El Gobierno intenta acuerdos con Washington para evitar un estallido en la relación bilateral de cara a noviembre. Conversaciones en la embajada. Encuentro en Veracruz. |
El pasado jueves, en la celebración de la independencia de Estados Unidos en la embajada de Polanco, circuló, entre los asistentes, el comentario de que el Gobierno está en conversación con Washington para lanzar un esquema de gestión conjunta en las aduanas de Manzanillo y Lázaro Cárdenas.
Un comentario que, además, ganó fuerza entre los invitados por la presencia del gobernador morenista de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.
Para el oficialismo se trata de una oportunidad de generar ámbitos de confianza con la Casa Blanca que estiren, en el tiempo, los acuerdos alcanzados durante la Copa del Mundo en América del Norte.
Por cierto: en la embajada también se habló del reconocimiento que tuvieron los agentes mexicanos de sus contrapartes estadounidenses y canadienses por una serie de maniobras clandestinas, pero sumamente eficaces, en favor de la seguridad del Mundial.
En Palacio Nacional quieren que esa tónica mundialista, que tuvo por corolario el viaje de Claudia Sheinbaum a la final, siga definiendo el vínculo bilateral con Donald Trump. No es casualidad, como señaló esta redacción, que México no se haya opuesto a los planes de Gianni Infantino, aliado de la Casa Blanca, en la FIFA.
El modelo de cooperación para las aduanas marítimas está anclado en acciones de inteligencia propias de un esquema similar al de una oficina del CBP en Washington DC, donde participan, a diario, en el monitoreo de aduanas de América del Norte agentes estadounidenses, mexicanos y canadienses.
La idea ganó impulso a mediados de julio, cuando el general Gregory Guillot, mandamás del Comando Norte, estuvo en Veracruz conversando con el general Ricardo Trevilla y con el almirante Raymundo Morales Ángeles.
Para evitar grandes estruendos, en los puertos del pacífico mexicano operarían elementos mexicanos pero que forman parte de agencias de Estados Unidos. Un modelo similar al que se aplica en tareas de cooperación en la frontera norte.
En el plano de la inteligencia y la seguridad aparece una sintonía bilateral que no alcanza la política de ambos países, así como tampoco parece derramar sobre la maquinaria judicial de EU. En esos planos las afrentas se han vuelto la norma, especialmente desde que el abogado del presidente, Todd Blanche, maneja el Departamento de Justicia.
La intención de Estados Unidos de obtener 15.000 millones de dólares del Cártel de Sinaloa, tal como se acordó en el cierre del caso de Ismael "Mayo" Zambada, promete nuevas arremetidas.
Esa búsqueda genera nerviosismo en ciertos sectores del empresariado donde se teme una acusación fulminante por supuesta colusión con el crimen organizado, algo similar a lo que sucedió el año pasado con tres entidades financieras que ya no existen. Entendible: así como el narcotráfico depende de los nexos con la política, también requiere de un sistema empresarial para introducir las ganancias en la economía.
Temores que se han acrecentado desde que el extesorero de Sinaloa, Enrique Díaz, se entregó a la autoridad en Estados Unidos en busca de aliviar su situación judicial.
El trasfondo de estas inquietudes es la negociación del T-MEC. El secretario Marcelo Ebrard ha recuperado cierto ímpetu, luego de semanas de cuestionamientos internos, por la realidad, cada vez más palpable entre quienes rondan la negociación, de que el secretario de comercio Howard Lutnick ha perdido terreno, respecto a la relación con México, a manos del representante Jamieson Greer.
En cierta medida, la defensa pública en los últimos días del acuerdo por parte de Robert Lighthizer, mentor de Greer, sería la confirmación de que Lutnick ya no tiene el monopolio del favor presidencial, al menos, en lo que respecta al Tratado.
No es el único funcionario clave para la relación bilateral que estaría viviendo horas bajas. El fin de semana Marco Rubio debió asistir, según informó la agencia Reuters, al despido de su hombre para Venezuela, el exjefe del BID Mauricio Claver-Carone. Una fricción con la Casa Blanca que se sumaría a las de otras geografías explosivas, como Teherán.
El estado de ánimo en Washington es delicado porque la aprobación de Trump no para de recibir malas noticias. La última encuesta de la cadena CNN habla de un respaldo de algo más del 30%. El enigma a dilucidar es sobre si, ante ese contexto de cara a las elecciones de medio termino, México será un aliado o un adversario sobre cuya realidad maniobrar.
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