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Bienvenido a la provincia
Por Cristian Lora
A pocos días de sumir, Axel Kicillof sufrió su primera derrota política en un territorio que no da tregua y no recibe a los gobernadores con los brazos abiertos.

Axel Kicillof caminó los pocos metros que separan su despacho del fastuoso Salón Dorado de la Casa de Gobierno. Masticaba bronca por el rechazo de la oposición a su paquete de impuestos.

Sus espadas legislativas, Verónica Magario y Federico Otermin, lo seguían en silencio. El Gobernador caminó por la antesala decorada con retratos de cada uno de los gobernadores que lo antecedieron. Cruzó la puerta de seguridad y avanzó hacia el inmenso salón de estilo barroco del primer piso de la Casa de Gobierno.

Con apenas 16 días al frente de la provincia más compleja del país, Kicillof se sentó frente a las cámaras y apuntó directamente a la oposición y a los medios de comunicación por no dar quórum para tratar su paquete impositivo.

"Basta de mentirle a la gente. Trabajen, legislen. Basta de hacer publicidad, basta de sacar rédito político, basta de marketing". Kicillof se desahogaba. Dejaba expuesta su irritación, su enojo.

Kicillof acusó a la oposición de irresponsable y dijo que no aceptará "extorsiones"

En el gabinete del gobernador transitaron esas horas con desconcierto. Había nerviosismo en los pasillos y visible molestia en los ministros que intentaban explicar los porcentajes en los medios, mientras se buscaba imponer el texto del proyecto sin cambio alguno.

Lo que sucedía no era un suceso extraño para los actores de la política bonaerense. Pero sí para el nuevo gobierno. Kicillof había negado la negociación política en una Legislatura donde todos los acuerdos son posibles si se abre una instancia seria y paciente de negociación.

El Gobernador apeló a frases extremas: habló de extorsiones, de mentiras. Quizás no era para tanto. La oposición hizo lo que hace toda oposición: marcar sus diferencias y buscar abrir un canal de negociación.

El Gobernador apeló a frases extremas: habló de extorsiones, de mentiras. Quizás no era para tanto. La oposición hizo lo que hace toda oposición: marcar sus diferencias y buscar abrir un canal de negociación.

La discusión por el paquete impositivo debía incluir algunos cargos que son importantes para la oposición. Así es la negociación política. Los propios legisladores de Kicillof saben de qué se trata porque negociaron esos espacios para el peronismo durante la gestión de Vidal. Y son los mismo espacios que la entonces oposición negoció también con Daniel Scioli hasta 2015.

Kicillof envió el proyecto el 24 a la tarde y bajó la orden de aprobarlo el jueves 26. El análisis del proyecto y la negociación se debía acotar a un día y medio. Se imponía un razonamiento lineal en el Ejecutivo: "el proyecto es bueno porque nosotros somos buenos, y la oposición es el enemigo". No más vueltas. En la Legislatura, Carlos ‘Cuto' Moreno es quién pregona esa premisa tanto en público como en privado.

Pero sucede que una ley impositiva es antipática por donde se la mire. Es quizás la ley más impopular de todas. Los gobiernos buscan tratarla con cuidado extremo y trabajar en un control de daños. Nada de eso ocurrió esta vez.

Una ley impositiva suele ingresar a la Legislatura acompañada por el presupuesto y permisos de endeudamiento. Kicillof podría haberla enviado junto al paquete de emergencias, pero el proyecto no estaba listo. Así, el 24 de diciembre, se envió al Senado -sin cuidado alguno- una suba de impuestos que impacta en hasta un 75% en algunos casos.

Una ley impositiva suele ingresar a la Legislatura acompañada por el presupuesto y permisos de endeudamiento. Kicillof podría haberla enviado junto al paquete de emergencias, pero el proyecto no estaba listo. 

La oposición pidió hacer modificaciones. Nada que la negociación política no pudiera sortear. Pero, pese a la disposición de los ministros del Gabinete para conversar con los legisladores, no había chances de introducir cambios en los porcentajes.

La negociación política es el combustible de la Legislatura, más aún si la oposición tiene clara mayoría en el Senado. Una semana antes, oficialismo y oposición habían discutido un paquete de emergencias pedido por Kicillof. Allí hubo margen para modificaciones. El peronismo recortó las facultades extraordinarias que planteaba el texto original y consiguió un fondo de obras de 2.000 millones para los intendentes. Las dos partes se fueron conformes: el peronismo consiguió las leyes para el Gobernador y la oposición introdujo modificaciones.

Esa instancia fue anulada de plano al momento de tratar la ley impositiva. "Si se modifica el texto, ya no es nuestro proyecto", advertían los ministros a los legisladores de la oposición.

El viernes, en el Salón Dorado, Kicillof no ocultaba su furia frente a las cámaras. "Este Gobernador no va a aceptar ninguna extorsión para aprobar una ley. Y mucho menos, mentiras", lanzaba.

El sábado, ya con las aguas algo más calmas, legisladores de los bloques dialoguistas de la Legislatura admitían que no hubo espacios para introducir cambios sobre el texto original. La postura del gobierno fue inflexible.

La provincia de Buenos Aires es compleja. Un terriorio enorme, diverso. Una burocracia asfixiante. Deudas nuevas y viejas. Una infraestructura obsoleta. Seis millones de pobres en el Conurbano.

La provincia no da tregua, no recibe a los gobernadores con los brazos abiertos. Si lo sabrá María Eugenia Vidal. El 27 de diciembre de 2015, los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci se fugaban del penal de General Alvear y, a dos semanas de asumir, enfrentaba su primera crisis de gobierno.

Apenas tres días más tarde, José Ottavis rompía los acuerdos y arrastraba a todo el kirchnerismo duro a no votar el primer presupuesto de la entonces gobernadora. Argumentaba un llamado directo de la ex presidenta. "Llamó Cristina, no podemos sacar esto", explicaba. Vidal llegaría a tener su presupuesto recién a mediados de enero del año siguiente.

La provincia no espera a que sus gobernantes se sumerjan despacito en fango de la política bonaerense. No es un ministerio.

Por estas horas, en el gobierno miran la conferencia del Gobernador del viernes en perspectiva y sienten la necesidad de evitar mayores daños. Una fuente de La Plata aclaró a LPO que la referencia a una "extorsión" estaba dirigida a Jorge Macri y no a Vidal.

El detalle es clave para el futuro balance de poder en la provincia. Kicillof evita confrontar directamente con la ex gobernadora, con quien habla más de lo que ambas partes admiten. El problema de Kicillof es con los intendentes y legisladores de la oposición, a quienes le cuesta reconocer como actores válidos. Parte del malestar que transmitió en la conferencia tenía que ver con no haber tenido a Vidal como interlocutora directa. El vínculo entre ámbos es frío, pero sincero.

Kicillof la eligió como la principal referente de la oposición. Y a pocos días de asumir, en diálogo con periodistas acreditados en La Plata, el Gobernador sugirió que los intendentes y legisladores de Cambiemos "deben cuidar a Vidal".

La próxima semana será clave. Algunos indicios indican que Kicillof podría apostar a la política. Por caso, la ministra de Gobierno Teresa García -que encabeza el ala política del gabinete- trabaja de lleno en una foto del Gobernador con intendentes radicales. La reunión sería el jueves y de concretarse, podría llegar a ser una señal de que Kicillof apueste por la política en lugar de los enojos.

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la realidad es que mas de un intendente peronista, no aceptó que quiera mear mas alto que ellos. y se lo hicieron entender. . . aparte era facilisimo arreglarlo, era enviar el proyecto de revaluacion inmobiliaria enganchado con uno de " disminución " de impuesto inmobiliario y hubiera pasado como tiro. . . para mi lo mandaron al bombo los propios.
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Este petiso es un inepto. Y jose colella diciendo lo quieren voltear (que manera de tirar fruta podrida colella...te debería dar un poco de vergüenza). El petiso se pone mañoso por que es un caprichoso que no le dan el gusto así nomas. No tiene idea este pibe de lo que es la politica .