Organización de Estados Americanos
"Es momento de sacar el tema Venezuela de los reflectores"
La candidata a dirigir la OEA, María Fernanda Espinosa, consideró que el organismo necesita "un liderazgo renovado, sin olor a naftalina".

El viernes 20 de marzo, si la crisis global por el coronavirus no logra aplazar la cita, los 34 países que forman parte de la Organización de Estados Americanos deberán elegir a su nuevo secretario general para los próximos cinco años.

María Fernanda Espinosa, dos veces canciller de Ecuador y ex presidenta de la Asamblea General de la ONU, es una de las tres candidatas para ocupar el máximo cargo en el organismo multilateral más importante en la región. La ex jefa de diplomacia de tanto los gobiernos de Rafael Correa como de Lenín Moreno cuenta con el respaldo de México y Argentina, pero no el de Ecuador, que eligió apoyar al actual secretario general, el uruguayo Luis Almagro, en la búsqueda de su reelección (el tercer candidato es el diplomático peruano Hugo Zela, quien no tendría chances de imponerse).

A días de llevarse adelante unos comicios que impactarán fuertemente en el rumbo de la política latinoamericana en los próximos años, marcada en los últimos meses por protestas masivas a lo largo de todo el continente, LPO mantuvo una charla telefónica con Espinosa sobre sus planes para la OEA, su opinión de las recientes elecciones en Bolivia y la crisis venezolana, y por qué cree que ya es hora de que el organismo sea dirigido por una mujer.

¿Por qué usted tiene que ser la próxima secretaria general de la OEA?

Bueno, porque la OEA necesita un liderazgo renovado, diferente. Quitar el polvo y el olor a naftalina de la organización, que es lo que yo estoy ofreciendo.

¿El actual secretario general, Luis Almagro, representa eso?

Intento responder con cuidado este tipo de preguntas... (piensa). Lo que estoy diciendo tiene que ver los problemas que sufre la OEA en este momento, siendo el principal una gran pérdida de confianza para avanzar en una agenda positiva. No hay diálogo, solo hay una gran polarización. Y yo creo que ese clima de desconfianza es precisamente uno de los déficits más grandes que se deben contrarrestar ahora.

¿Y eso de qué manera se logra?

Con gestión, transparencia y eficiencia. Mire, yo he elaborado un plan de trabajo para los próximos cinco años en consulta con la gran mayoría de Estados miembros de la OEA. He escuchado a todos, he hablado con la sociedad civil, con el sector académico, he estudiado y analizado en detalle la situación actual de la OEA, y mi propuesta tiene tres ejes. El primero tiene que ver con la administración. He encontrado la necesidad urgente de modernizar los sistemas de gobierno, software que no ha sido actualizado en más de una década. También garantizar la sostenibilidad financiera de la organización. Y lo digo con conocimiento de causa y con una gran preocupación sobre el estado actual de la OEA. Mayor transparencia, rendición de cuentas, objetivos, resultados, claros, un análisis de impacto en la gestión de los cuatro pilares de trabajo que tiene la OEA, que son derechos humanos, seguridad, democracia y desarrollo.

El segundo eje tiene que ver con un relanzamiento de la agenda programática. Hay temas que curiosamente han estado ausentes de la agenda de la OEA y que son temas de hoy, cuestiones de gran preocupación para casi la totalidad de los miembros, como la agenda de cambio climático, inmigración y refugio. Y, algo clave, la agenda de género y empoderamiento de las mujeres. El tercero es la necesidad de un código de ética para el trabajo del titular de la OEA. Evitar que el secretario o secretaria general emita posiciones personales, o que quiera hacer política en temas de alta controversia utilizando 240 caracteres en Twitter.

El velo de duda que hay ahora sobre la OEA es tremendamente perjudicial para sus misiones electorales y la propia organización.

¿Qué sintió cuando vio la foto que subió hace poco días el secretario Almagro con Santiago Abascal, líder del partido neofranquista español Vox?

Bueno, precisamente, lo que digo es que el titular de la Secretaría General debería tener cuidado de no exponerse todo el tiempo en temas o con personas tan controversiales. Porque la OEA tiene que incluir a todos los sectores, es verdad, se puede hablar con todos, pero hay que cuidar y respetar mucho el carácter intergubernamental, no puede demostrar favoritismo, no puede demostrar sus simpatías personales por uno u otro grupo político, tiene que cuidar las formas. Y todos deben ver a la OEA como un actor imparcial, expresando disensos al interior de la Organización, pero sin tomar partido, porque de lo contrario pierde su capacidad de operar como un puente de diálogo en situaciones de extrema volatilidad o complicadas que, lamentablemente, están a la orden del día en el hemisferio.

Una de estas situaciones, sin duda, ha sido la última elección presidencial en Bolivia, y todas sus derivaciones, especialmente la salida del poder de Evo Morales. ¿Cuál es su evaluación de la actuación de la OEA en este caso?

Creo que esta situación tiene mucho que ver con el código de ética que le mencionaba. Hay voces que piensan que el informe de la misión electoral de la OEA en Bolivia denunciando un fraude estuvo muy bien hecho, otros especialistas piensan que no es así, que no se probaron las presuntas inconsistencias...

¿Usted en particular qué piensa? ¿Quién tiene razón?

Es que, independientemente de quién tenga razón, y de los efectos y de las consecuencias generadas por eso, lo grave para nosotros es la pérdida de autoridad y de legitimidad de una de las herramientas más poderosas de las OEA, que son sus misiones de observación electoral. Por eso una de las cosas que yo estoy proponiendo es que las misiones de observación electoral sean planificadas a tiempo. Tienen que tener un financiamiento predecible. Términos de referencia de claridad meridiana, para que no se extralimiten en las funciones. Acuerdos con el país solicitante que sean claros. Vocerías que estén predeterminadas. Y que, sobre todo, un secretario o secretaria general no sea portavoz de una misión de observación electoral. Hay que recuperar ese peso, esa legitimidad, esa independencia, ese carácter técnico de la observación electoral de la OEA. Como digo, independientemente de quién tiene la razón, si esto fue así, si no fue así, ese velo de duda que hay ahora sobre la OEA es tremendamente perjudicial para la legitimidad y la credibilidad de las misiones de observación electoral y de la propia organización.

Continúo con otros de los temas ineludibles, Venezuela. ¿Seguirá reconociendo a Guaidó como el presidente legítimo como lo hace actualmente la OEA si es secretaria general?

Creo que a un secretario general no le corresponde reconocer o no reconocer gobiernos o gobernantes. Lo que le corresponde es respetar las decisiones que toman los cuerpos gobernantes de la OEA, que es el Consejo Permanente y el Consejo General de la OEA.

¿Su propuesta para la crisis venezolana cuál es?

Yo proponga una mirada fresca, un análisis pragmático de la situación actual. Creo que debemos reconocer que, a pesar de las diversas iniciativas en marcha, no ha habido una salida que mejore las condiciones de vida de las y los venezolanos. Creo que eso es lo que nos debe convocar e importar. Y que es momento para relanzar una estrategia renovada en la que participen varios actores. Hay iniciativas que están en marcha, está el grupo de contacto, está la iniciativa de Montevideo, la de Noruega, República Dominicana, todas propuestas que quieren encontrar una solución duradera para Venezuela. Creo que hay que tomar todas las piezas del rompecabezas, ponerlas juntas, hacer una evaluación y un análisis pragmático y avanzar una hoja de ruta compartida, acordada e incluyente, pero con todos.

Eso no le será fácil.

No, no es la solución fácil. Pero he hablado con muchos actores sobre este tema, tengo algunos escenarios y algunas propuestas, que obviamente tienen que ser consultadas con los Estados. Pero creo que ha llegado el momento de sacar el tema Venezuela de los reflectores, de la alfombra roja, de dejar de usar a Venezuela para hacer política interna y tomar esto en serio, incorporando todas las iniciativas y a todos los actores. En el caso de ser elegida secretaria general, me comprometo a que Venezuela sea una prioridad.

Es momento de dejar de usar a Venezuela para hacer política interna y hacer un análisis pragmático de la situación

Otro tema caliente es Cuba. ¿La ve integrando nuevamente la OEA?

Bueno, el tema Cuba realmente es realmente muy sencillo, hay que nada más que mirar la historia. En 1962 se pasa una resolución para excluir a Cuba, en el año 2009 se pasa otra resolución para invitarla a sumarse, ser otra vez parte de la OEA. El gobierno cubano, de manera absolutamente libre y soberana, decide que no, agradece pero dice que no le interesa sumarse y que no va a participar en la OEA. Por lo tanto, Cuba es un Estado no miembro de la OEA que no participa y que debe tener el mismo tratamiento que tiene cualquier otro país no miembro de la organización.

En caso de ser electa, usted sería la primera mujer en liderar la OEA en toda su historia. Aprovecho ese posible escenario para preguntarle sobre el movimiento feminista en la región, cuya presencia en el debate público es cada vez más fuerte.

Yo creo que el movimiento de las mujeres es algo que genera mucho orgullo, pero a la vez es el resultado de una situación muy preocupante. ¿Qué quiero decir con esto? Es muy preocupante porque hay un proceso claro de reversión de derechos en muchos temas y lugares, porque estamos viendo un crecimiento en las distintas formas de violencia y de discriminación hacia las mujeres. Basta ver los números crecientes de feminicidios en el hemisferio. Y el escenario no es prometedor.

Pero a la vez, la capacidad de reacción de las organizaciones de mujeres, de avanzar sus agendas, de construir marcos que combatan la impunidad en el caso de las formas de violencia, la lucha de nosotras las mujeres por ocupar los espacios que merecemos en la toma de decisiones, eso genera mucho orgullo. Esa fue una de las razones que me animó a aceptar la nominación de mi candidatura. Ahorita mismo estamos haciendo historia porque no ha existido una candidata mujer. Y peor aún, una secretaria general mujer. Es decir, estamos luchando por esos espacios que nos corresponden. Estamos dando la lucha. Y no es una lucha solamente de las organizaciones feministas si no de todas las organizaciones y espacios que quieren construir sociedades más igualitarias, más democráticas, más conectadas con el cumplimiento de los derechos humanos.

Por último, ¿cree que le podrá ganar a Almagro?

Definitivamente hay un sentimiento mayoritario de que se necesitan nuevos aires, un nuevo liderazgo, una reconducción de la organización. Si ese es el deseo de los Estados, pues creo que yo soy la persona indicada. Los otros dos candidatos han estado involucrados ya en gestiones que han dejado mucho que desear, Almagro como secretario general y el candidato de Perú trabajando hace 16 años en la OEA. Yo creo que mi capacidad como buena planificadora, como buena gestora, pero también como una persona que construye acuerdos y consensos, ha sido probada durante mi presidencia de la Asamblea General de la ONU, durante mis 30 años de carrera profesional. Y creo, sinceramente, que ya es hora de que una mujer esté el frente de la OEA. 

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