Editorial
Las PASO: ¿Estimulan el voto estratégico?
Por Carlos De Angelis
En agosto de 2013 se llevarán adelante las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Será la segunda oportunidad en que esto ocurra. Es decir, la experiencia inicial ocurrió hace dos años y nuevamente es notorio que la herramienta es escasamente empleada por la dirigencia política argentina.  
Las PASO fueron creadas por la Ley 26.571 que lleva el solemne título de Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral. El artículo 19 plantea que “todas las agrupaciones políticas procederán en forma obligatoria a seleccionar sus candidatos a cargos públicos electivos nacionales y de parlamentarios del Mercosur mediante elecciones primarias, en forma simultánea, en todo el territorio nacional, en un solo acto electivo, con voto secreto y obligatorio, aun en aquellos casos en que se presentare una sola lista”.

Esto último, presentar una sola lista es lo que ocurre en la mayoría de los casos. Y promueve la discusión sobre si vale la pena realizar dos elecciones prácticamente similares con tres meses de diferencia. Las razones por lo que los partidos o incluso frentes electorales no realizan elecciones internas para elegir candidaturas, se deben fundamentalmente a la estructura del sistema político argentino, fuertemente fragmentado y nucleado en torno a algunos liderazgos que no admiten mucha discusión interna.

La falta de actividad partidaria, es prácticamente una característica de la democracia argentina, una vez que se produjeran las fuertes desmovilizaciones de finales del gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989), y característica subrayada todo durante la década del proyecto neoliberal de Carlos Menem que a su vez incubó la bomba social que estallaría en manos del gobierno de la Alianza (1999-2001).

La protesta social que alcanza su máxima visibilidad en 2001 no sólo prescinde de toda estructura partidaria, sino que pide un funeral simbólico para la dirigencia política argentina al grito de “que se vayan todos”. En estos acontecimientos, las organizaciones más dinámicas de la sociedad argentina con capacidad de movilización fueron los “piqueteros” y los sindicatos. El poder de movilización de los partidos de los 80 no se volvería a repetir excepto en muy contadas ocasiones.

Se debe decir que también que la ley PASO no ayuda a facilitar la presencia de líneas internas en los partidos. El artículo 21 plantea que la designación de los precandidatos es exclusiva de las agrupaciones políticas, debiendo respetarse las cartas orgánicas, y donde cada agrupación política determinará los requisitos para ser precandidato por las mismas. Esto cierra definitivamente las puertas de presentaciones “hostiles”, es decir donde no existe un acuerdo general para la realización de las elecciones internas.

Entonces, teniendo un cuadro donde prácticamente se reiteran las candidaturas, ¿cuáles pueden ser las consecuencias electorales?
Vale la pena revisar algunos números de 2011. Teniendo en cuenta que se sumaron unos 200.000 votantes entre las dos elecciones (22.705.378 en primarias vs. 22.956.385 en nacionales), Cristina F. de Kirchner pasa de 10.762.217 de votos a 11.865.055 votos en la nacional. Esta diferencia de más de un millón de votos puede adjudicarse al voto útil, o al efecto conocido como efecto Bandwagon, por el cual los sujetos buscan sentirse parte de un acontecimiento importante, en una modalidad gregaria. Otro ganador, en términos nominales pero por razones opuestas fue Hermes Binner, concentrando el voto opositor y que pasa de los 2.180.110 de votos a los 3.684.970, es decir más de un millón y medio de votos más.

¿Quiénes perdieron? Duhalde fue el gran perdedor, que pasa de los 2.595.996 a los 1.285.830, donde lo abandonan casi la mitad de los votantes, que una parte probablemente se sumaría al Frente para la Victoria. Elisa Carrió pasa de los 689.033 a los 399.680., que presumiblemente se pasaron al Frente Progresista, conjuntamente con los 171.195 que pierde Ricardo Alfonsín. También quedan inhabilitado Proyecto Sur y otras agrupaciones menores por no llegar al mínimo requerido pero que “liberan” a más de 300.000 votantes. Finalmente un hecho que suele pasar desapercibido habitualmente es que en las elecciones nacionales hubo 250.000 votos menos entre blancos y nulos que en la primaria.

Las conclusiones indican que el pasaje de la primaria a las nacionales no es estático, por el contrario, los votantes vuelven a pensar su voto descartando las opciones más débiles o más inconsistentes, para concentrarlo en otras fuerzas, utilizando un voto estratégico. En las elecciones de 2011, el triunfo de la presidenta era incontrastable, pero en comicios competitivos pueden ocurrir sorpresas, lo que muestra es que el concepto de primaria es resiginificado por los propios ciudadanos y se constituye en un gigantesco laboratorio electoral.
 
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