Trump volvió a sufrir un revés electoral en Florida. La guerra en Irán pierde respaldo y América Latina asoma como una vÃa de escape hacia adelante. |
En el almuerzo de la presidenta Claudia Sheinbaum con la cúpula empresarial regiomontana el pasado miércoles, uno de los asistentes comentó que se habÃa encontrado en Miami, por casualidad, con el exgobernador de Florida, Jeb Bush.
El empresario contó que el hermano del expresidente George W. se encuentra preocupado por el desempeño electoral del Partido Republicano en Florida, el corazón polÃtico de la actual administración de Donald Trump.
"Jeb dice que cuando los demócratas tenÃan un millón de votantes más registrados que los republicanos, a comienzos de siglo, las elecciones las ganaban los republicanos; ahora es al revés: los republicanos tienen un millón más formalmente, pero en las casillas los que salen bien son los demócratas", contó el hombre de negocios en referencia a los últimos traspiés que ha sufrido Trump en el estado donde reside.
Lo de esta semana fue particularmente sensible para el presidente. Los republicanos perdieron el distrito local 87, que es donde se ubica Mar-a-Lago. Trump habÃa respaldado a Jon Maples, quien perdió frente a la demócrata Emily Gregory, que alcanzó el 51 % de los votos y accedió a la Cámara de Representantes estatal.
Si bien es una elección marginal, dado que los republicanos dominan ampliamente la escena en Florida, el Gobierno mexicano mira lo sucedido en detalle y equipara el revés de Trump en su terruño a una derrota impensada de Morena en Tabasco.
Como sucede en Caracas, La Habana y Teherán, en la Ciudad de México varios funcionarios esperan con ansias que el presidente retroceda en las elecciones de medio término y, de ese modo, su capacidad militar en el extranjero esté más controlada por parte de los demócratas.
En Palacio Nacional ya se han trazado diversos escenarios en los cuales Trump perderÃa la Cámara de Representantes, una combinación resultante de las eventuales votaciones en los nuevos distritos demócratas de California y de la reciente mayorÃa republicana en Florida.
En ciertos despachos de la CancillerÃa, donde se sigue a diario la realidad estadounidense, ese entendimiento suena lineal. Más bien, alegan, ocurrirÃa lo contrario: cuanto más complicadas estén las elecciones para Trump, más impredecible podrÃa ser su polÃtica hacia América Latina. Sheinbaum suscribe esta idea y por eso no suelta -como quedó en evidencia ayer sábado en Zacatecas- su fricción constante con la Casa Blanca para discutir sobre el nombre del golfo de México.
La presidenta observa lo que sucede en Cuba porque allà Trump esgrime su táctica de usar la fuerza para lograr alteraciones domésticas y luego capitalizar esos cambios en su base electoral. No por nada cerca de Marco Rubio cuentan, siempre que pueden, que el mejor momento de imagen de Trump, desde que regresó al Salón Oval, fue la captura de Nicolás Maduro.
Ayer sábado, The Washington Post reveló que para la Casa Blanca es intransitable la permanencia del castrismo en el gobierno cubano. Esa fue la respuesta, según el corresponsal en Roma, Stefano Pitrelli, al pedido del Vaticano de no utilizar la violencia contra la isla.
Para Trump no basta con que Cuba recalibre su polÃtica hacia Washington: la represalia y el cambio de actores conforman el combustible que el presidente necesita para que sus votantes de Florida, atravesados emocionalmente por el devenir cubano, salgan a las urnas en noviembre.
Es un desafÃo porque, por estos dÃas, el gran estado de movilización en Estados Unidos tiene un tono crÃtico hacia Trump. Este fin de semana, según la cadena CNN, se habrán contabilizado más de 3,000 manifestaciones a lo largo de todo el paÃs en un llamado a defender la democracia y protestar contra el autoritarismo.
El presidente republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, le dijo a la prensa que son protestas de "odio hacia Estados Unidos". Son ecos de los años 60, cuando los republicanos hablaban de la "mayorÃa silenciosa" que estaba en sus hogares y que solo salÃa para votarlos a ellos. La pregunta es ineludible: ¿tendrá Trump una mayorÃa sigilosa lista para acompañarlo en noviembre?
De momento, las encuestas lo niegan. Cinco mediciones publicadas esta semana, en las cuales fueron entrevistados más de 10,000 estadounidenses, revelaron que la mayorÃa se opone a la guerra en Irán y desaprueba la gestión de Trump, lo cual contrasta con los primeros dÃas del conflicto, cuando las encuestas mostraban una oposición menor.
Una encuesta del Pew Research Center realizada a más de 3,500 adultos estadounidenses reveló que el 59 % opinaba que Estados Unidos se equivocó al usar la fuerza militar en Irán, y el 61 % desaprobaba la gestión del conflicto por parte de Trump. La oposición a la acción militar estadounidense osciló entre el 54 % y el 61 % en encuestas realizadas por Fox News, la Universidad de Quinnipiac, CBS News y Reuters-Ipsos.
Es un escepticismo sobre el rumbo de la administración que encuentra sus lÃmites en mundos mÃnimos, como lo fue esta semana la reunión de petroleros en Houston la (CERAWeek). Allà se confirmó un dato sobre el cual existÃan dudas hasta enero: efectivamente Venezuela, a pesar del colapso bolivariano y de sus sistemas de medición, es la gran reserva de crudo del planeta con aproximadamente 300,000 millones de barriles. Una arista no menor en un mundo en el cual el petróleo, según informó la agencia Bloomberg este sábado, podrÃa alcanzar, para el verano, los 200 dólares por barril.
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