La noche del viernes fue interminable para algunas figuras del Gobierno de Claudia Sheinbaum. Las horas transcurrieron entre el monitoreo permanente de alguna reacción de Washington al regreso de Rubén Rocha a la gubernatura y un ensayo de respuestas ante la pregunta más urgente: ¿Qué deberá hacer el oficialismo si Donald Trump ordena un operativo en Sinaloa para capturar a Rocha?
Y acaso el interrogante más inquietante: ¿Cómo reaccionar a las posibles bajas de ciudadanos mexicanos ante esa eventual maniobra?
Los primeros intercambios arrojaron un sentimiento compartido en buena parte del gabinete: no sería conveniente decretar la expulsión del embajador Ronald Johnson. El diplomático, explican en Palacio, ha entendido la necesidad de que ambos países sean socios y trabaja en esa dirección igual que buena parte del ala más racional del entorno de Donald Trump.
"Johnson habrá sido de la CIA pero siempre nos dice lo que quiere, sus intenciones están sobre la mesa en todo momento, nunca nos haría lo de Christopher Landau, que nos ocultó que lo iban a detener al general Cienfuegos", deslizan al interior del gabinete.
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El embajador, además, viene demostrando una gran plasticidad al interior de la 4T. Esta semana visitó con buena parte de su staff la Secretaría de Gobernación para una serie de reuniones con Rosa Icela Rodríguez, un gesto que fue entendido como un equilibrio: mientras Omar García Harfuch acordaba con la DEA en Buenos Aires, el embajador visitaba Bucareli en un guiño al obradorismo.
El embajador también ha cultivado una relación de cercanía con la cúpula militar. En la Sedena cuentan que en las reuniones con contrapartes del Pentágono el embajador siempre se encarga de darle espacio y entidad a las observaciones de los oficiales mexicanos. No por nada en el último festejo de la independencia, en la embajada estadounidense, había una decena de generales.
La situación es evidente: el gabinete no quiere perder a un interlocutor como Johnson por los avatares de Rocha en los diferentes planos de la clandestinidad.
El problema, razonan cerca de la presidenta, es que si Estados Unidos captura al gobernador de modo unilateral va a ser complicado no reaccionar con cierta intensidad. En la Cancillería ensayan una respuesta audaz: "Tal vez no hace falta echarlo y podemos volver a usar la pausa de López Obrador y seguimos manejando todo por lo bajo".
Sheinbaum, creen en su staff, aparece fortalecida ante esta situación. La presidenta manejó su ausencia de este viernes en su favor y logró que el partido y los gobernadores criticaran a Rocha antes de su comunicado en la red social X de este sábado, donde, sin nombrarlo, cuestionó la conducta del gobernador.
Un detalle clave: las carpetas sobre Rocha en la FGR están abiertas y, si Estados Unidos aporta información sensible, el Gobierno está listo para tramitar la desaparición de poderes, desprender a Rocha de su fuero y detenerlo.
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