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La estrategia del Gobierno para controlar los precios chocó contra la barrera del núcleo duro de la inflación
La medida de Cabrera de publicar los precios al contado ayudará a maquillar la inflación del Indec.

El ministro de Energía, Juan José Aranguren, le dio luz verde al aumento de la tarifa de luz de hasta el 148%. Pese a que negó la magnitud de su impacto sobre la inflación, reconoció que, la siguiente suba programada para octubre estará sujeta al desempeño de la actividad económica y a la evolución de los precios, entre otras. Es decir que, incluso aunque lo minimice, en el Gobierno temen que las modificaciones del cuadro tarifario le compliquen la tarea a Federico Sturzenegger, el presidente del Banco Central, a la hora de poner la inflación en caja.

Horas después del anuncio, desde la cartera de Hacienda salieron a decir que el impacto será “de menos de medio punto de la inflación” de febrero y que el efecto residual de la suba en marzo “ya será muchísimo menos".

En línea con lo anticipado por el banquero central en su último Informe de Política Monetaria, desde Hacienda ratificaron que para lograr la meta de 17 por ciento anual en 2017 "la inflación núcleo en el segundo semestre se deberá ubicar en menos del 1%mensual".

Este es el gran desafío de Sturzenegger y, como adelantó LPO, el tema lo preocupa: él dio su palabra de que el nivel general de inflación se ubicará entre el 12% y el 17% anual. Sin embargo, él no tiene dominio sobre los precios, a lo sumo sobre las expectativas inflacionarias que se traducen en la inflación núcleo o “core” y apuesta a que con la tasa de interés elevada los contratos reflejen ajustes por inflación más bajos.

La inflación núcleo o "core" se mide considerando casi el 70% de los precios que releva el Indec para medir el índice de precios al consumidor (IPC) y dejando fuera a los precios estacionales y a los precios que regula el Poder Ejecutivo: por ejemplo, las tarifas de gas y luz, la medicina prepaga, la educación privada, los combustibles y las tarifas de telefonía.

El economista Miguel Kiguel lo advirtió en marzo del año pasado: quebrar la inercia inflacionaria es una tarea titánica y esto es precisamente lo que evidencia la persistencia de la inflación “core” en el orden del 1,7% desde agosto.

 El kirchnerismo optó por congelar las tarifas para controlar la inflación. Y ahora Macri se enfrenta al desafío de subirlas sin acelerar la suba de precios y con paritaria debajo de laexpectativas, lo cual no es compatible con la recuperación del poder adquisitivo.

Cuando la inflación trepaba en abril pasado al 4%, Federico Sturzenegger se mostraba confiado en su plan porque esta inflación subyacente pasaba del 3,5% al 2,8%; pero mientras la inflación a fines de año descendía al 1,4% mensual, la “core” seguía fija en 1,7%. ¿Por qué bajaba la inflación general y la “core” seguía alta? Porque los precios regulados estaban quietos, responden los especialistas. ¿Por qué la “core” no bajaba? La respuesta es multifactorial: porque las subas de los precios regulados seguían pasándose al resto de los precios de la economía porque la nafta y la luz y los bienes importados –que subieron un 45%- forman parte de los costos locales de producción, dicen unos; porque se esperan nuevas subas de precios, responden otros.

Por ambas razones, el kirchnerismo optó por congelar las tarifas para controlar la inflación. Y ahora Macri se  chocó contra este núcleo duro de la inflación y se enfrenta al desafío de corregir los precios relativos sin acelerar la suba de precios y con paritarias que no recuperen el poder adquisitivo perdido en 2016, lo cual no es compatible con la recuperación del poder adquisitivo. Y además es pretencioso, apunta a pasar del 36,6% anual a menos del 17%, es una baja de 20 puntos porcentuales en un año.

“Es difícil encontrar una experiencia en la historia de desinflación semejante. Más difícil es en un país democrático sin dominio sobre los sindicatos o sin un -indeseable- impacto macroeconómico severo que haya logrado una baja de veinte puntos en un año”, explicó a LPO el economista en jefe de la consultora Elypsis, Gabriel Zelpo.

El consultor, que considera que la suba de la electricidad significará 0,4 puntos porcentuales del piso del 2% de inflación que estima para febrero- explicó que sobre la inflación subyacente la suba de las tarifas impacta un poco mediante canales indirectos en los distintos rubros que componen el IPC. El más directo es expensas, y en otros es menor” como la canasta alimentaria en la que se puede sentir el aumento de los alimentos que dependen de la cadena de frío.

“La meta oficial es muy ambiciosa. 20% puede ser alcanzable pero no es sencillo, incluso con el tipo de cambio estable, subiendo pero por debajo de la inflación”, agregó Zelpo.

“Por eso el Banco Central seguirá manteniendo el sesgo contractivo con la tasas de referencia –que lleva 9 semanas clavada en 24,75%- intentando acotar los impactos sobre los demás precios de la corrección tarifaria y mantener con la tasa alta el atractivo de los instrumentos en pesos versus la alternativa del dólar y poniendo todas las fichas en anclar las expectativas hacia la meta mientras arrancan las negociaciones paritarias”, dijo a LPO el economista Federico Furiase.

Los Precios Transparentes: un maquillaje a los números del Indec

En este sentido, el economista Hernán Hirsch adelantó a LPO que la política monetaria de Struzenegger no va a alcanar y que los Precios Transparentes lanzados por el ministro Cabrera son una ayuda no monetaria para alcanzar la meta: sin recurrir a una maniobra burda de modificación de los índices, ahora cuando el Indec salga a la calle a controlar los precios de lista, ya no tendrá en cuenta el precio “total” sino solamente el precio al contado por haber dejado fuera del precio final el costo financiero hasta ahora incluido en el precio de lista. Por eso para Hirsch, “La baja de la inflación va estar en los índices, pero no se va a sentir en la calle”.

En este punto, coincide Zelpo: “En el Gobierno esperan un fuerte impacto sobre los precios con esta medida, pero no creemos que vaya a suceder. Mientras que el consumo representa el 60% del PBI, el crédito a las familias mediante tarjetas de crédito representa a penas el 2% del PBI porque la intermediación financiera en Argentina está muy poco desarrollada. Creemos que va ser muy marginal el impacto”, aseguró.

El otro punto es que de repetirse la inflación de enero todo el año –es decir con pocas subas de precios regulados-, la inflación de 2017 rondaría el 23%. Y de repetirse los números de febrero, sería del 27%. Con el Gobierno presionando para paritarias debajo del 18%, teniendo en cuenta el 9% de pérdida de poder adquisitivo del salario que ya se acumula de 2016, el Gobierno estaría comprometiendo la expansión del consumo local necesaria para sostener la economía en crecimiento durante un año electoral.

“Acá juega otro punto importante: el impacto de la corrección de tarifas sobre el salario real, con lo cual el número al que cierren las paritarias será clave para determinar el potencial para una recuperación nítida del salario real que impulse el consumo privado”, concluyó Furiase. 

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