Editorial
Una nueva moneda argentina
Por Alejandro Berghmans
El país necesita un nuevo patrón monetario que sea superador de la inflación y permita el resguardo de valor.

La historia económica argentina demuestra que ningún gobierno pudo cumplir cabalmente con el objetivo de reducir el déficit fiscal y el nivel de endeudamiento, para terminar con la inflación y estabilizar la economía en periodos prolongados. Las políticas monetarias y fiscales adoptadas, sólo han agudizado la patología de la inflación, promoviendo la destrucción del empleo y la caída del poder adquisitivo de los salarios.

Hoy argentina, con su economía detenida por causa de la pandemia, se encuentra en terapia intensiva con respirador y alta fiebre contenida con analgésicos.

La tremenda emisión monetaria para evitar el corte de la cadena de pagos, los precios controlados, "corralito" monetario mediante para evitar el salto del tipo de cambio y un nivel de endeudamiento impagable, a pesar de la renegociación en marcha.

Parece que llegó la hora entonces de cambiar de médico y de medicación porque, si se continúan aplicando las mismas prescripciones, no cabe duda que el resultado será el mismo, es decir, aumentará drásticamente la inflación, el desempleo y se multiplicará la pobreza.

Podemos hacer una lista de las recetas utilizadas hasta el presente, por todos los gobiernos: constante aumento del gasto público, elevada presión impositiva, altas tasas de interés, política monetaria orientada a obtener renta financiera, en lugar de renta económica, permanente aumento del endeudamiento interno y externo. Las consecuencias están a la vista: la destrucción de la industria, el aumento del desempleo, la perdida del poder adquisitivo del salario por causa de la inflación, en síntesis, más pobreza.

¿Cuál sería entonces la solución, para terminar con la agonía y recuperar al enfermo, por dónde empezar, si no tenemos la vacuna?

Todo indica entonces que, para acabar con la inflación, hay que cambiar la política monetaria y fiscal y fortalecer la moneda para recrear el crédito y con ello la inversión que posibilitará la reactivación de la economía.

Parece entonces que la solución, primero es reconfigurar nuestra moneda, que es nuestro sistema inmune, para que luche contra el virus y luego aplicar la mediación o el antibiótico, para terminar de destruirlo.

Nuestro sistema inmune hace rato que la misma no cumple bien con ninguna de sus tres funciones, unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. Como patrón o unidad de cuenta es altamente inestable por causa de la inflación, como medio de pago solo se utiliza para transacciones comunes, mientras que para operaciones importantes se utiliza el dólar y las sucesivas devaluaciones han pulverizados su valor, la gente utiliza el dólar para resguardar sus ahorros.

Esto sucede porque la economía argentina es bimonetaria, pues el costo de operación de la matriz energética para posibilitar la producción de bienes y servicios está totalmente dolarizada, porque su insumo crítico que es el petróleo tiene cotización internacional (servicios de agua, luz, gas, teléfono, transporte, etc.). Lo mismo sucede con los commodities que se producen para exportación (trigo, maíz, girasol, aceites, etc.), sus costos están en dólares (riego, fertilizantes, laboreos, tecnologías, etc.).

Por eso con cada oscilación del tipo de cambio (aumento de la cotización del dólar) o devaluación del peso, los precios internos de estos bienes y servicios aumentan en forma proporcional.

A ello se suma el problema de la inflación interna, generada debido al exceso de emisión monetaria, la cual aumenta en forma desproporcionada sin tener una contrapartida similar en el aumento de la producción de bienes y servicios.

Aquí es importante entender una idea fundamental, a menudo soslayada por los economistas: que lo que determina el efecto inflacionario de la Emisión Monetaria no es el Origen sino el Destino de la impresión del Dinero. Una cosa es emitir, digamos $1.000 millones para pagar Intereses de la Deuda Pública, como se hace ahora a través del BCRA (inflacionario), y otra muy distinta es emitir esos mismos mil millones para financiar la construcción de una Obra Pública, que da lugar al aumento de la Producción y el Empleo Nacional (no inflacionario).

Retomando las funciones de la moneda y antes de esbozar una solución, es conveniente saber que, siendo la moneda el denominador común del valor de los bienes, la mayoría de los agentes económicos tienen la percepción de que ella los determina y por ello la consideran el centro del universo económico. Pero la realidad es inversa: la moneda no fija el valor de los bienes, sino que es el precio de éstos, el que determina el valor de la moneda, o sea su poder adquisitivo.

Los esfuerzos por alcanzar una moneda estable vienen siendo infructuosos, porque se insiste en utilizar la moneda corriente, o sea el peso, como patrón de medida, cuando está demostrado que su poder adquisitivo fluctúa por la permanente e impredecible variación de los precios que es inmanente al mercado.

Un patrón de medida debe cumplir una única y fundamental condición: ser invariable. Si cambia, es inservible.

La solución entonces es, desdoblar las funciones de la moneda creando una nueva institución monetaria: la Unidad de Cuenta Estable, que convierte el índice de precios (CER) en una unidad de cuenta o patrón virtual (moneda virtual). Por ejemplo, Chile creó en 1967 la Unidad de Fomento -UF-, con notables resultados a lo largo del tiempo.

Por ello, Argentina debe crear su propia moneda virtual: la Unidad de Cuenta Estable (UCE), que supere la fallida experiencia de las UVAs y que, en sinergia con un programa de bancarización profunda, permitirá alcanzar en cuatro o cinco años la bancarización de Chile (80% del P.B.I.).

Esto implicaría crédito bancario genuino que rápidamente crecería hasta alcanzar el 50% o más del PBI (hoy en nuestro país, es inferior al 10% del PBI), y se convertiría en la plataforma de lanzamiento de un vasto plan de desarrollo y recuperación económica.

En la práctica, el Peso dejaría de ser la Unidad de Cuenta o Patrón, pasando a ser remplazado por una nueva institución que convierte el índice de precios (CER), en una unidad de cuenta (moneda virtual).

A esa nueva institución, la podríamos denominar "Unidad de Cuenta Estable". Sus primeras cinco ventajas son que se activa y recupera el sistema inmunológico (todas las funciones de la moneda), se termina rápidamente con la inflación (el virus), mejora la política monetaria (hace efecto la medicación o el antibiótico), retorna el crédito (se oxigena la sangre que nutre las células) y con él, los incentivos económicos para (empresas); y reporta los beneficios fiscales (se reduce y reorienta el gasto público y se aplican descuentos para facilitar la recaudación y promocionar nuevas industrias), todo lo cual contribuye a la reactivación económica.

Instrumentación de la UCE

Al desdoblar las funciones de la moneda, el peso impreso permanece como medio de pago y la moneda virtual para medir el poder adquisitivo y garantizar que el ahorrista reciba lo miso que depositó. La idea subyacente es pesificar genuinamente la economía, sin asumir grandes costos, como implicaría por ejemplo una dolarización, donde se pierde el señoreaje y se restringe el manejo de la política monetaria.

Esto es así, porque la moneda virtual o sea la Unidad De Cuenta Estable, UCE, pasa a cumplir las dos funciones que el peso había perdido -unidad de cuenta y reserva de valor-, y prevé que el peso impreso, se use únicamente como medio de pago.

La pregunta es ¿si en contextos de alta inflación, es posible generar ahorro e inversión? La respuesta es sí, porque el ahorrista deposita en el banco y los bancos están obligados por ley a convertir todos los plazos fijos en UCE. Esto hace que el ahorrista resulte protegido frente a la inflación, si la inflación anual es del 40%, si deposita $ 100 al cabo de un año recibe $140, más el interés que le reconozca la entidad.

Los bancos, luego pueden prestar la plata a tasas más bajas, porque sus depósitos que van creciendo se fueron actualizando con el índice de la inflación, lo que les permite a su vez, otorgar préstamos de mediano y largo plazo, sin descalce.

Este sistema, al estabilizar la moneda, permite que aumente el nivel de bancarización y crédito, lo cual resulta esencial para la recuperación económica de nuestro país.De esta maner,a la gente deja de pensar en dólares, lo cual reduce la presión sobre el tipo de cambio.

"Es algo simple, la UCE se crea sin costo, es una norma que rápidamente se puede aprobar por el congreso y disponer de forma inmediata.

Lo importante es que el índice de precios del Indec sea real y creíble, para ello será necesario que el mismo sea auditado por diversos organismos de control, no gubernamentales. Recordemos que al indexar no se potencia la inflación, sino todo lo contrario, esto es así porque no se agregan medios de pago. Dicho al revés, actualmente como no se aplica la UCE o no se indexa, el gobierno se ve obligado a agregar o emitir medios de pago que estimulan la inflación.

Al recuperar el peso (con su nuevo Patrón, la UCE), su función de reserva de valor, automáticamente se promueve el ahorro y la inversión y con ello la creación de empleo genuino.

Los personas humanas y físicas preferirán depositar su dinero en los bancos para que este no se desvalorice y luego las entidades al disponer de estos depósitos, los podrá prestar a tasas bajas, para financiar diferentes proyectos de mediano y largo plazo.

Por ejemplo; un Plan de Auto-Construcción de Viviendas, donde el Estado aporta la tierra, los servicios de infraestructura y la capacitación para que la gente se construya su propia casa mediante un sistema estandarizado, lo cual creará muchísimo empleo genuino. Inclusive se podrán financiar proyectos de energías renovables, desarrollar la economía del conocimiento y nuevas tecnologías, para producir bienes y servicios de exportación y con ello conseguir suficientes dólares como para recomponer las reservas.

La clave: que el destino del gasto se convierta en inversión

Es importante que el Estado reoriente el gasto para favorecer proyectos que generen empleo genuino (no generan inflación), en lugar de financiar solo el consumo (altamente inflacionario).

El modelo planteado obviamente no termina con la causa de la inflación que es el déficit fiscal, pero minimiza sus efectos adversos sobre la economía, porque al fortalecer la moneda que es el pilar de toda economía, termina con el negocio derivado de la inflación que es la indexación asimétrica, donde solo ganan los que tienen dinero disponible para lucrar con los negocios financieros y cambiarios, mientras resulta perjudicada la gran masa de trabajadores asalariados que no cuentan con esos recursos, ni hablar de los pobres que son los que terminan pagando el inmoral impuesto de la inflación.

Para que el modelo sea completamente efectivo, requiere consolidar una rigurosa conducta fiscal por parte del Estado a lo largo de muchos años, por qué no empezar antes que termine la pandemia.


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