Iglesia
Adán Augusto gana terreno entre los obispos mexicanos que marcan distancia con Ebrard y Sheinbaum
Doble comando al interior de la curia. El emisario del Papa. Cambio de paradigma.

Días atrás el secretario de Estado del Vaticano Pietro Parolin estuvo de visita oficial en México. Las definiciones reservadas del segundo del Papa Francisco dan pistas acerca de cómo la carrera electoral del 2024 se comienza a registrar en las preferencias del Episcopado mexicano, principal ámbito de deliberación de la iglesia católica en el país.

Desde el inicio se advierte una suerte de doble comando. Por un lado, el nuncio Franco Coppola, de buena cercanía a la 4T y diálogo directo con Andrés Manuel López Obrador. Por el otro, el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes, con un estilo más crítico al rumbo del país y de muy buen diálogo con empresarios díscolos del Gobierno como es el caso de Claudio X. González.

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Coppola es la terminal a tener en cuenta. Lleva adelante diversos movimientos que tienen por meta reestructurar la Iglesia mexicana, llevarla desde una curia conservadora y fuertemente ortodoxa a un estilo más jesuita y solidario. Así se ve en las recientes designaciones, por ejemplo, en Toluca donde el nuevo obispo Raúl Gómez González está completamente alineado con Coppola.

En este contexto, el secretario de Gobernación Adán Augusto López Hernández, se encuentra bien posicionado en comparación con otros suspirantes del 2024. Tiene una relación histórica con los principales religiosos de su estado Tabasco, igual que López Obrador es un hombre de moral conservadora y además cultiva la línea de que la base de la iglesia católica debe jugar un rol central para pacificar el país y recuperar un tejido social desbastado por la violencia y la exclusión, especialmente en el interior del país.

El canciller Marcelo Ebrard, por su parte, no alimenta rechazos insalvables pero está muy instalada en la curia su presunta condición de masón a lo que se agrega que en su sexenio en CDMX impulsó el matrimonio gay. Por ese mismo tema la relación de Mauricio Macri con Bergoglio se enfrió cuando el entonces alcalde de Buenos Aires impulsó idéntica ampliación de derechos.

Claudia Sheinbaum, por su parte, impulsa una agenda de género, pro aborto y pro legalización de las drogas que también es rechazada por los obispos.


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