El boom del running es una oportunidad enorme. Pero solo si se entiende algo esencial: correr no es una cifra. Es una experiencia. |
Nunca había tanta gente corriendo en México. Se nota en las calles, en los parques, en las avenidas principales cada fin de semana y en las inscripciones que se agotan en cuestión de horas. El running creció, se masificó y se volvió parte del paisaje urbano. Eso, en principio, es una buena noticia. El problema es que ese crecimiento no vino acompañado de una mejor experiencia, sino de una lógica distinta: la de la cifra, el volumen y el cobro.
Hoy, en demasiadas carreras, el corredor dejó de ser persona para convertirse en número. En inscripción pagada. En kit entregado. En estadística de participación. No en alguien a quien acompañar, cuidar y respetar durante una experiencia que, para muchos, es profundamente personal y fruto de meses de entrenamiento.
El precio sube, pero la experiencia no. Playeras de baja calidad, kits cada vez más pobres, medallas genéricas que se repiten o resultan demasiado básicas. Hidratación insuficiente o mal distribuida. Voluntarios rebasados, mal informados, a veces incluso sin agua ni incentivos para ellos mismos. No es por falta de voluntad, sino por decisiones de planeación y presupuesto que terminan impactando directamente al corredor.
Hay carreras con rutas espectaculares, eso es cierto. Avenidas icónicas, paisajes urbanos que lucen, ciudades que se presumen. Pero una ruta bonita no compensa una ejecución pobre. Cuando la salida es caótica, la señalización es confusa, los cortes viales están mal coordinados o simplemente no hay quien oriente, la experiencia se rompe. Y se rompe para todos: para quien va por marca, para quien corre por disfrute y para quien compite para ganar.
La falta de señalización clara, las mediciones imprecisas de las rutas y las fallas en los sistemas de cronometraje se han vuelto demasiado frecuentes. Corredores que se desvían, retornos mal marcados, chips que no registran tiempos, resultados incompletos o incorrectos. Incluso ganadores descalificados por errores que no les corresponden. Perderse en una carrera o no tener un tiempo confiable no es una anécdota: es una falla grave de organización y de ética.
El problema se agrava cuando se comparten rutas entre distintas distancias: 5, 10, 21 y hasta 42 kilómetros corriendo al mismo tiempo, sin claridad suficiente. Organizar varias pruebas no es solo imprimir letreros distintos; es asumir una responsabilidad mayor que muchas veces se subestima, y cuyos errores terminan pagando los corredores.
A eso se suma otro fenómeno preocupante: la ligereza con la que algunas empresas enfrentan cancelaciones, cambios de fecha o modificaciones de ruta. Comunicados de último momento, compensaciones ambiguas, reubicaciones forzadas -no pedidas-. Como si el tiempo, el entrenamiento y la expectativa del corredor fueran fácilmente reemplazables.
También hay una deuda con la cultura del corredor. Corrales que no se respetan, salidas peligrosas, ritmos incompatibles mezclados desde el inicio. Aquí la responsabilidad es compartida, pero la cultura también se construye. Y las organizaciones podrían -y deberían- hacerlo desde su comunicación, su publicidad y su operación en sitio: explicar, orientar, corregir, no hacerse de la vista gorda.
Porque el running no es una sola cosa. Para algunos es terapia, salud mental o física; para otros, un proceso personal, un espacio de silencio o una forma de sostenerse. Para otros más, es marca, competencia y rendimiento. No todos corren igual. No todos buscan lo mismo. El que camina, el que trota su primer 5K, el que corre por salud o el que compite para ganar, todos merecen la misma calidad de experiencia. El running creció porque se volvió incluyente, pero se empobrece cuando se vuelve indiferente.
El mayor riesgo es normalizar todo esto. Escuchar cada vez más el "así son las carreras", el "ni modo", el "siempre pasa". Porque cuando la mala organización se normaliza, el running deja de ser comunidad y se convierte solo en consumo.
El boom del running es una oportunidad enorme. Pero solo si se entiende algo esencial: correr no es una cifra. Es una experiencia. Y vale la pena cuidarla.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.