampliar su campo de batalla. Como hiciera Néstor Kirchner con la UNASUR, el próximo presidente tiene todas las condiciones para ello. Tan sólo lo deberán acompañar las circunstancias. 

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