Cuarto Informe
Líder popular, presidente mediocre
Por Raymundo Riva Palacio
De momento los errores de la gestión no tocan los niveles de aceptación de López Obrador. Enigmas hacia el futuro.

 No hay nada que describa mejor al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador que el nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, que sustituyó a lo que estaba considerado sería el mejor aeropuerto de América Latina, que llevaba poco más del 30% de su construcción.

 A 50 kilómetros de la Ciudad de México, tiene una terminal para autobuses de pasajeros que ofrece servicios terrestres a 13 destinos en el país, un poco más de los vuelos diarios desde el aeropuerto. Acaban de inaugurar una sala VIP, pero no hay gente. Hace unos días, para provocar el interés, una aerolínea local organizó un torneo de lucha libre.

El aeropuerto es una de las megaobras del presidente López Obrador, que se han caracterizado por lo mal planeadas que están. Una refinería en el golfo de México, a 230 kilómetros de su finca de descanso, tuvo un incremento en su costo proyectado de ocho mil millones de dólares a 20 mil millones, hasta ahora, porque se les olvidó construir un gasoducto, que les permitiera transportar gasolinas, si alguna vez llegan a producirlas, al resto del país. O el Tren Maya, que decía López Obrador estimularía el turismo en esa región, ha tenido problemas de construcción por la oposición a la devastación ecológica que está haciendo, que al obligar a cambiar varias veces la ruta original, pone en riesgo que sea concluido.

López Obrador inició este jueves los dos últimos años de su gobierno con un mensaje político desde Palacio Nacional, ante un mural de Diego Rivera que narra la epopeya del pueblo mexicano, para evocar la suya propia, que llama la Cuarta Transformación. El rey mexicano de los símbolos políticos, también es magistral en describir resultados inexistentes en su gobierno y mentir sin rubor alguno. Existe la posibilidad, sin embargo, que el presidente no sea un mitómano, y que realmente crea lo que dice.

Como botón de muestra, una propuesta lanzada al aire durante una de sus conferencias diarias desde el Palacio Nacional, de que propondría una tregua de cinco años a todas las naciones para alcanzar la paz, donde los mediadores serían el papa Francisco y el primer ministro de la India, Narendra Modi, no fue una simple ocurrencia. En los próximos días la iniciativa será presentada en el seno de las Naciones Unidas. Hay otros temas donde no le importa falsear las cosas, pese a que pueden ser fácilmente verificadas.

Este jueves afirmó en su cuarto informe de gobierno, que pese a las adversidades y que se cayó la economía del país, ya se recuperaron los niveles de crecimiento previos a la pandemia de la covid-19. No es así. Sigue abajo 1.07%, por lo que el PIB actual es similar al que se tenía en el tercer periodo de 2017. En este momento, con dos años por delante, el crecimiento es el tercero peor desde la Segunda Guerra Mundial.

López Obrador presume que su esfuerzo es por los pobres, pero hoy hay más pobres que antes. Cuando López Obrador asumió la Presidencia en diciembre de 2018, había 52 millones de pobres. Para este año, estima la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, habrá 55.6 millones. La segunda economía de la región será la cuarta con la proporción más alta de pobres.

Afirma que la buena ejecución de su política económica, un ejemplo de tecnocracia y control absoluto de la macroeconomía, ha dado como resultado que no se incremente el costo de las gasolinas, pero convenientemente ha omitido que ello se debe a un multimillonario subsidio que está impactando en las finanzas públicas. Sostiene con voz de orgullo que hay tanta confianza en México que el dólar se ha mantenido estable en el mercado de divisas, soslayando que obedece no sólo al manejo macroeconómico, sino a que el diferencial de tasas de interés sigue siendo, aunque cada vez menor, superior al de Estados Unidos. Pero ya no llega inversión privada nueva. La confianza empresarial viene en picada, de +42.7% en enero del año pasado, a -7.6% este agosto.

En salud, López Obrador prometió que al terminar su gobierno tendríamos un sistema de salud similar al de Dinamarca. Eso era, y es, una fantasía. El sistema de salud está en peores condiciones de cómo lo encontró. Durante todo su gobierno ha existido desabasto de medicinas, que en casos de niños con cáncer, ya produjo fallecimientos. El manejo de la pandemia de la covid-19 también fue desastroso, que llevó a un exceso de mortalidad de casi 700 mil personas, el cuarto peor país en el mundo, y sólo hasta recientemente ha dejado de decir que la forma como manejaron la enfermedad es modelo en el mundo.

Su estrategia de seguridad pública ha sido un desastre. En los primeros 45 meses de gobierno la violencia produjo 132 mil homicidios dolosos, contra 60 mil en el gobierno de Felipe Calderón, su némesis, y 81 mil en el de Enrique Peña Nieto, que hasta ahora, había sido el más sangriento de la historia. La suma de homicidios dolosos en lo que va del sexenio es mayor que la que se registró en los seis años de administración de Calderón, y al ritmo actual superará en agosto del próximo año los números de Peña Nieto.

Las promesas incumplidas de López Obrador han sido motivo de Tik Toks y de memes, ocupando amplios espacios en las redes sociales, donde ironizan sobre lo que prometió y quedó a deber. Una de sus grandes ofertas de campaña fue que vendería el avión presidencial, que decía "ni Obama lo tiene", subrayando lujo y corrupción, que hasta la fecha nadie lo quiere comprar y ha costado millones de dólares a los contribuyentes en mantenimiento. Sobre la corrupción que tanto dijo había en el pasado, no hay nadie sentenciado por ese delito hasta ahora. De hecho, la prensa ha documentado casos de nepotismo y presuntos actos de corrupción de su familia, en números que nunca se habían visto con otros presidentes.

En todas las encuestas publicadas por los medios, la gestión de su gobierno es terrible. No existe ningún rubro donde los mexicanos no lo reprueban. Sin embargo, su popularidad es la más alta que haya tenido ningún presidente desde que se mide, a principios de los 90's. López Obrador tiene una media de 62% de aprobación, que ha mantenido estable durante meses, y no importa lo que suceda con su gobierno, no le llega a él.

"López Obrador no ha permitido que los problemas entren a Palacio Nacional", dice Jorge Buendía, director de la casa encuestadora Buendía&Márquez, al tratar de explicar el fenómeno. "La gente lo ve como suyo", agrega Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, que refiere el lenguaje simple y cálido de López Obrador. Lo ayuda también que todos los días hable sobre la misma temática, el pasado, como generador de todos los males contra los que está luchando, para enfatizar en el contraste con anteriores gobiernos percibidos como distantes, déspotas y corruptos, y obligar a la comparación.

¿Se cruzará alguna vez la mala calificación de su gestión con su popularidad? Campos piensa que no. Si es así, lo que tendremos dentro de dos años, al final de su gobierno, será un país derruido, una calificación terrible contra el gobierno, y la popularidad de López Obrador cabalgando de manera rampante.

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