Estados Unidos
Bye bye, Bannon
Por Hernán Sarquis
La salida de Bannon representa el divorcio de Trump con su base ultranacionalista y el discurso proteccionista.

Quizá fue el crédito que injustamente -según Trump- los medios le dieron a Bannon en su triunfo electoral del año pasado. Tal vez fue la campaña que el estratega presidencial emprendió contra el general HR McMaster, asesor de seguridad nacional alineado con los llamados "globalistas" del gabinete. Quizás fue la influencia del general John F. Kelly, ahora jefe de gabinete, quien no va a tolerar jaloneo de poder en su Casa Blanca. Steve Bannon acumulaba motivos para salir de la Casa Blanca.

Seguro la tragedia en Charlottesville, Virginia, no lo ayudo. Allí la autodenominada "alt-right" organizó una protesta que terminó con el homicidio de una manifestante anti fascista. Como sea, lo incuestionable es que la salida de Bannon representa una derrota de magnitud para el ala proteccionista de la Casa Blanca.

El discurso de nacionalismo económico con el que Trump conquistó la Presidencia, y que para efectos prácticos fue cuidadosamente construido y afinado a lo largo de varios años por Bannon y su portal Breitbart, acaba de perder a su más poderoso embajador en una administración que desde el día 1 se dividió en bandos, poniendo en duda el compromiso del presidente con su discurso proteccionista.

Gary Cohn, expresidente del gigante financiero Goldman Sachs, entró al gabinete como consejero económico en jefe. Cohn representa la postura de mercado liberal y globalista que Trump atacó durante un año y medio durante su campaña.

Como jefe de gabinete en un principio quedó Reince Priebus, quien antes había sido presidente del Comité Nacional Republicano. Priebus, junto con su aliado Sean Spicer, secretario de prensa, representaba al establishment político conservador. El lado sensato del republicanismo, presente en la Casa Blanca para brindar institucionalidad y experiencia a la colección de personajes que Trump juntó durante la campaña.

Pero ese puesto le fue otorgado semanas atrás al general John Kelly, marine retirado de corte conservador que ha hecho una alianza estratégica, si no ideológica, con el general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional que mantiene una ideología de corte tecnócrata liberal; y con el Secretario de la Defensa, general James Mattis, quien comparte las posturas conservadoras de Kelly.

Por último, están los neoyorkinos, Ivanka Trump y su esposo Jared Kushner, quienes se suponía serían un contrapeso progresista para el presidente, con sus ideas ambientalistas, pro feministas y de apoyo a los derechos LGBT. Sobra decirlo, este último bando ha sido menos exitoso, con Trump sacando a Estados Unidos del Acuerdo de Paris e intentando expulsar a la comunidad trans de las fuerzas armadas. Javanka, como es conocida la faux-power couple al interior de la Casa Blanca, han sido poco más que un ornamento de impecable factura, pero con nula capacidad de influencia sobre el caprichoso presidente.

En los últimos dos meses Priebus y Spicer salieron de manera humillante del gabinete, mientras los generales toman un lugar cada día más prominente en el oído del presidente. Hoy nada se interpone entre los banqueros y globalistas para imponer una agenda comercial estándar, tan similar a la que los últimos cinco presidentes han impulsado.

Las grandes ideas que Bannon y Trump le vendieron a la clase obrera norteamericana no son aplicables si la administración no está dispuesta a pagar el altísimo precio de cambiar el status quo de la economía global

Sin embargo, lo más probable es que eso iba a pasar con o sin Bannon en el gabinete. Las grandes ideas que Bannon y Trump le vendieron a la clase obrera norteamericana no son aplicables si la administración no está dispuesta a pagar el altísimo precio de cambiar el status quo de la economía global, y entrar en guerra con los hombres más poderosos del planeta, enviando ondas sísmicas que podrían disparar una crisis peor que la de 2008. Una misión que se antoja imposible para un mandatario normal, con un equipo unido y una capacidad de liderazgo extraordinaria.

Pero cuando hablamos de Donald Trump y sus asesores en constante guerra, además de su pereza y afición por sacar toda su información de Fox News, o su tendencia a tomar decisiones con base en quién fue el último en darle una opinión sobre el tema, la agenda deja de ser una agenda y se convierte en un sueño guajiro. Todo esto asumiendo, para empezar, que a Trump siquiera le importa esta visión del mundo y la economía. Spoiler: a Trump le vale gorro.

Trump adoptó las ideas nacionalistas y proteccionistas con un objetivo único: ganar la adoración de sus seguidores. Se dio cuenta hace años que jamás podría conquistar a la elite progresista y de las urbes costeñas norteamericanas. Jamás podría conquistar los corazones de esos universitarios cultos que adoraban a Barack Obama, y que veían a Trump como un resabio del peor momento del kitsch ochentero. Una curiosidad que renació en la era de la reality tv. Jamás lo elegirían como su presidente.

Trump supo hace años que jamás podría conquistar a la elite progresista y de las urbes costeñas. Por eso le apostó a los oprimidos y poco educados. A las víctimas de la automatización y la globalización. Bannon era el perfecto embajador.

Por eso Trump le apostó a los oprimidos y poco educados. A las víctimas de la automatización y la globalización y la hiper especialización de la industria norteamericana. Y Bannon era el perfecto embajador.

Es difícil hacer una predicción de qué sucederá con las ya de por sí reducidas bases del presidente, y si la salida de Bannon tendrá algún efecto en los bajísimos números de aprobación de Trump. Por lo pronto, Bannon informó -a través de "filtraciones"-que estaba preparando una batalla nuclear contra los globalistas desde afuera de la Casa Blanca.

Por otro lado, ¿cuánto tiempo le queda a este presidente? Todos los días crecen los rumores y pronósticos de que Trump -hastiado y aburrido-renunciará al juguete que durante tanto tiempo soñó tener y que, como suele ocurrir con los niños, cuando por fin lo tuvo ya no le pareció tan divertido. 

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