LGTBQ
Pride: Trump concentró las críticas en la mega marcha de Nueva York
Nueva York recuerda los 50 años de la revuelta de Stonewall en la marcha de Pride más importante que se recuerde en esta ciudad.

Nueva York es este año el epicentro mundial de la lucha LGBTQ. Se celebran cincuenta años de la histórica revuelta de Stonewall, el pub del Greenwich Village que encendió la protesta de la comunidad gay harta del acoso policial y se convirtió en un símbolo global de resistencia.

Pero mucho cambió desde aquellos años en los que el Estado y buena parte de la sociedad reprimía a los gay. Hoy la marcha de Pride es un acontecimiento hasta turístico y las grandes corporaciones como American Express o HSBC se pintan de arcoíris y lanzan campañas rescatando la diversidad sexual. Es fascinante ver como la maquinaria del capitalismo norteamericano, con sus tiempos, termina engullendo absolutamente todo, incluso los movimientos contraculturales.

De hecho, el pequeño pub Stonewall tiene hoy su frente patrocinado por JetBlue y una marca de cerveza de Brooklyn y se convirtió en un ícono más del circuito turístico de Nueva York, donde hay que hacer cola para tomarse selfies, algo que ya despertó algunas críticas en la comunidad.

El frente del mítico Stonewall, con anuncios de corporaciones y cola para tomarse una selfie.

Pero más allá del oportunismo o la convicción del mainstream, la resistencia continúa y las políticas de Trump han dado nuevo vigor a uno de los aspectos más interesantes del movimiento gay: su inserción en una lucha política más amplia por la igualdad y contra la opresión, que la ubica de manera automática junto a comunidades que sufren el racismo y la falta de oportunidades, en un complejo continuado que va desde el racismo y la política anti inmigrantes hasta los menos beneficiados del capitalismo.

Todo esto se vio en la impresionante marcha de este domingo que convirtió el vibrante downtown neoyorquino en una inmensa zona liberada de prejuicios, en una fiesta de colores y trajes extravagantes, anteojos gigantes, Drag Queens glamorosas y cuerpos perfectos sobre rollers, y mucha mucha música electrónica. Impresionaba ver bajando por la Quinta Avenida la fila de motoqueros, enormes blancos y canosos, que para esta ocasión reemplazaron las camperas de cuero por remeras de colores y alas de mariposa. Lo mismo que los boy scouts, ya adultos, marchando con sus camisas caquis y el pin del arcoíris.

Pero estamos en el siglo XXI y ahora la revolución tiene horarios prestablecidos, vallas y circuitos determinados. Pueden festejar todo lo que quieran siempre que sea en este limitado espacio de tiempo y lugar. Las filas de corpulentos oficiales de la NYPD daban cuenta de ello.

Sin embargo, la marcha, acaso la más grande que recuerde esta ciudad en un Pride, era demasiado potente, rebotaba contra los balcones y desbordaba un barrio cubierto de banderas y mensajes de bienvenida, plagados de referencias a Trump, el villano perfecto. Carteles contra "La Migra", el clásico "Fuck Trump", hasta el más irónico "Make America Gay Again", se multiplicaban en infinitas combinaciones. Sí, el presidente está logrando unir en su contra a una parte importante de las minorías y como se vio en el primer debate demócrata, su política migratoria, no es un tema menor en ese proceso.

Lo notable es que así como Bolsonaro encarna la versión grotesca de Trump al atacar abiertamente las políticas de genero y la homosexualidad, las grandes firmas financieras que son el corazón del capitalismo global, apoyan la diversidad. Políticos de derecha, capitalistas, que proyectan una visión regresiva sobre un asunto tan esencial como es la inclusión, entran en conflicto con el sector financiero internacional que se supone los apoya. Hay una interferencia extraña en el despliegue de estos movimientos, donde se cruza de manera incómoda derecha, izquierda, proteccionismo, globalización, diversidad.

The Center es como el corazón de la comunidad LGTBQ del Village, que es como decir que es el centro global del movimiento. Esta institución irradia detrás de las paredes de ladrillo de un hermoso edificio anterior a la segunda guerra mundial, un modelo extraordinario de abordaje de la problemática de la comunidad.

Cafetería, librería, decenas de conferencias al mismo tiempo y el arte ocupando todos los espacios comunes. No se paga entrada, nadie controla el ingreso, pero todos se reconocen. Y en el segundo piso, la joya de la corona: El baño original que pintó Keith Haring en el pico de la crisis del SIDA, en 1989, plena revolución conservadora de Reagan, que en alguna medida hace eco en el Trump de estos días. El trabajo es una sucesión de dramáticas imágenes de encuentros sexuales, conocido como el "Gernica" de Haring, y expresa de manera contundente la desesperación de una comunidad que enfrentaba una epidemia mortal en soledad ante el negacionismo del presidente republicano. El propio Haring murió de esa enfermedad apenas siete meses después de completar la obra.

Todavía en la marcha de este domingo se podían ver carteles contra Reagan y remeras que recordaban aquella mítica campaña publicitaria para denunciar la inacción de su gobierno frente a la epidemia, que decía: "Silence = Death". El recuerdo de una lucha que no fue ni es sencilla también se podía encontrar en la mirada entre orgullosa y sorprendida por la multitud, de los veteranos que llevaban la bandera que los identificaba como protagonistas del primer Pride.

The Center, en el corazón del Greenwich Village.

El SIDA es hoy una enfermedad crónica, pero las heridas que dejó la respuesta inicial de buena parte de la sociedad y el Estado, cuando la pensaron -con una carga deshumanizante que impresiona- recluida a un problema de la comunidad, todavía se perciben.

Y es esa misma deshumanización la que conecta con la política anti inmigrantes que separa a niños de sus padres y los encierra en prisiones. Suena fuerte porque es fuerte.

Pero este domingo soleado Nueva York es una fiesta, con sus árboles envueltos en gasas de colores, las puertas abiertas de los negocios cubiertos de banderas arcoíris y la gente caminando por las avenidas. Y el canto desafiante en la marcha: "Las calles son nuestras".

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Dear Ignacio, it seems you are coming from that dark ages when you say "los gays". Why do you think using "lis" may include such a diversity of genders and sexual orientations? If the acronym LGBTIQ+ is not a miracle, at least it does not sounds so rude!!! Te hablo en inglés porque a les cipayes les encanta. Besiños.
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Al fin y al cabo este mundo está hecho de miles hombres y mujeres que juntos a sus hijos y en familia intentan que el mundo mejore !!!
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Palo y a la bolsa contra el lobby gay y el marxismo gramsciano cultural