En el entorno de Claudia Sheinbaum entienden como un paso adelante la reunión del jueves pasado con Felipe VI. No se trata tanto de los acuerdos alcanzados, sino de la potencia de la imagen: la presidenta distendió una tensión generada por Andrés Manuel López Obrador con el jefe de estado del segundo mayor inversor en el paÃs.
Un punto clave en la agenda internacional del oficialismo en el cual Sheinbaum logró una mayor autonomÃa frente a las inercias del sexenio anterior. El jueves la bandera española flameaba en Palacio Nacional, algo que en el gobierno de López Obrador hubiera sido impensado.
El cálculo es de largo plazo: Sheinbaum espera que el monarca sea un aliado en caso de que se termine por desplomar el gobierno socialista Pedro Sánchez en España.
Sánchez está acorralado por diversos escándalos de corrupción y no serÃa descabellado que termine por convocar a elecciones en los próximos meses.
El stock de la inversión española en México supera los 70.000 millones de dólares. Es una cifra que por sà misma obliga a un mayor entendimiento, especialmente en el momento actual de la relación con Estados Unidos.
El cálculo respecto a Felipe VI adquiere mayor sentido si se considera que tanto el Partido Popular como Vox, que serÃan los favoritos en unas eventuales elecciones, tienen una retórica muy crÃtica hacia el Gobierno mexicano.
La cristalización del buen intercambio del jueves serÃa la presencia de Sheinbaum en la Cumbre Iberoamericana de Madrid, a inicios de noviembre.
Ese compromiso no se ha terminado de confirmar porque coincide, en un lapso corto de tiempo, con el foro de la Alianza del PacÃfico en China y con el G20 en Miami. Es demasiado para un oficialismo cuyo electorado rechaza viajes al exterior.
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