Diplomacia
No es España, es Kerry
Por Milton Merlo
Movimientos de distracción. Washington se endurece por la reforma eléctrica.

El llamado de Andrés Manuel López Obrador hoy miércoles a "pausar" la relación bilateral México-España obedece a una lógica para nada nueva. La primera vez que el presidente cuestionó al país ibérico por los crímenes de la Conquista y dijo haber enviado una carta al Rey Felipe VI para que la Corona pida disculpas, fue a finales de marzo del 2019. En esos días su administración se embarcaba en un litigio de alta densidad contra Carlos Slim, Sempra Energy y Transcanadá por los contratos que estos tenían con CFE a causa de la construcción y gestión de gasoductos.

Más adelante, a mediados de octubre del 2020, ya en plena pandemia, López Obrador volvía a quejarse de que ni España ni el Vaticano habían entendido su queja y la necesidad de pedir una disculpa. En ese entonces  crecían las denuncias de padres con hijos necesitados de medicamentos oncológicos, un drama siempre latente, y en el mismo día de ese nuevo reclamo histórico (12 de octubre) el presidente hablaba de un robo de medicamentos de dicho tipo que fueron importados desde Argentina y sustraídos de una instalación bajo custodia federal. 

España le suele funcionar al presidente como un elemento distractor en sus incursiones matutinas. Cuando el Gobierno quiere alejar la atención de ciertos aspectos complejos, la relación bilateral es un salvoconducto envidiable. Por estas horas vuelve a suceder lo mismo y el hecho a retirar del centro de la escena es la presencia de John Kerry en CDMX, viaje que se realiza con la única finalidad de reclamar al Gobierno por la reforma eléctrica que propone.

El enviado especial de la Casa Blanca para cuestiones de medio ambiente elevó el tono en este viaje de las diferencias que semanas atrás trajo la secretaria de Energía de EU, Jennifer Granholm. Washington rechaza la reforma que pretende López Obrador y Kerry vino al país con ese mensaje. Las conversaciones de hoy miércoles entre el emisario de Joe Biden y los funcionarios mexicanos denotaron cierta hostilidad y ya se habló sobre consecuencias concretas si se aprueba la reforma en su letra original, que por cierto, es violatoria de lo escrito en el T-MEC. Demandas multimillonarias, aranceles y cancelación de importaciones de productos estratégicos aparecen como amenazas en un horizonte que pudiera ser tortuoso.

Ignacio Galán de Iberdrola con John Kerry.

La diplomacia de EU hacia México ofrece desde la llegada de Morena a Palacio Nacional, una condición similar tanto con Donald Trump como ahora con Biden: las conversaciones de primer nivel entre funcionarios incluyen siempre el sustrato de algún tipo de represalia. Sucede con Kerry y ocurrió lo mismo con la visita de Anthony Blinken en octubre del año pasado: si México no lograba detenciones de capos del narco (que finalmente sucedieron) EU iba a incluir a los carteles en la lista de organizaciones terroristas, al mismo nivel que los grupos de extremistas religiosos.

Que España sea el factor distractor preferido del presidente no es casual. Y no es una objeción con el gobierno que encabeza el PSOE o sus políticas. De hecho, hace dos semanas una dirigente  del socialismo español de extrema cercanía con Pedro Sánchez tuvo un road-show con funcionarios y militantes de la 4T para explicarles las reformas que enarbola Moncloa en materia de pensiones y cómo estas pudieran replicarse en México. 

El problema de López Obrador y su círculo primario es con el empresariado del país ibérico. Constructores, banqueros, dueños de medios de comunicación y productores de energía que el presidente asocia directamente con Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y con un modo de producir riqueza asociado a supuestos comportamientos inconfesables. 

Para López Obrador, el presidente de gobierno español está demasiado cerca de ese circuito de poder económico y es casi un emisario de esos intereses. Por eso criticar a España es casi tan funcional para López Obrador como criticar a la "era neoliberal". En su óptica son lo mismo. Así se lo explicó meses atrás en privado a Joseph Oughourlian, mandamás de Grupo Prisa, cuando llevaban adelante un primer acercamiento en Palacio Nacional.

Kerry implica además un cruce de trayectorias imperdible para los entornistas de López Obrador, siempre fascinados por las intersecciones entre lo público y lo privado: el funcionario y ex candidato presidencial tiene excelente relación con el titular de esa compañía habitualmente denostada por la 4T que es Iberdrola, Ignacio Galán. Sucede así que lo real y lo muchas veces actuado para el público matutino confluyen en una síntesis no demasiado frecuente.


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