La incursión de Omar GarcÃa Harfuch, el funcionario más determinante del Gobierno, a Buenos Aires se está convirtiendo en un motivo de fricción al interior del oficialismo.
Mientras el secretario de Seguridad diseñó el viaje a la cumbre de la DEA con un cálculo anclado en los avatares de Washington, el obradorismo duro lo entiende como una provocación en términos locales, en simultaneo con la perdida del visado de Andrés López Beltrán.
El expresidente Andrés Manuel López Obrador deslizó, en diversas conversaciones, según cuentan sus allegados, que el Gobierno deberÃa, "por una cuestión de dignidad", imponerles visa a los viajantes de Estados Unidos hacia México. El exmandatario hizo una alusión directa a Lula Da Silva, presidente de Brasil que, en sus gobiernos anteriores, impuso el visado a EU como medida de reciprocidad.
De hecho, durante el gobierno actual de Lula se han negado visados brasileros a ciudadanos estadounidenses que pretendÃan asesorar a polÃticos de oposición.
Otro detalle: en las últimas conversaciones del expresidente asoma, como dato ineludible, que la carta de su hijo a Donald Trump fue disposición propia.
GarcÃa Harfuch, asà como el canciller Roberto Velasco, están en una sintonÃa diferente. El secretario de Seguridad viajó a Argentina porque la DEA se ha convertido en la agencia más determinante para la relación de la Casa Blanca con América Latina.
La influencia del mandamás de esa oficina, Terry Cole, está creciendo en los gobiernos de Argentina, Colombia y Ecuador, asà como también en México. Una preponderancia que se afianza a medida que las agencias rivales, como el FBI o la CIA, entran en cortocircuito con el Salón Oval.
El jefe del FBI, Kash Patel, ha visto reducirse su presupuesto para fortalecer al ICE y está en el epicentro de diversos escándalos como presuntas persecuciones a funcionarios que hablan con periodistas o la denuncia de la revista "The Atlantic" de que suele emborracharse en horas laborales. Patel ha denunciado a la revista, pero la publicación sostiene su información.
La CIA, en tanto, ha chocado con Trump por el teatro de operaciones en Medio Oriente y por el confuso episodio de hace dos semanas, en el cual, según la prensa estadunidense, Trump viajó de incognito en un avión que no era el presidencial por supuesto temor a un eventual ataque en su contra después de la cumbre de la OTAN en TurquÃa.
Para GarcÃa Harfuch el viaje a Buenos Aires obedece a una lógica de cooperación con Washington, pero para el obradorismo es un gesto acido: en sus conferencias matutinas el expresidente solÃa arremete contra la agencia anti drogas.
Los funcionarios del actual gabinete afines a Palenque, en tanto, no pierden oportunidad de comparar al secretario de Seguridad con Genero GarcÃa Luna y aprovechan, desde el fin de semana, para recordar que el hombre fuerte de la seguridad calderonista también solÃa fotografiarse con la cúpula de la DEA, años atrás, antes de ser condenado en una corte de EU por supuesta colusión con el crimen organizado. Este es el nivel de animosidad que se registra en un morenismo que todavÃa está convulsionado por la medida contra López Beltrán.
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