
"Soy el único diputado que le dije no a la ideologÃa de género", se ufanó en cadenas de whatsapp el excéntrico Alfredo Olmedo segundos después de aprobarse la ley Micaela, que implementa la capacitación en las oficinas públicas para evitar violencia contra las mujeres.
El salteño aludÃa a la redacción completa del artÃculo 1 del proyecto que incluye la instrucción sobre "temáticas de género", denominación que los sectores provida y/o celestes adjudican a la "ideologÃa de género" que el brasileño Jair Bolsonaro prometió erradicar en su discurso inaugural.
Los foros cristianos definen la ideologÃa de género como un paradigma utilizado para promover prácticas sexuales "sin base cientÃfica alguna", que complotan contra la familia tradicional y los valores religiosos con el único fin de crear culturas presuntamente manejables y autodestructivas.
Olmedo puso la cara, como siempre, pero no fue el único molesto con la ley Micaela: en el Senado se fueron antes de votar las radicales Silvia Giacoppo y Silvia ElÃas de Pérez, la fueguina y aliada oficialista Miriam Boyadjian y la salteña Cristina Fiore de Viñuales, recordadas por ser artÃfices del rechazo al aborto en agosto.
Pero se quedaron otros lÃderes de aquella gesta invernal, como los macristas Esteban Bullrich, Federico Pinedo y la radical Inés Brizuela y Doria, pese a los llamados de los siempre insistentes pastores evangélicos.
El combate contra la llamada "ideologÃa de género" recorre el planeta y lo lidera el presidente de Estados Unidos Donald Trump, cuyos diplomáticos negocian en al ONU eliminar la palabra género en los documentos oficiales. El ideólogo central de esta revisionismo conservador no es otro que su ex extratega Steve Bannon, autodefinido como promotor del populismo de derecha y enfrentado a las "élites globalistas", a las que acusa de diluir la construcción de ciudadanÃas.
Uno de sus últimos productos electorales fue Bolsonaro - a quien dice haber asesorado a través de sus hijos- y no es casualidad que la educación sexual haya sido una de las primeras menciones de su discurso de asunción como presidente de Brasil, el 1 de enero. La identificó entre las causales de la desintegración nacional.
"Vamos a valorar la familia, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeo-cristianas, combatir la ideologÃa de género, conservando nuestros valores. Brasil volverá a ser un paÃs libre de amarras ideológicas", fue la frase del ex militar. Pronto pasó a la acción y firmó un MP (Medida previsional) para inhibir en la polÃtica de derechos humanos cualquier actividad vinculada a gays, lesbianas y transexuales.
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Y la ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, abogada y pastora evangélica, autodefinida como "terriblemente cristiana", pidió que los nenes vistan de azul y las nenas de rosa.
En el vecino paÃs no hay lugar para matices como los que habÃan surgido entre los legisladores argentinos "Providas" en la primera y única reunión que tuvieron después de frustrar el aborto, cuando muchos se resistieron a pasar de ser "anti aborto" a "anti educación sexual en los colegios".
Las fisuras siguieron en el grupo de whatsapp: en un chat, su administradora Carla Pitiot, diputada del frente Renovador anticipó que votará a favor de la ley de Educación Sexual Integral, la ESI, dictaminada a menos de un mes de rechazado el aborto pese a la resistencia de muchos celestes. Sólo el macrista Jorge EnrÃquez se animó a criticarla y los demás clavaron el visto.
La polémica se centra en dos artÃculos. El 1, que obliga a impartir "educación sexual integral, respetuosa de la diversidad sexual y de género, con carácter formativo, basada en conocimientos cientÃficos y laicos, en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada, de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal".
Y sobre todo el 5, que habilita al Ministerio de Educación a definir contenidos tras diálogos con las provincias y el asesoramiento de una comisión interdisciplinaria. Eduardo Finocchiaro aclaró que no necesita una ley para imponer temáticas en las aulas, pero no le será fácil intentarlo: los evangélicos coparon las calles y hasta fueron a las escuelas con la consigna: "Con los hijos no".
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La capacidad de movilización que mostraron durante el debate del aborto los motivó, pero tal vez igual o más los exaltó el triunfo de Bolsonaro porque sus hermanos brasileros aportaron los votos del nordeste necesarios para su consagración. Les pagó con varios cargos, como el de la ministra interesada en la indumentaria infantil.
El lÃder brasileño incomoda a los legisladores celestes porque a excepción de Olmedo, que hasta logró fotografiarse con él, ninguno quiere emparentarse con sus bravuconadas, alejadas de las tradiciones de los partidos polÃticos históricos de Argentina.
Para no entrar en ese dilema, insisten en cajonear la ESI excusándose en la autonomÃa de las provincias, siempre tan defendida en el Congreso. Y dejar la educación sexual en manos de los Ministerios de Educación de los gobernadores.
Esa estrategia la militan entre otros el diputado Nicolás Massot, jefe del PRO; y la senadora Fiore de Viñuales, que cuando fue recibida por Finocchiaro le pidió una educación sexual con "respeto a la familia" y a "las idiosincrasias locales".
Sus colegas que apoyaron el aborto legal, los verdes, señalan que ese argumento elimina el Estado-Nación porque impedirÃa implementar polÃticas públicas lejos de la quinta de Olivos. Y aseguran que muchos celestes, como Pitiot, ya están de su lado y con Bolsonaro a los gritos será más fácil controlarlos.
Aunque en un año electoral el quórum será difÃcil para tratar hasta el proyecto más simple, el debate reaparece a cada rato. Se coló cuando estallaron las denuncias por violencia de género y las diputadas radicales verdes, como Karina Banfi y Brenda Austin, promovieron un documento de repudio en el que solicitaron aumentar la educación sexual integral.
Algunas senadoras tardaron en sumarse, como la santacruceña MarÃa Belén Tapia, que exigió como condición una mención a la familia. No le dieron el gusto y firmó igual. Bolsonaro y Olmedo lo hubieran pensado un poco más.
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Pero a los cristianos no nos puede afectar un politico q dice ser cristiano pero luego pide muerte para delincuentes.
Que opinarán los seudo progres de café, de todo esto.
atrasan y aburren....