Encuestas
Encuestas y fake news
Por Celia Kleiman
Las encuestas llegaron para quedarse. El ciudadano debería conocer opiniones e intenciones del conjunto de la población de una manera precisa y no sesgada.

En el año 1983, con la recuperación de la democracia, las encuestas - hasta ese momento una herramienta utilizada exclusivamente por el área de marketing de las empresas - comenzaron a ser en nuestro país un insumo cada vez más requerido por candidatos y partidos políticos.

Prácticamente en paralelo, un tercer demandante de los sondeos de opinión, y bastante voraz por cierto, pasaron a ser los medios, tanto gráficos como radiales y televisivos.

A partir de ello, lo que había comenzado como una actividad altamente calificada, a la que contados expertos accedían, se fue masificando hasta culminar en la explosión de los últimos años, con la exponencial incorporación de consultores/encuestadores, no siempre con la idoneidad y experiencia necesarias y - por qué no - con la honestidad e independencia requeridas.

Lamentablemente, así como crecía el lugar e importancia que se asignaba a las encuestas, también comenzaban a ser cada vez más frecuentes las críticas y diatribas hacia las mismas.

Es que - más allá de puntuales pronósticos errados- se hizo habitual encontrar en los sondeos que se difunden, guarismos absolutamente diferentes en relación a los mismos ítems relevados. Imágenes de candidatos, comportamientos, y valoraciones sociales, tendencias electorales futuras, bajan y suben en el mismo día según una encuesta u otra.

Si bien estos estudios pertenecen al campo de las ciencias sociales y, como tales, implican trabajar con un determinado margen de error, éste nunca puede explicar las amplias diferencias que suelen observarse entre unos y otros.

Es verdad que hay algunos factores exógenos que explican ciertos pronósticos errados en las encuestas de opinión, y de los cuales me podré ocupar en una próxima nota.

Pero la realidad es que - aún a pesar de ello- la difusión de estos sondeos llegó para quedarse, y cada vez más. Por ende, sería deseable que el ciudadano común conozca a través de los mismos las actitudes, opiniones e intenciones del conjunto de la población de una manera precisa y no sesgada. Este objetivo solo puede cumplirse a partir de la acción conjunta de los profesionales y los medios.

Del lado de los primeros, no sería mucho pedir que trabajen con rigurosidad metodológica y no se desvíen en los relatos que adjuntan a los mismos. Del lado de los medios, sería importante que evalúen la trayectoria, expertise e independencia de las Consultoras que les hacen llegar los datos, y que presten atención a la precisión de lo que se describe, y a la objetividad en las conclusiones y títulos insertos. Obviamente, es indispensable también reparar - entre otros factores - en la cantidad de casos, las técnicas de recolección y las áreas geográficas en que se realizaron.

No es lo mismo una encuesta realizada en hogares que la que se efectúa en forma telefónica. Y menos aún, una que encuentra a sus respondentes en las redes sociales. No es lo mismo una encuesta de 2000 casos que una de 600. Tampoco es comparable un estudio realizado, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires o en CABA, con otro de alcance nacional.

Esta mezcla discepoliana de "la Biblia y el calefón" suele ser un excelente punto de partida - voluntaria o involuntariamente - para noticias falsas, "fake news", "misinformation" o el nombre que se le quiera dar.

En la medida que los medios clarifiquen si solo desean llenar espacios con datos o comunicar información precisa y honesta, y los profesionales decidan si solo les gusta aparecer en cámara o se comprometen además a cumplir con las normas de buenas prácticas avaladas por las organizaciones que nos regulan, ambos elementos seguramente contribuirán a borrar, al menos en parte, esta creciente desconfianza hacia una herramienta que, si bien requiere aggiornarse y perfeccionarse, utilizada correctamente es una excelente brújula para la toma de decisiones en quienes las encargan, y para una correcta información en el público en general.

Mucho más provechosa, en esta dirección, para recobrar nuestro alicaído prestigio y no como insumo para la difusión de mala información, sea esta buscada o no.

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Cínicos .... ahora que hasta las encuestas truchas le dan mal al títere es sitio web de carácter totalmente partidario se preocupa por la calidad.