Juan Villoro
"No es muy alentador que los socios de AMLO sean evangelistas, caciques y sindicalistas corruptos"
El escritor Juan Villoro analiza en una entrevista con LPO el escenario que se abre en México con la asunción de López Obrador.

Juan Villoro dice que los mexicanos -y en especial los chilangos- han decidido vivir bajo la idea del post-apocalipsis, una ilusión colectiva que libera las tensiones de transitar el epicentro de la tragedia, observando los datos negativos no como un anuncio, sino como un recuerdo.

Acaso bajo ese mismo paradigma, en entrevista exclusiva con LPO, el escritor mexicano más prolífico de los últimos años atempera las expectativas que generó la victoria de Andrés Manuel López Obrador, señalando también algunos indicios desalentadores.

Usted apoyó la candidatura de Marichuy en el último proceso electoral a la Presidencia. ¿Siente que la sociedad mexicana le dio la espalda a este movimiento? ¿Tiene futuro?

Primero que nada los propios partidos políticos le dieron la espalda porque establecieron condiciones dificilísimas de participación. Tenemos una especie de club selecto de personas que han podido acceder a la democracia y que han encontrado que se trata de un magnifico negocio y que los partidos no existen en México para resolver problemas o plantear políticas que sean alternas a lo que ya ocurre. Más bien, tienen como cometido administrar los problemas existentes

Los partidos se asignan a sí mismos 5.300 millones de pesos al año que es una cantidad totalmente inmoderada y con esa cantidad ellos hacen espléndido negocio para sus propios intereses. La política de partidos ha decepcionado mucho a México y se ha alejado mucho de la voluntad ciudadana no es una política participa sino meramente representativa.

En este horizonte los partidos han establecido leyes en el Congreso que impiden un acceso fluido de otro tipo de participaciones políticas. Se exigen 867.000 firmas en las menos 17 estados en cada uno de ellos al menos el 1% del padrón electoral. Cumplir con esto es muy difícil y convierten las candidaturas independientes en el plan B de los partidos ya establecidos o de los políticos profesionales que no obtuvieron la candidatura en sus partidos porque para cumplir con estos requisitos necesitas de una capacidad instalada de recursos, de redes de apoyo de las que muy pocos disponen. 

La segunda traba la puso el INE cuando decidió que las firmas fuera recogidas en un teléfono celular de gama media que cuesta al menos 3 salarios mínimos, entonces excluyes de los pobres. ¿Cómo puede la candidata de los pueblos indígenas participar en estas condiciones? La ruta de acceso ya era casi imposible.

¿Fue un fracaso electoral pero una victoria política?

Tienes toda la razón porque mucha gente se enteró de Marichuy cuando ya su participación era imposible, pero quedó claro que no había hecho trampas y que su causa había sido la más honesta, que en el momento de recaudación de las firmas.

Creo que se logró visibilizar el proyecto de Marichuy. Fue un fracaso en el sentido que solo se consiguieron 300.000 firmas del casi millón que se requerían, pero creo que fue importante desde el punto de vista de que se habló mucho más del tema y se hizo un diagnóstico común, cosa que no tenían. Ahora cuentan con una agenda. Yo creo que este movimiento seguirá, aunque no necesariamente con fines electorales.

Ahora, había mucha confusión porque la izquierda tradicional que apoyaba a López Obrador no quiso participar en esta causa y bueno, también uno se pregunta si verdaderamente se trata de una izquierda porque ellos no querían tener un adversario que fuera verdaderamente de izquierda y que estuviera en la boleta. Ahí hubo una dificultad también grande. Y muy explicable, porque era la tercera oportunidad de López Obrador y muchos dijeron no nos metamos en problemas, no diversifiquemos el voto y apoyemos solo a López Obrador y no a los indígenas.

Qué le espera a México en los seis años que tiene por delante de gobierno de López Obrador? ¿Está en condiciones de cumplir aquel "no les voy a fallar"?

Imposible decirlo. Primero de todo hay muchas cosas que no dependen de López Obrador ni siquiera de la situación de nuestro país sino del mundo en el que vivimos. México es vecino de los Estados Unidos y tenemos a Donald Trump como presidente en ese país lo cual no es nada halagüeño porque él fincó su carrera política en la discriminación a los mexicanos y eso es un tema muy fuerte, como el aumento de deportaciones que ya Obama había roto récord. Porque Obama fue la cara sonriente de la misma política que estableció Donald Trump.

Tenemos por otra parte un país dominado por el narcotráfico en gran parte del territorio y en gran parte de la economía y no es fácil lidiar con esto, es un enemigo formidable, difícil de localizar infiltrado en muchísimos mandos de gobierno.

Y luego está la incógnita de cómo va a gobernar López Obrador: no sabemos si las muchas alianzas, a mi modo de ver reprobables, que estableció con gentes que no tienen nada que ver con un proyecto de izquierdas -gentes de partidos que lo repudiaban, el partido evangelista, algunas figuras tan difíciles de aceptar en la política mexicana- y que ahora forman parte de su gobierno como Manuel Bartlett que organizó el fraude electoral de 1988 y ahora dirigirá la CFE, pues todo esto nos lleva a una disyuntiva compleja.

No sabemos si él necesitaba estos apoyos como acceso al poder y luego se iba a deshacer de ellos o si va a gobernar con ellos. Lo primero me parece menos malo que lo segundo. Pero ya lo primero no es muy halagüeño cuando tienes líderes sindicales corruptos, caciques impresentables, ex-panistas, ex-priistas, evalngelistas en tu esquema ...eso no es un proyecto progresista.

En su último libro habla de Ciudad de México como una ciudad que apenas se reconoce a  misma por los cambios profundos que ha experimentado ¿Qué momento vive la ciudad en la actualidad?

Esta es una ciudad de enorme creatividad que ha podido sobreponerse a muchísimos desafíos. Una de las características de ser habitante de este espacio es que te da una cultura de la resistencia o del aguante muy grande y que incluso la ansiedad y la angustia se convierten en estímulos para pertenecer a este lugar.

Hay cuestiones ecológicas graves como los terremotos, hay amenazas que han estado siempre cerca de la ciudad como las inundaciones y nunca se pudo lidiar del todo con el agua. La mitad de la historia de la ciudad fue tratar de deshacerse del agua y ahora el problema es regresarla. Hay posibles deshielos de los volcanes, la contaminación atmosférica es muy grande... Solo desde el punto de vista ecológico la ciudad está en riesgo y sin embargo es un espacio en el que nosotros hemos decidido sobreponernos a este peligro y mantener una cultura de la persistencia y de la resistencia. Lo vimos en el último terremoto de 2017 cuando la gente se lanzó a la calle rebasó, las iniciativas de gobierno y estableció una red de resistencia muy grande.

Con esto no quiero decir que seamos inmunes a la tragedia y que podamos ignorarla, pero sin duda estamos dispuestos a enfrentarla. Esa es parte del espíritu de estar en esta ciudad, aceptar la proximidad del riesgo y la necesidad de seguir adelante pase lo que pase.

Hace pocas semanas sufrimos un corte de agua larguísimo, inaudito. Para muchos fue un preludio, un anuncio de que la ciudad no tardará en colapsar y habrá que abandonarla, una suerte de anticipo del apocalipsis...

Desde un punto de vista objetivo es muy posible que ocurra, pero en la dinámica colectiva me parece que predomina otro tipo de concepción de la realidad que quizá tiene más que ver con la ilusión que con el análisis concreto de los hechos. Y pienso que si la Ciudad de México debe ser definida en un estado de ánimo es el del post-apocalipsis. Porque la mayoría de los habitantes saben que hay muchos datos negativos que cuestionan la posibilidad de vivir aquí, pero no los vemos como un preludio de una catástrofe si no como el resultado de algo que ya pasó y se pudo superar.

¿Es como vivir dentro de la catástrofe?

Exacto y decir: "Estuvo duro pero ya la libramos, ya estamos al otro lado de la tragedia". Esta noción de post-apocalipsis yo creo que es muy compartida por mucha gente. "No, hombre, pasó algo terrible, es tremendo pero ya... Estamos a salvo, estamos compartiendo nuestros tacos, viviendo en comunidad".

Por supuesto que es una ilusión colectiva porque nada nos garantiza que no vaya a haber un sismo peor que el que tuvimos pero de alguna manera hay una visión optimista de vivir en medio de la tragedia en la medida que pensamos que los datos negativos no son un anuncio si no un recuerdo. Es una manera curiosa subjetiva, si se quiere irracional, de negociar con el desastre, pero muy eficaz para vivir en su proximidad. No piensas que el daño es para ti si no que eso ya ocurrió.

Tiene una relación intensa con Cataluña ¿Qué explicación le encuentra al conflicto independentista? ¿Le ha afectado en lo personal? ¿Por dónde pasa la posible solución?

Esto nos toca a todos los que tenemos familia en Cataluña y hemos vivido ahí. Es una situación complicada, me parece que Cataluña ha tenido un desarrollo admirable y viviendo en una sociedad tan lastimada como la mexicana con tantos problemas de violencia, tanta desigualdad, tantas carencias, pues me parecen extraordinarios los niveles de salud pública, educación, convivencia y gestión urbana que ha tenido una ciudad como Barcelona y Cataluña en su conjunto. Es un espacio extraordinario y a mi me duele que pase por esta circunstancia tan tremenda.

Yo creo que toda nación debe tener derecho a la autodeterminación y Cataluña no es la excepción. Me parece un equívoco que la autodeterminación de Cataluña tenga que pasar por el voto de todos los españoles y en ese sentido habría que hacer una reforma constitucional para que España se convirtiera en un ejemplo de nación de naciones donde Cataluña pudiera decidir su destino legalmente, eso sería un gran avance.

Ahora, un tema como la secesión no creo que deba decidirse por la mitad más uno sino que debería ser una votación muy calificada, probablemente de dos terceras partes de la población. Suiza tiene una estructura de ese tipo es una confederación donde puede haber una posibilidad de escisión siempre y cuando lo decida una mayoría significativa. Esto nunca se ha dado lo cual habla bien de ese contrato social que tienen los suizos. Yo creo que refundar el contrato social español sería muy interesante acercándolo más a esta posibilidad.

Entiendo que hay muchas pasiones en juego, muchos sentimientos y me cuesta mucho trabajo discutir con mis amigos catalanes de este tema porque es muy complicado discutir ilusiones o pasiones y desgraciadamente el tema se ha orientado más hacia eso.

Me preocupa que esto ha sido un movimiento provocado por Artur Mas y grupos conservadores que en un horizonte político de crítica y con mucha corrupción interna han preferido proponer otro país en vez de cambiar y mejorar el país que ya tenían y se han dado alianzas extrañas entre grupos antisistema y grupos muy conservadores de la sociedad catalana. Al mismo tiempo todo esto estimulado por un gobierno intransigente, el de Rajoy, que hizo escalar las cosas. Yo como observador y gran amante de Cataluña espero que se preserve lo mucho que se ha conquistado y que no se tire por la borda en aras de un ideal que por ahora no parece realizable.

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.