Dolia Estévez
"EEUU no está molesto por el asilo de Evo en México"
La periodista Dolia Estévez habló con LPO sobre su libro "Así nos ven", donde entrevista a los últimos once embajadores de los Estados Unidos en México.

 "México nunca ha sido un lugar de trato dócil para la diplomacia estadounidense", escribe Dolia Estévez en la introducción de su fascinante libro "Así nos ven" (Planeta), para luego desentrañar a lo largo de sus casi 300 páginas el porqué de esa afirmación. La autora cuenta con confidentes de lujo sobre un tema naturalmente opaco y conflictivo a la vez: nada menos que los 11 últimos embajadores de Estados Unidos en México, a quienes Estévez entrevista con sagacidad y vocación de sabueso, extrayendo suculentas confidencias pero también reflexiones sorpresivamente agudas sobre el funcionamiento de la política mexicana y sus presidentes.

El libro recorre la historia (conocida y secreta) de una relación que, como explicará la autora en la entrevista, fue puesta de cabeza con la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Desde la capital de ese país, donde se desempeña como corresponsal para medios mexicanos hace décadas, Estévez accedió responder a la preguntas de LPO sobre los secretos de la diplomacia entre los dos países, cómo es la relación entre López Obrador y Trump, y cuál podría ser el impacto del otorgamiento de asilo a Evo Morales en el trato bilateral.

"Así nos ven" es la reedición de "El embajador", publicado en 2013, con el añadido de dos nuevas entrevistas. ¿Por qué decidió que este era el momento para revisitar su libro?

La llegada de Trump a la presidencia representó un cambio de fondo y forma en la relación con México. Trump desconoció los postulados que, al margen de la afiliación partidista del inquilino de la Casa Blanca, valoran la estabilidad interna y el bienestar económico de México como factores de seguridad nacional. Renunció al entendido tácito de apostar por la convivencia, de maximizar coincidencias, de minimizar diferencias y de evitar que discrepancias en un tema contaminaran el resto de la agenda bilateral.

En los dos primeros años de su mandato, que coincidieron con los dos últimos de Enrique Peña Nieto, el trato institucional fue sustituido por una cofradía entre Jared Kushner, yerno de Trump, y el Canciller Videgaray. La embajadora Roberta Jacobson, quien había sido nombrada por Obama, pero que permaneció en el cargo por ser del servicio civil de carrera, pasó a segundo plano. Quedó marginada. Esto nunca antes había ocurrido. Los embajadores de Estados Unidos históricamente han sido personajes muy influyentes con derecho de picaporte a Los Pinos. Con Jacobson se rompió ese paradigma. De ahí la necesidad de actualizar "El Embajador".

¿Cuán difícil fue conseguir a todos los embajadores on the record para el libro?

Me tomó tiempo ubicarlos y hacer que me agendaran dos o tres horas de su tiempo, pero no fue difícil que accedieran a las entrevistas. Quizá porque eran para un libro. Supongo que no querían quedar excluidos de una obra que les daba la oportunidad de consignar sus testimonios para la posteridad. Los libros trascienden los tiempos.

¿Y a qué atribuye que se explayen con esa libertad revelando tantos detalles jugosos y controversiales, sabiendo lo discretos que suelen ser los diplomáticos?

Creo que después de tantas entrevistas que he hecho a lo largo de tres décadas de hacer periodismo, algo he aprendido de cómo conducirlas. Modestia aparte. El periodista aprende teorías en las aulas, pero es en la práctica donde se forma; donde se pone a prueba y se hace periodista.

¿Cuál fue la revelación o el comentario que le haya hecho alguno de los embajadores que más la sorprendió?

Para mí lo más fascinante no fue una revelación o un comentario, sino el retrato completo que ofrecen en su conjunto los embajadores sobre cómo opera desde las entrañas del poder el trato entre estas dos naciones. Conocer la dinámica de la relación a través de su óptica. Los pactos no escritos, las presiones injerencistas, las concesiones, las áreas grises. Sutilezas y revelaciones que escapan la imaginación. La historia tras los bastidores narrada por los propios actores.

¿Cuáles son los tres rasgos que un embajador de EU en México debe tener si quiere que su gestión sea un éxito?

La misión de los embajadores es defender los intereses de Estados Unidos y las políticas del presidente que representa. Es un gran reto porque hay políticas indefendibles. Por ejemplo, la construcción del muro, la persecución y mal trato de migrantes. ¿Cómo defender posiciones diametralmente opuestas a las del país anfitrión? Hay dos maneras: hacerse de la vista gorda o justificarlas a expensas de crear tensiones y dificultar la interlocución. Dada la naturaleza de la relación y la geografía compartida, siempre habrá tensiones. Son ineludibles. Consiguientemente, no se puede ser buen embajador sin ser buen administrador de tensiones y de manejo de crisis. Un buen embajador también debe saber escuchar. Tener dominio del español, y la historia y la cultura de México. Nos han enviado embajadores no solo monolingües sino neófitos.

En el libro usted afirma que México y Estados Unidos son un matrimonio sin opción de divorciarse.

La frontera nos determina. Es un factor ineludible. En ese sentido, no hay vuelta de hoja. No tenemos la opción de romper relaciones o de hacer maletas y mudarnos a la Patagonia. De ahí que dependa de cada gobierno optimizar las coincidencias y manejar las diferencias.

¿Cómo diría que está la relación en este momento?

Con la llegada de AMLO a la presidencia, Trump moderó su actitud hacia México. Se volvió menos vociferante. La insólita concesión que hizo AMLO para servir de muro migratorio -dizque para evitar la imposición de aranceles; tengo mis dudas en cuanto a si realmente había intenciones de cumplir la amenaza- contribuyó a endulzar la relación. En la superficie parece estar establece. No sé cuanto dure. Trump es impredecible.

¿Y qué impacto cree que tendrá la reciente masacre de la familia LeBarón y la consecuente oferta de Trump de enviar el Ejército para enfrentar el narco?

La masacre de mormones sirvió para poner en evidencia que la narrativa de "abrazos no balazos" es más indefendible que nunca. Urge poner en práctica una estrategia eficaz y convincente que haga frente al agravamiento de la crisis de inseguridad y a la violencia. La Guardia Nacional debe retomar la misión para la que fue creada.

La masacre de mormones intensificó las criticas contra la pasividad del gobierno ante el crimen organizado, pero contrario a lo que se pueda creer en México, Trump no está a punto de invadirnos. Le gusta hablar de guerras y de hacer "desaparecer de la faz de tierra" a enemigos reales o inventados, pero los hechos muestran que son fanfarronadas. Trump no ha lanzado una sola invasión en lo que lleva en la presidencia e incluso ha reducido la presencia militar en los escenarios de guerra como en Siria. No le gustan las guerras. Dice que salen muy caras. La sociedad estadounidense no tiene apetito para más derramamiento de sangre en escenarios extranjeros.

Por cierto, ¿cree que AMLO debería aceptar ese ofrecimiento?

Si la ayuda es para que tropas estadounidenses patrullen nuestras ciudades, sustituyan a las autoridades mexicanas, les den órdenes y tomen el control, desde luego que no. Pero si la ayuda es para clausurar el trasiego de armas de fuego y reducir el consumo, combatir el lavado de dinero en sus propios bancos y la corrupción en sus aduanas, bienvenida. México no puede solo ante un fenómeno trasnacional de tal magnitud.

Tal como queda claro leyendo su libro, la relación entre Peña Nieto y Trump fue muy mala, y hasta se condujo por canales indebidos, con el "secuestro" de la relación por parte de Videgaray y Kushner. ¿Cómo está viendo la relación entre los funcionarios de Trump y AMLO?

Parece ser una relación institucional. Se regresó al esquema tradicional de concentrar el trato político en el Departamento de Estado y la Cancillería, y en las embajadas de Estados Unidos en México y de México en Washington. En la superficie parece haber un trato profesional y respetuoso dentro de las constricciones que marca la asimetría entre los dos países.

Para muchos, AMLO no se ha plantado con la suficiente convicción a Trump, accediendo a sus demandas. Para otros, el presidente está siendo pragmático y manejando a Trump de manera inteligente. ¿Usted en cuál bando está? ¿Y cree que el asilo otorgado por el gobierno de México a Evo Morales podría llegar a modificar la relación?

No, no lo creo. México avisó al Departamento de Estado su intención de asilar a Morales. Vieron con buenos ojos sacarlo de Bolivia para distender la presión interna. Estados Unidos conoce bien la tradición de asilo de México. En la sesión de la OEA el martes pasado el representante estadounidense no tocó el tema. Su molestia fue por el uso del término de "golpe de Estado" para definir la renuncia de Morales no por el asilo.

En su libro uno de los embajadores entrevistados asegura estar sorprendido del nivel de desconocimiento que reina en Washington con respecto a un país vecino como México. Usted vive en DC desde hace muchos años. ¿Cuál es la percepción allí sobre el país?

La percepción que se tiene de México es primitiva y de profunda ignorancia. La industria del entretenimiento, con sus amarillistas series sobre narcos, fomenta una visión maniquea de mexicanos malos contra gringos buenos. En muchas partes hay racismo contra México y los mexicanos, y eso contamina la percepción que se pueda tener sobre México.

¿Y la percepción sobre AMLO?

Algunos le dan el beneficio de la duda. Otros le apuestan al fracaso de su proyecto. No era el favorito de Washington en las elecciones presidenciales de 2018.

Dan Rastrepo, ex asesor de Obama para asuntos latinoamericanos, dijo a nuestro medio en una entrevista reciente que AMLO nunca será el líder que quiere la izquierda en la región porque solo le interesan las cuestiones nacionales. ¿Está de acuerdo con esa afirmación? ¿O cree que la decisión de López Obrador de asilar a Evo Morales podría ser el comienzo de una mayor participación de este gobierno en el tablero internacional?

México participa en el tablero internacional, sólo que no con López Obrador como actor principal. La política exterior nunca ha sido el fuerte de López Obrador. Por eso dotó a Marcelo Ebrard de poderes plenipotenciarios para representarlo en el extranjero. No creo que eso cambie.

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Evo en Mexico esta como en el living de su casa . En Bolivia estaba en la cocina de su casa.
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alli tan cerca, los yankis lo tienen "a tiro de escopeta" en Chapolandia