
Los aranceles son solo la superficie de la verdadera ambición de la Casa Blanca en México. El espejo colombiano. |
El Gobierno llegó el sábado por la tarde una encrucijada de muy compleja resolución: o acepta un mayor intervencionismo de Estados Unidos en el combate al narcotráfico o profundiza la guerra comercial, replica aranceles y se prepara para una probable contracción de la macroeconomÃa.
En los intercambios al interior del gabinete durante el fin de semana sobrevoló una tesis común: los crecientes decomisos de fentanilo y la recepción de migrantes nunca iban a ser suficientes para eludir los aranceles de Donald Trump. La variable transaccional está muy por encima de esas cuestiones y tiene que ver la participación de militares estadounidenses en territorio mexicano. No es casualidad que a las pocas horas del anuncio arancelario tuvo lugar una llamada entre el secretario de la Defensa de EU, Pete Hegseth, y los secretarios de la Defensa y de la Marina de México.
En esa comunicación estuvo muy presente, por parte de Hegseth, la lógica de Trump: si el Gobierno mexicano no acepta una mayor intervención de EU es porque esconde algún tipo de colusión con el crimen organizado. En el anuncio de las medidas contra bienes mexicanos, el presidente de EU no dio argumentos comerciales y, en cambio, habló de esa supuesta complicidad.
La realidad de los últimos dÃas jugó a favor de su retórica: el jueves una jueza federal ordenó la liberación de la esposa de Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación. Ese mismo dÃa, un juez de la Ciudad de México amparó a una de las hijas del capo. Finalmente, el viernes hubo una situación curiosa cuando algunos agentes estadounidenses señalaron a la prensa del paÃs vecino que el Gobierno mexicano no permitÃa que aviones militares con deportados sobrevolaran el territorio mexicano. En la SecretarÃa de Gobernación dijeron que desde Washington no habÃan requerido permiso para el uso del espacio aéreo.
La narrativa de la supuesta relación entre el narco y el Gobierno mexicano se generó en Washington durante el último gobierno de los demócratas. En ciertas reuniones con funcionarios de Andrés Manuel López Obrador, el exconsejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, hablaba de la inquietante conjunción entre populismo, fuerte presencia militar en administraciones democráticas y nexos con el narco. Sullivan mencionaba primordialmente a Venezuela, pero decÃa encontrar rasgos similares en México.
En 2021 y 2022 varios legisladores opositores viajaron a Washington para explicar en diversas reuniones que el narco habÃa operado electoralmente en la elección de medio termino en favor de Morena. Uno de los más interesados en esos relatos era el entonces senador republicano Marco Rubio, que hoy por hoy es el secretario de Estado. En esas reuniones también estuvo Mauricio Claver-Carone, actual encargado de Trump para América Latina.
Finalmente, el exembajador Ken Salazar aprovechó sus últimos meses en Ciudad de México para dejar dos mensajes en la misma dirección: dijo que quiso apoyar a López Obrador en el combate al narco pero que este "no aceptó la ayuda" y, de paso, se mostró "sorprendido" porque el Gobierno, en lugar de festejar el arresto de Ismael "Mayo" Zambada, reclamaba y pedÃa explicaciones.
Durante la administración de Joe Biden se gestó una interpretación del problema del narcotráfico en México que ahora Trump, y varios de sus principales asesores, suscriben. Las nociones de cooperación, desde hace algunas semanas, se ven reemplazadas por una vocación intervencionista más evidente y que encuentra ecos en el Plan Colombia, diseñado para acabar con los cárteles del paÃs sudamericano en los años 80 y 90.
Ayer sábado, en la SecretarÃa de la Defensa, señalaban que, en su primer gobierno, Trump hablaba de ataques con drones no tripulados a instalaciones del narco como la fase final de una embestida contra el crimen organizado. Pero ahora, calculan, ese movimiento solo serÃa el principio. Basta con observar las redes sociales de Donald Trump Jr., actualmente muy cercano a su padre, y que el viernes habló de enviar mercenarios a México para "acabar" con los cárteles.
Para el Gobierno de Claudia Sheinbaum la pulsión intervencionista de Trump genera un problema polÃtico por la defensa de la soberanÃa nacional que esgrime su administración pero, en realidad, el gran inconveniente es del plano material: ante una embestida frontal el narco puede responder con brutalidad contra la población civil. Otro reflejo en el espejo colombiano.
Desde que Sheinbaum despacha en Palacio Nacional existe una estrategia más hostil contra el narco y las respuestas han sido inmediatas: ataques a integrantes de las fuerzas armadas en diversas latitudes, postales sanguinarias en establecimientos públicos como bares y discotecas y, esta semana, un indicio todavÃa más escabroso en Tamaulipas: la amenaza de las minas terrestres que ya se cobraron dos vidas humanas.
En la óptica del Gobierno es intransitable que la guerra contra el narco que Trump promueve tenga como consecuencia una violencia desatada contra la ciudadanÃa. Tampoco serÃa aceptable, como ya se mencionó en ciertos contactos encabezados por Omar GarcÃa Harfuch, que EU organice "secuestros" como el de Zambada.
Pero el sendero de la guerra comercial también es muy complicado para Sheinbaum. Esta semana el Inegi confirmó que el año pasado la economÃa solo creció 1.4%, muy lejos del 3% que habÃa pronosticado la SecretarÃa de Hacienda. En 2023 el crecimiento habÃa sido del 3.2%.
Los proyectos desplegados por la presidenta, como el Plan México, pierden fuerza por los aranceles que, según estimó en las últimas horas BBVA, podrÃan llevar el tipo de cambio hasta los 24 pesos.
El frente recesivo luce tan tangible que por eso Marcelo Ebrard, a diferencia de lo anunciado por Justin Trudeau, no informó aranceles de inmediato contra los productos de EU. El secretario de EconomÃa todavÃa busca una instancia de diálogo que evite una guerra comercial de mayor intensidad. Un movimiento necesario además para que no ganen terreno esas voces del morenÃsimo que hablan, cada vez con mayor soltura, de retirarse del T-MEC. El secretario los tiene muy identificados: son los mimos que jugaron contra su aspiración presidencial.
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