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Vienen tiempos difíciles
Por Raymundo Riva Palacio
El trumpismo está firme al interior del Partido Republicano, aunque no sea el propio Trump quien lo lidere.

 Los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos han sido tomados como una victoria de los demócratas frente a los republicanos y al movimiento trumpista de extrema derecha. Es una paradoja. La celebración no es por la victoria demócrata, como reacción al rechazo del conservadurismo recalcitrante, porque aún cuando no hay resultados definitivos sobre quiénes se quedarán con el control del Senado y la Cámara de Representantes, la pérdida de fuerza del partido del presidente Joe Biden va acompañada con un corrimiento ideológico hacia posiciones menos liberales.

Fueron buenas noticias para muchos que la estrategia de Biden de colocar en el centro de la campaña electoral la defensa de de la democracia, tuviera buen resultado y limitara el poder que parecía creciente del ex presidente Donald Trump, y que la sociedad se mostrara molesta con el fallo de la Suprema Corte de Justicia que revertía Roe vs. Wade, y saliera a las urnas a castigar a los conservadores por su respaldo a la criminalización del aborto. Pero la alegría de quienes creen en la democracia y las libertades debe ser cautelosa.

El freno al trumpismo es sólo eso. Más de 169 candidatos a gobiernos estatales, diputaciones, senadurías y secretarías de Estado locales, que son responsables de la organización electoral, de sus resultados y auditorías, fueron apoyados por Trump. No ganaron los 300 que buscaba impulsar al poder, pero tampoco son buenas noticias. La molestia entre los republicanos al ver que las estrategias de Trump no tuvieron el éxito esperado, no significa que que el trumpismo en ese partido no esté anidado, sin necesidad que sea él quien lo encabece.

La abrumadora victoria reeleccionista del gobernador de Florida, Ron DeSantis, que ganó incluso en los territorios demócratas del sur del estado en los condados de Miami Dade y Palm Beach, y la forma como el gobernador de Texas, Greg Abbot, no tuvo problemas en su propia reelección, reflejan esa corriente radical que ha profundizado sus raíces en Estados Unidos, con consecuencias políticas en aquella nación, pero también en América Latina, donde sin posibilidades reales de mitigar los efectos, queda vulnerable en la lucha de poder interna en ese país que colocará a la región en una extensión de sus confrontaciones.

La fuerza del trumpismo sin Trump, obligó en los últimos meses a los demócratas a tomar acciones en algunos temas que se acercan a la agenda republicana, como el de la migración, que afecta a México, Centroamérica y Venezuela, principalmente, ante la pérdida de apoyo en sus clientelas históricas, como los hispanos. El voto sólido democrata de los hispanos se ha ido debilitando. Según las encuestas de salida este martes, ese núcleo duro se redujo a 21%, contra el respaldo homogéneo del 30% de los hispanos entre 18 y 44 años que hubo en las elecciones presidenciales de 2018.

La creciente pérdida de ese respaldo es lo que tiene, por ejemplo, en vilo la elección en Nevada -con muy alta presencia hispana- por el escaño en el Senado que tiene la demócrata Catherine Cortez Masto, que está nueve mil votos debajo de su contendiente republicano Adam Laxalt, con poco menos de 10% de sufragios que faltan de contarse, pese a que Las Vegas, donde tuvo un buen rendimiento, tiene a unos 100 mil hispanos trabajando en el sector de servicios, cuyo voto demócrata muestra síntomas de debilitamiento. La batalla por la gubernatura tampoco está decidida, pero el republicano Joe Lombardo tiene poco más de 25 votos de ventaja sobre el gobernador demócrata Steve Sisolak.

En Florida, Eric Lynn, un demócrata moderado que trabajó ocho años en la Casa Blanca durante el gobierno de Barack Obama, fue derrotado por Anna Paula Luna, una veterana condecorada de la guerra en Afganistán, descendiente de mexicanos, que hizo campaña como un arquetipo del trumpismo y promesas de luchar por restablecer la construcción del muro en la frontera con México. Hubo otros casos de moverse hacia posturas críticas a la política migratoria por razones de sobrevivencia, como el del texano Henry Cuéllar, uno de los miembros más distinguidos del Caucus Hispano en el Congreso, que pese a mostrar una cara más republicana que demócrata en el fenómeno, apenas pudo sacar el voto para reelegirse.

Texas fue un martirio para los demócratas hispanos, que aunque lograron reelegirse en sus condados, particularmente en el sur del estado donde estuvieron fuertemente amenazados, son superados en fuerza y prominencia por republicanos. Abbot, el gobernador y aliado de Trump, es muy mala noticia para los migrantes mexicanos, centroamericanos y venezolanos, porque endurecerá las medidas antinmigrantes en la frontera. Ted Cruz, el poderoso senador, que no tuvo que estar en campaña, quiere promover un juicio político contra el secretario de Seguridad Territorial, Alejandro Mayorkas, porque su manejo de la frontera con México, tiene deficiencias, alegó, que caen en "incumplimiento grave del deber".

Si los republicanos se quedan con la mayoría en la Cámara de Representantes, como todo apunta que sucederá, quien tiene más posibilidades de presidir el influyente Comité Judicial, que trata todos los temas criminales y de migración, será Jim Jordan, otro trumpista con-fundador del Freedom Caucus, de extrema derecha, lo que definirá en muchos sentidos el tipo de legislaciones que se presentarán para sellar la frontera.

El horizonte para los latinoamericanos no se ve promisorio durante los próximos dos años. La agenda bilateral con México, importante en el contexto porque afecta al resto de los latinoamericanos, tiene como prioridades la seguridad fronteriza, la migración, el Título 42, renovado por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador para controlar la migración venezolana y centroamericana, donde los demócratas, como ya lo empezó a hacer Biden, que aún no decide si va por la reelección dentro de dos años.

Pero los nubarrones sobre Latinoamérica no dependen de su decisión. En cualquier caso, la migración será, junto con la economía, el tema de campaña de mayor rédito político-electoral para demócratas y republicanos, que la utilizarán para ganar votos, consolidar clientelas y ganar terreno rumbo a las elecciones presidenciales y federales en 2024. La migración latinoamericana y la gestión de sus gobiernos estará permanentemente sometida a escrutinio, juicios y críticas, sin posibilidades reales de mitigarlas, neutralizarlas o evitarlas.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

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