Encuestas
La imagen del Presidente
Por Celia Kleiman
Un análisis que intenta explicar qué es la imagen y qué está pasando en el caso de Alberto Fernández.

¿Qué es la imagen? Es un proceso que opera en nuestra mente en base a un conjunto de percepciones que se amalgaman formando un "todo". Como tal, es absolutamente subjetivo.

Al igual de lo que sucede con un producto u objeto, podemos afirmar que toda persona no es lo que "objetivamente es", sino que es el cúmulo de percepciones que de ella tienen los otros sujetos, las cuales - en función de los distintos atributos que cada uno toma en consideración - pueden ser positivas, negativas o neutras.

Por ende, cada persona será depositaria de tantas percepciones como sujetos estén observándola. Pero, además, voluntaria e involuntariamente, esta persona lleva a cabo diversas acciones - verbales y no verbales - las cuales se constituyen en "mensajes".

En los receptores de estos mensajes se genera - a partir de ellos- una serie de sensaciones e impactos que contribuyen a la consolidación de la "imagen", la que guiará y determinará, en definitiva, sus evaluaciones, opiniones y decisiones.

A un dirigente político, como persona que es, le cabe sin ninguna duda lo explicitado anteriormente.

Dado que una imagen se ordena y consolida a partir de la percepción de ciertos atributos del sujeto, a lo largo de los años, en los estudios cualitativos desarrollados por nuestra Consultora, hemos indagado sobre los que debería transmitir un dirigente político "ideal". Se repiten - principalmente - los siguientes:

- Capacidad para el cargo

- Buen administrador

- Con un proyecto de país a largo plazo

- Que escuche y resuelva los problemas de la gente

- Con sensibilidad social/empatía

- Sencillo/humilde

- Honesto

- Que cumpla con lo prometido

- Creíble

- Que lo acompañe un buen equipo

En síntesis, lo que se demanda es una combinación de un liderazgo carismático (con énfasis en la empatía) y racional (con énfasis en la eficiencia y capacidad de gestión).

Obviamente, nuestro Presidente no escapa a las generales de la ley. Pero, ¿qué ha pasado con su imagen en los últimos meses? Me gustaría explicarlo según este encuadre, como marco de interpretación de los datos numéricos, de los cuales ya se dispone de variopintos análisis.

La actual pandemia del coronavirus encuentra a Alberto Fernández casi terminando la "luna de miel" de sus 100 primeros días. En ese comienzo, cumpliendo con la premisa de que toda crisis brinda una oportunidad, el mandatario - con la adopción de las primeras medidas y el tono del discurso con que acompaña la difusión de las mismas - logra prolongar esas mieles, adoptando un rol empático, paternal y, al mismo tiempo, racional.

El Presidente, quien ya había mostrado una impronta empática, conciliadora y contenedora (producto de la cual, entre otros motivos, logró perforar el núcleo duro de votantes del kirchnerismo y alzarse con el triunfo electoral en el 2019), en ese momento cumple también con la demanda de ser un buen administrador (de la crisis), muestra sensibilidad social e intención de resolver los problemas de la gente, es creíble y parece tener un buen equipo que lo rodea (en la emergencia). El proyecto de país, por el momento, puede quedar a un lado.

Su imagen, entonces, cubre varios de los atributos requeridos y, en consecuencia, trepa en términos positivos, alcanzando números más elevados de los esperables para dicha etapa de cualquier gestión presidencial. Pero el cuento de la Cenicienta, si uno se descuida, puede hacerse realidad.

Pasados unos pocos meses, la agenda del Ejecutivo vira a temas que no coinciden con la agenda de una porción significativa de la sociedad, entre ellos la expropiación de Vicentín y la reforma judicial (ambas mal comunicadas, por otra parte), junto con una prolongación de la cuarentena que - como en la mayoría de los países - causa escozor en un segmento, aunque más minoritario en este particular tema.

En la medida que la pandemia pasa a ser algo más cotidiano y no tan extraordinario, aparece también la demanda de un proyecto de país, que había quedado en suspenso y que no termina de asomar. Se requiere saber hacia dónde se está yendo, qué rumbo se adoptará. Mientras, la economía va escalando a un primer lugar como preocupación de los ciudadanos

La quita de coparticipación a la Capital Federal es otra medida que provoca impacto en un distrito en el que el partido gobernante había logrado un histórico porcentual en las elecciones generales del pasado año. Todas estas acciones van alejando al Presidente, por un lado, del perfil de líder racional según la percepción de los no votantes del Frente de Todos, pero también de una parte del núcleo "blando" de los votantes del mismo. Y, por otro lado, el tono de discurso con que las acompaña y la instalación de dicotomías o antagonismos irritativos, lo posicionan a millas de distancia del líder empático y contenedor que parecía ser.

Operar con opuestos tales como "nosotros los buenos vs. ellos los malos", Capital vs. Interior, la ciudad opulenta vs. la provincia empobrecida, hoy es hacerlo sobre un tejido social lastimado, que ha venido atravesando una situación sanitaria absolutamente atípica e incierta, con consecuencias graves a nivel físico, anímico y económico. Puede ser bien recibido por su núcleo adherente más duro, pero a futuro es parte de un problema y no de la solución.

Como resultado de todo ello, las percepciones sobre la figura de Alberto Fernández cambian en sentido negativo en un sector social importante, y comienza a no cubrir la mayor parte de los atributos de liderazgo requeridos. En la medida que la pandemia pasa a ser algo más cotidiano y no tan extraordinario, aparece también la demanda de un proyecto de país, que había quedado en suspenso y que no termina de asomar. Se requiere saber hacia dónde se está yendo, qué rumbo se adoptará. Mientras, la economía va escalando a un primer lugar como preocupación de los ciudadanos.

A esto se le suma que sus nuevos anuncios son decodificados por este mismo segmento como producto de una fuerte influencia de Cristina Fernández, figura que concentra una alta imagen negativa a nivel nacional más allá del PBA. Reaparece el fantasma de que se gobierna solo para los propios y no para la totalidad de los ciudadanos.

La consecuencia de este viraje en las percepciones, es un quiebre en el posicionamiento exitoso del Presidente en la mente de una relevante fracción de la población, traduciéndose hoy en una caída importante de su imagen en términos numéricos. Si bien siguen predominando las opiniones favorables, se acorta la brecha con las desfavorables.

¿Cómo evolucionará su imagen? Es difícil pronosticarlo en una situación tan atípica como la actual, que nos ha demostrado que todo puede cambiar de un momento a otro, y de un modo vertiginoso. Sin embargo, seguramente hay elementos permanentes - principalmente, el manejo de la economía - que impactarán en la imagen de Alberto Fernández en el componente racional directamente asociado con el éxito o fracaso de su gestión. Y mucho más si no logra restaurar el componente afectivo y empático que lo caracterizó en sus primeros momentos. Reconfigurar este "combo" es un desafío en términos de un futuro cronológicamente más inmediato o mediato que de largo plazo.

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Mucho palabrerío para recitar obviedades. No todos los ciudadanos somos tan ignorantes como para no percibir la enorme inutilidad, incompetencia , pobreza intelectual y falsedad de quien fue designado a dedo en la fórmula presidencial. "Cualidades" (inutilidad, incompetencia, pobreza intelectual, falsedad) que eran preexistentes a su inicio presidencial. Sólo que ahora se están haciendo visibles para todo el mundo, incluso para supuestos intelectuales como por ejemplo Beatriz Sarlo.