Diputados
Reposo, que casi fue Procurador, ahora es empleado del diputado Castegneto
Fue síndico y el Senado lo bochó para jefe de fiscales porque falseó el currículum. Es un querido jefe de despacho.

"No quiero tener 80 años y ver a este tipo de procurador. Hay que evitarlo", rogó en una reunión privada el entonces senador radical Ernesto Sanz, hace poco más de 5 años.

Se refería a Daniel Reposo, aún de 46 años de edad, jefe de la Sigen y candidato a procurador general tras la renuncia de Esteban Righi, acusado por Amado Boudou de operar en la justicia, donde empezaban acorralarlo con la causa de la ex Ciccone.

Su audiencia pública en el Senado fue una pieza de la historia parlamentaria: no logró explicar ni porqué había falseado su currículum.

Miguel Pichetto, ya en guerra fría con Boudou, no consiguió aliados para llegar a dos tercios, Reposo renunció a su pliego y siguió al frente de la Sigen.

Hasta diciembre de 2015, cuando quedó sin trabajo y el diputado kirchnerista Carlos Castagneto lo rescató y lo nombró jefe de su despacho.

"No tenía laburo así que hubo que darle la planta temporaria", confirmó a LPO una fuente del bloque conducido por Héctor Recalde, quien este miércoles se sorprendió al saber que el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, también se sumará como asesor de un subordinado suyo.  

En este año y medio Reposo dejó claro que, pese a no contar con los pergaminos académicos, es un trabajador humilde: asiste a cada reunión de comisión, saluda al resto de los empleados, se acomoda en un rincón y queda a disposición de Castagneto.

Pocos o nadie imagina que se trata de alguien que estuvo muy cerca de ser el patrón de los fiscales de todo el país. Es comprensible: está mucho más delgado. 

Sólo por su fracaso llegó a la Procuración Alejandra Gils Carbó y aún resiste la presión de Mauricio Macri para desplazarla.

En aquella audiencia Reposo tuvo momentos tragicómicos y hasta hoy es una incógnita quién lo coucheó. Muchos creen que fue el propio Boudou, el más golpeado cuando tuvo que renunciar.

Quedó impávido cuando Sanz exhibió una nota de la facultad de Derecho de la UBA que certificaba que nunca aprobó su posgrado en derecho societario que figuraba en su currículum.

"No recuerdo que haya habido un examen de culminación como uno de los requisitos. Si estaba como uno de los requisitos, es cierto, no lo rendí. Pero yo no mentí, dije que había cursado la actualización en derecho societario", fue su respuesta de antología.

Abundó en respuestas cortas sin adentrarse en doctrina jurídica, como acostumbran los candidatos a jueces y procuradores, al menos para sorprender. No hizo más que confirmar su bajo promedio en la facultad: no superaba el 4.

Sin embargo, cuando lo consultaban sobre especializaciones remitía su paso por la casa de estudios. "Pareciera que sólo hay que tener 30 años y ser abogado", se indignó María Eugenia Estenssoro.

"¡Es que esto no puede ser un examen de facultad! ¡Hagan preguntas generales!", gritó un desesperado Pichetto. Su colega Marcelo Fuentes, kirchnerista rabioso hasta hoy, fue más sincero: "Lo apoyamos porque lo quiere Cristina", simplificó. Ahora puede saludarlo seguido. Lo tiene en el edificio de al lado.

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Típico de nuestras mafias políticas: reciclan la basura.