Mientras usted lee esta columna, en algún lugar de América Latina una mujer está siendo asesinada por ser mujer. |
Mientras usted lee esta columna, en algún lugar de América Latina una mujer está siendo asesinada por ser mujer. Antes de que termine el día serán once, y mañana, otras once. Según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, en 2024 al menos 3,828 mujeres fueron víctimas de feminicidio en la región, y en los últimos cinco años la cifra supera las 19 mil.
La gran mayoría no murió en una calle oscura ni a manos de un desconocido. El 60 por ciento de ellas muere a manos de su pareja o expareja, otro 20 por ciento a manos de un familiar y el 60 por ciento de ellas, en su propia casa, Ese dato cambia todo, porque nos dice que el lugar más peligroso para muchas mujeres latinoamericanas es precisamente el que debería ser el más seguro. Y es el lugar donde las estrategias de seguridad tradicionales, con sus patrullas y sus operativos, simplemente no llegan.
Solemos tratar este tema como un asunto "de mujeres", una agenda sectorial que se atiende con un día conmemorativo y una campaña de redes, pero es un error. Lo que les pasa a las mujeres en nuestra región es el termómetro más preciso de cuánto funcionan el Estado de derecho, la economía y la democracia; y el termómetro está en rojo.
Pensemos primero en la economía, un lenguaje que las autoridades suelen escuchar con más atención. De acuerdo con la OIT, en 2024 apenas 52.1% de las mujeres latinoamericanas en edad de trabajar participaba en el mercado laboral.
Casi la mitad no tiene un empleo remunerado porque la razón es la misma: alguien tiene que cuidar a los hijos, a los adultos mayores, a los enfermos.
Ese trabajo existe, sostiene a las familias y a la economía entera, pero no aparece en las cuentas nacionales ni recibe un peso. Una región que crece tan poco como la nuestra no puede darse el lujo de dejar fuera a la mitad de su talento.
Pensemos después en las instituciones. La violencia contra las mujeres es la forma más cotidiana de la impunidad. Cuando una mujer se atreve a denunciar y no pasa nada, aprende exactamente lo mismo que el comerciante extorsionado o el ciudadano asaltado, que el Estado no responde. Esa lección se acumula, se hereda y termina convertida en desconfianza generalizada. No es casualidad que en México más de nueve de cada diez delitos queden sin denuncia o sin investigación.
Y pensemos, sobre todo, en lo que se transmite. Una niña que crece viendo a su madre vivir con miedo, sin ingresos propios y sin justicia aprende cuál es su lugar. Un niño que crece en esa misma casa aprende otra cosa, igual de peligrosa. La violencia de hoy es la semilla de la violencia de mañana.
Las autoridades no pueden alegar que no saben qué hacer. En agosto de 2025, en la Ciudad de México, los gobiernos de la región aprobaron el Compromiso de Tlatelolco que establece una década de acción, de 2025 a 2035, para alcanzar la igualdad sustantiva - mismo trato, condiciones y oportunidades reales - y construir sistemas de cuidado. Las leyes también existen; en veinte países ya tipificaron el feminicidio.
El pendiente no es legislar, es cumplir. Eso significa fiscalías especializadas que funcionen, registros confiables, sistemas de cuidado con presupuesto, garantías de denuncia y jueces que entiendan que una orden de protección que no se ejecuta es una sentencia de muerte.
A la sociedad civil le toca otra parte, igual de indispensable. Las organizaciones llegan a donde el Estado no llega. como al salón de clases donde se aprende a reconocer una relación violenta, al acompañamiento legal de una mujer que no sabe por dónde empezar, a la conversación familiar donde se cambian las normas que normalizan el abuso. Y le toca, sobre todo, no dejar que el tema salga de la agenda pública cuando pasan las fechas conmemorativas. 8 de marzo o 25 de noviembre.
Ninguna de las dos partes puede estar sola. La autoridad sin sociedad organizada se vuelve burocracia pero la sociedad, sin autoridad que responda, se agota en el acompañamiento del dolor sin solución.
La pregunta no es por qué deberían importarnos las mujeres en América Latina, la pregunta es qué clase de región queremos ser.
Una sociedad donde la mitad de su población vive con miedo, sin ingresos propios y sin justicia es una sociedad más pobre, más violenta y menos democrática para todos.
Once mujeres cada día es un dato, lo que hagamos con él dirá quiénes somos.
@XimenaCespedesA
Presidenta de la Fundación Naná y Vicepresidenta de Fortalecimiento Cívico, Democracia y Cabildeo de Coparmex Nacional
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