Géneros
No es solo amor, es trabajo no remunerado
Por Carolina Brandariz
El estatuto docente incorporó reivindicaciones del sindicalismo y el feminismo como la ampliación de la licencia para personas gestantes. Una conquista por la democratización de las tareas de cuidado.

El pasado jueves en la Legislatura porteña, se sancionó una ley que amplía licencias para las trabajadoras y trabajadores del Estado de la Ciudad. Por unanimidad se incorporó en la ley un debate nuclear que el feminismo plantea en sus reivindicaciones: la democratización de las tareas de cuidado, y la actualización legislativa de los convenios colectivos de trabajo en función de ello.

En el caso del gremio docente, las licencias que se incorporan al Estatuto son la ampliación de la licencia para las personas no gestantes (antes, licencia parental), la licencia por fertilización médicamente asistida, las licencias para exámenes médicos de prevención de cáncer mamario y prostático y la ampliación de licencia por violencia de género (con posibilidad de prórroga según la gravedad del caso). La modificación de la terminología de la licencia parental a la licencia para personas no gestantes también da cuenta de los tiempos que corren; esto implica que la persona que no gesta puede ser un varón pero también puede ser una mujer, en caso de parejas homoparentales. De este modo, convenio colectivo de trabajo se actualiza a los debates de diversidad sexual, y no discriminación de la Comunidad LGByT, y a la Ley nacional de matrimonio igualitario sancionada en el año 2010.

A su vez, es importante mencionar, que cada vez que una docente quería hacerse un análisis preventivo de cáncer mamario, debía tomarse una licencia 70 T (razones particulares), lo cual le generaba un descuento salarial de mil pesos, aproximadamente. Si las Campañas internacionales contra el cáncer mamario promocionan los exámenes preventivos en las mujeres, esta situación, distaba mucho de generar las condiciones para ello. Por último, con la incorporación de la licencia por fertilización médicamente asistida, la garantía de tratamiento que le otorga a las docentes la ley nacional sancionada en el 2013, y consecuentemente las obras sociales, puede ser más efectiva en tanto las trabajadoras pueda tomarse días de reposo aquellos días de tratamientos hormonales.

La democratización de las tareas de cuidado es una demanda que el feminismo en alianza con sectores del sindicalismo viene planteando, y que visualiza mucho más cada 8 de marzo de los últimos años. Se calcula que las mujeres trabajamos 3 horas diarias más de nuestra jornada laboral formal en tareas vinculadas al cuidado de la casa, de los hijos/as, y de los abuelos/as. Eso conforma nuestra "segunda jornada laboral" no reconocida ni social ni salarialmente. Esta realidad de la que partimos nos hace competir deslealmente con los varones en el acceso, y permanencia en los puestos de trabajo (en el sector privado principalmente) y a su vez, nos dificulta el concurso a puestos de mayor jerarquía y cargos de ascenso.

En el propio sistema educativo, no es proporcional la cantidad de mujeres que ocupamos los cargos de base, que aquellos que ocupamos en los cargos de ascenso del mismo como director/a, supervisor/a, etc. A esto, el feminismo le ha llamado "techo de cristal" o "piso pegajoso", intentando dar cuenta de las dificultades que tenemos las mujeres para desarrollarnos plenamente en nuestros trabajos, atendiendo el peso de esta doble jornada laboral que implican las tareas de cuidado.

Los países nórdicos que destinan presupuesto y política pública para reducir la brecha salarial (promedio salarial de lo que cobra un varón, y una mujer) direccionan sus iniciativas en tres ejes: la creación de ámbitos de cuidado de responsabilidad estatal; la ampliación del cuerpo de licencias en los convenios colectivos que formalicen que tanto las personas gestantes como las no gestantes son responsables de los cuidados de los niños y niñas; como también la promoción de las mujeres en puestos de trabajo jerárquicos.

La formalización en el estatuto docente, de la responsabilidad del cuidado tanto en las personas gestantes como no gestantes, nos ubica a las mujeres en un piso de mayor igualdad. "No es amor, es trabajo no remunerado", decían algunas de las consignas del 8 de marzo. Parte de esta agenda también se discutió en el debate en el Congreso por el aborto legal: o el sistema económico nos ubica en el lugar de reproducción de la fuerza de trabajo, o las mujeres nos movilizamos para transformar la sociedad en un lugar más habitable y justo para el conjunto, donde tengamos la posibilidad de desarrollarnos plenamente en términos laborales, y compartamos las tareas de cuidado con nuestras parejas y con la responsabilidad estatal que le concierne.

En nuestro país, la brecha salarial existente multiplica sus consecuencias en el contexto de la significativa reducción del gasto público previsto y el proceso de contracción del empleo. Si para el primer trimestre del año la tasa de ocupación y subocupación se encontraba aproximadamente en más de 22% para las mujeres mientras que en 16,5% para los hombres (conforme EPH), la profundización de la recesión y la pérdida de puestos de trabajo repercutirá aún más en quienes sufren condiciones de desigualdad estructural.

Se calcula que en el mercado de trabajo, las mujeres ganan aproximadamente un 25% menos que los hombres, desigualdad que se acrecienta aún más en los casos del trabajo asalariado no registrado y de trabajadoras/es de la economía popular. Así, el significativo aumento del costo de vida, junto con paritarias que no alcanzan a la inflación, repercute aún más en las mujeres, en lo que hace al acceso de bienes de consumo básicos.

En este marco de deterioro de las condiciones de vida, esta conquista del feminismo y del sindicalismo con la incorporación legislativa de nuevos derechos en el Estatuto Docente, sienta precedente en nuestros convenios colectivos de trabajo en camino hacia condiciones de mayor igualdad de géneros. 

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Creo que el reconocimiento del trabajo que implica tener un hijo no es un reconocimiento que tiene que hacer la sociedad sino un reconocimiento que tienen que hacer quienes deciden tener un hijo. Si uno elige tener un hijo eso implica ciertas responsabilidades. Otra cosa que debe negociarse hacia dentro de la pareja es de que manera se van a repartir esas responsabilidades. Y ahí queda en cada pareja decidir en función de sus prioridades y preferencias como repartirse ese laburo.
Creo que lo que no hay que hacer es suponer que si la mujer dedica 3 horas más al cuidado de la casa, hijos o familiares es porque alguien las obligue si no hay prueba de ello. Lo que yo veo es que es cierto que las mujeres se suelen hacer cargo de más cosas, lo que no veo es que alguien las obligue a hacerlo. Ya no estamos en el siglo XIX.
Me parece bien que los hombres tengan las mismas licencias que las mujeres para que puedan elegir compartir esas responsabilidades, pero aúnque las tengan es probable que hombres y mujeres sigan eligiendo priorizar diferentes cosas y eso no está mal, porque somos libres de elegir que hacer y con quien hacerlo. Si no querés tener responsabilidades adicionales no tengas hijos, si elegís tener hijos trata de elegir una pareja que comparta tus criterios respecto de como hay que repartirse las responsabilidades de cuidado.
Entonces, creo que eso de que hombres y mujeres compiten deslealmente es falso... porque hombres y mujeres no tienen diferentes obligaciones, simplemente hacen diferentes elecciones.
Si querés ser el mejor en tu profesión probablemente no te convenga tener hijos, porque vas a tener que competir con gente que no tiene hijos y esas personas van a tener ventajas de tiempo, concentración y fuerzas.
En linea con esto creo que si la diferencia entre ingresos tiene que ver con las responsabilidades que uno asume por fuera de su laburo, entonces el techo de cristal no es un techo que imponga la sociedad sino un techo que se impone uno mismo. Las encuestas, y el sentido común, muestran que hombres y mujeres tienen estadisticamente jerarquías de valores, preferencias y deciden diferente. Tanto si esas decisiones son determinadas por la cultura o por la biología el resultado es el mismo, si esa decisión está mediada por la voluntad de la persona entonces es una decisión libre y no una opresión cultural.
El hecho de que haya diferente cantidad de hombres y mujeres en puestos de decisión no prueba que haya una discriminación o un trato injusto basado en el género. Por un lado porque las personas tienen diferentes capacidades, intereses y prioridades, por el otro porque la incorporación de la mujer al mundo del trabajo es bastante reciente y las personas más ricas y poderosas del mundo son bastante viejas. Rockefeller no le va a dar la mitad de su fortuna a una mujer para que así la riqueza y el poder estén mejor repartidos. La mujer que quiera tener poder y riquezas tiene que ganarselo y eso lleva tiempo, esfuerzos y sacrificio (probablemente no le convenga tener hijos)... eso no es discriminación basada en el género, eso es la realidad de la vida.