La presidenta tiene que definir entre ser jefa de estado o militante de Morena. La advertencia de Marco Rubio antes de la orden contra el gobernador Rocha Moya. Los diez nombres que guarda Sheinbaum. |
La acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios sinaloenses partió a Morena.
Se ve. No se puede ocultar. Duele. Las plumas más prominentes del régimen, el néctar de su maquinaria de propaganda, han estado impulsando dos lÃneas fuerza para el control de daños: no hay pruebas contra Rocha Moya y, al mismo tiempo, Rocha Moya no es Morena.
Los intentos de colocar nuevos ángulos en la conversación han fracasado, no asà la respuesta a sus intentos, la cual aceleró el desprestigio creciente sobre su trabajo, por la defensa de criminales.
Por las plumas supura la crisis del obradorismo, que con la acusación se le cayó la máscara al gobierno criminal que abierta y cÃnicamente construyó el expresidente Andrés Manuel López Obrador. En el corazón de la llamada "cuatroté", que camina hacia la Historia con un lastre que será muy difÃcil de eliminar, dependiendo solo de lo que haga la presidenta Claudia Sheinbaum en las próximas semanas.
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La principal crisis que enfrenta el régimen es la ruptura del consenso. Cuando en agosto de 2024 el entonces jefe del Cártel de Sinaloa, Ismael "El Mayo" Zambada, acusó a Rocha Moya de traición por haber optado por la facción de "los Chapitos" -los hijos de JoaquÃn "El Chapo" Guzmán-, todos los gobernadores de Morena publicaron un desplegado de apoyo a su colega. Cuando se quiso repetir la fórmula tras la acusación de la fiscalÃa en Manhattan, la mayorÃa declinó firmar.
En aquel entonces, era el dicho de un criminal al que podÃan aislar. En esta ocasión, varios de ellos que saben estar siendo investigados por las mismas conexiones -algunos ya perdieron incluso la visa-, finalmente entendieron que las palabras del secretario de Estado, Marco Rubio, de "no estamos jugando", al hablar de la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, tenÃa una aplicación también para México.
No fueron los únicos. Incluso los influencers contratados por el exvocero de López Obrador, Jesús RamÃrez Cuevas, que sirvieran en las mañaneras para acribillar a sus adversarios y construir condiciones para el linchamiento de periodistas, que recibieron vida nueva en el sexenio de Sheinbaum -donde RamÃrez Cuevas es su coordinador de asesores- para hacer lo mismo, distraer, lambisconear y decir estupideces para estratégicamente cambiar la conversación, no quisieron tragarse la kriptonita. Siguieron la lÃnea de las plumas del régimen y decir que Rocha Moya no era Morena y, por tanto, indefendible.
Pero Rocha Moya sà es Morena y parte toral del régimen. Al dÃa siguiente de la publicación de la carta de Zambada, López Obrador corrió a Culiacán, para abrazarlo, garantizarle la vida eterna, y arrastró a todos los lÃderes del partido, encabezando la procesión la entonces presidenta electa, Sheinbaum.
Su sucesora no lo abandonó públicamente, aunque en privado conocÃa todos sus pecados. En Sinaloa inició su nueva estrategia de seguridad y envió a su gabinete. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar GarcÃa Harfuch, llegó a declarar que no habrÃa éxito en la estrategia si no se pacificaba Sinaloa. Bajo ese parámetro, la polÃtica de seguridad ha fracasado.
La acusación contra el gobernador, el senador Enrique Inzunza y el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez tuvo como secuela inmediata el asesinato de un lÃder sindical en el Ayuntamiento de la capital y el reforzamiento extremo de la seguridad de Rocha Moya con elementos del Ejército y la Marina. Habrá quien piense que es porque Estados Unidos enviará un comando por él, pero la mejor explicación es que fue para evitar que lo maten, pero no el crimen organizado, sino los suyos en Morena.
El gobernador amenazó públicamente con decir todo lo que sabe -torpemente, reconoció ser un delincuente-, por lo que se volvió un riesgo. HabrÃa que callarlo de cualquier forma, pensarÃa un mafioso.
En todo caso, Rocha Moya y los otros nueve sinaloenses van a terminar en una cárcel en Estados Unidos. Su futuro ya está definido y solo faltan los tiempos. La acusación del Departamento de Justicia tiene una ruta casi imposible de variar: la fiscalÃa gana en el 98% de los casos que llegan a la cortes en Nueva York -Manhattan y Brooklyn-. Acusaciones contra actores extranjeros, nunca fallan.
El Departamento de Justicia nunca ha perdido una. ¿Qué razón habrÃa para pensar que en este caso se van a desistir o no va avanzar más de lo que ya caminó? Al contrario. La acusación es resultado directo de la indiferencia de Sheinbaum a las peticiones de que actuara penalmente contra los polÃticos de Morena o lo harÃan ellos. En el cálculo presidencial eso nunca sucederÃa.
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TodavÃa hay quien dentro de la aristocracia de Morena cree que Trump no pasará de ahÃ. Pecan de ingenuidad, ignorancia o están en la negación ante una realidad que los arrolló. Pero la presidenta y su equipo de asesores no puede estar en la misma lÃnea de pensamiento.
Los primeros análisis en prensa tras la acusación, plantearon que Sheinbaum tenÃa solo dos caminos a seguir: actuar como Jefa de estado, o ponerse la camiseta de Morena para defender al régimen y al movimiento. Miércoles y jueves se pintó de guerra la cara contra Estados Unidos, pero solo disparó palabras: no suspendió la cooperación en materia de seguridad ni expulsó al embajador de Estados Unidos, Ron Johnson, al que ha acusado duramente de intromisión en los asuntos internos mexicanos (por muchÃsimo menos, el expresidente Felipe Calderón pidió la salida del embajador Carlos Pascual, y se la cumplieron).
Sheinbaum habló solamente para la graderÃa mexicana. El viernes, reconociendo implÃcitamente que habÃa leÃdo y escuchado a los periodistas, dijo que era falso que estuviera entre la espada y la pared. Una vez más, pirotecnia.
La realidad es que la presidenta está entre la espada y la pared. Estados Unidos quiere, se lo han dicho por un año, acciones penales contra polÃticos involucrados con el narcotráfico. Morena, que responde a las órdenes de López Obrador, se opone totalmente porque una parte de la aristocracia del régimen es parte orgánica del crimen organizado. No hay espacio para conciliar posiciones, que están en las antÃpodas, con uno de los polos que gira en Washington, que una vez dado el paso, continuará por el mismo camino.
En México, pese al ruido de la retórica, el régimen de la "cuatroté" se encuentra a la defensiva, temerosos aunque se muestren engallados.
Haber hecho caso omiso de las peticiones de Washington, llevó a la presidenta a una situación donde lo que haga pierda en el corto plazo.
Si se encierra en Morena, como lo ha hecho hasta ahora, protegerá a Rocha Moya, a López Obrador y al menos a unas 15 figuras muy importantes en el régimen, incluidos varios secretarios de Estado y jefes militares, sin contar a los hijos del expresidente. Esto provocará mayor tensión con Washington, filtraciones periodÃsticas que, como hemos visto en los últimos dÃas, los vuelven locos, o una ampliación de lo que The Wall Street Journal esta semana planteó en su primera plana: que su estado emocional y de salud, es una variable que debe empezar a tomarse en cuenta.
Si, en cambio, se ajusta a lo que establece el Tratado de Extradición, y deja de engañar a la graderÃa con mezcla de periodos procesales, la FiscalÃa General pide un juicio de procedencia en el Congreso de Sinaloa para destituir al gobernador y alcalde de Culiacán, y al Senado para que hagan lo mismo con el senador, para que los desafuere y les abran carpetas de investigación para meterlos en la cárcel 60 dÃas, que son los que tiene la FiscalÃa en Manhattan para presentar las pruebas para que se concrete la extradición, chocará con los leales a López Obrador y con el expresidente en sà mismo.
Eso no resuelve las cosas, pero le da dos meses para seguir pensando, evaluando y realizando sus cálculos polÃticos. Puede hacer lo que hizo López Obrador con Rafael Caro Quintero, quien ordenó la muerte del agente de la DEA Enrique Camarena. El expresidente empantanó la extradición y la trasladó al siguiente gobierno. Si hacen lo mismo con Rocha Moya, lo mantienen encerrado, pero también cuidado para que no lo maten ni lo secuestren, y sobre todo, para que no hable.
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Esa estrategia no se puede aplicar en su totalidad a la realidad que vive Sheinbaum. Con el hambre de Estados Unidos de cobrarle las fracturas criminales a López Obrador y quienes participaron con él en la construcción de una economÃa alterna criminal, que es la premisa de la investigación contra el exmandatario en Washington, nadar de muertito tiene una orilla muy cercana, y si quiere extenderla, vendrán más filtraciones periodÃsticas, más presiones privadas, más acciones encubiertas, más acusaciones en las cortes y, quizás, extracciones.
Sheinbaum se encuentra en una encrucijada, por lo que tiene que decidir como jefa de Estado o militante del movimiento. Paradójicamente, la sobrevivencia de Morena y del movimiento, asà como su viabilidad como presidenta, tiene que partir de cortarse la pierna para evitar que se le pudra. Pero no bastará Rocha Moya y es el otro problema que tiene que enfrentar: ¿cuántos más seguirán? ¿hasta dónde se sentirán satisfechos en Washington? Ese cálculo, para ella, será menos difÃcil, porque tiene la información de cuáles son los polÃticos más complicados en EU. No son más de 10, pero son nombres muy precisos. E indudablemente, por lo que se conoce de esa lista, varios de ellos le provocarÃan la ruptura con López Obrador.
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- 2Hace 14 dÃas12:31¿Quién es este Raymundo tan tan tan tan acotado mentalmente que escribió esto que intenta-ser-una-nota?
- 1Hace 14 dÃas09:36un gorilon importante este periodista, si es que lo es.