El gobierno de Claudia Sheinbaum parece convencido de que, con paciencia, buena voluntad y esperar a que pasen estos dÃas alcanza. No alcanza. |
Mientras la CNTE toma la ciudad como palanca de presión, Claudia Sheinbaum espera. No reprimir está bien. Gobernar también deberÃa estarlo.
La CNTE nos está arruinando a los capitalinos la probadita de Mundial que nos tocó. Hacer polÃtica, en su versión más básica, serÃa encontrar un punto medio entre no reprimir las protestas y no dejar a la ciudad como rehén de los quejosos. Pero hasta ahora, el gobierno de Claudia Sheinbaum parece convencido de que, con paciencia, buena voluntad y esperar a que pasen estos dÃas alcanza. No alcanza.
A cuatro dÃas del arranque del Mundial de Fútbol 2026, la Coordinadora Nacional de Trabajadores del Estado (CNTE) mantiene sus plantones en los puntos neurálgicos de la Ciudad de México. Paseo de la Reforma bloqueada. Avenida Chapultepec tomada. Turistas confundidos. Visitantes extranjeros descubriendo, de la manera menos pedagógica y más inoportuna, que la capital de este paÃs puede detenerse si un sindicato lo decide. Bienvenidos a México.
El secretario de Educación, Mario Delgado, salió este lunes a la mañanera con su catálogo de logros bajo el brazo. La derogación de la reforma de 2013 -esa que obligaba a los maestros a demostrar que saben lo que enseñan-, la Nueva Escuela Mexicana, la basificación de plazas, la recuperación salarial del 10 por ciento en 2025. Un recuento impresionante, si uno olvida que algunos maestros siguen bloqueando la ciudad. Delgado prometió escucharlos "maestro por maestro, escuela por escuela" en agosto, cuando terminen las vacaciones. Es decir: la solución para después del Mundial, después del verano, después de que el problema se resuelva solo.
La demanda central de la CNTE no es nueva, y tampoco carente de razón en su lógica: quieren regresar al modelo de jubilaciones públicas y solidarias, derogando la reforma de 2007 que los metió en el sistema de cuentas individuales administradas por el sector privado. Esto, en un paÃs donde las Afores han dado rendimientos históricos cuestionables para trabajadores de salarios medios y bajos, no es un capricho. Es una queja legÃtima. El problema es el método. Tomar como rehén a una ciudad entera para negociar con el gobierno no es un derecho de protesta: es una extorsión.
La presidenta ha sido clara en su postura: garantizar que el Mundial se celebre en paz y tranquilidad y no reprimir. Ambas cosas son posibles, técnicamente. Lo que no queda claro es quién les explica a los millones de capitalinos que trabajan, estudian y se trasladan a diario que su derecho a moverse por la ciudad vale menos que el derecho de un sindicato a bloquearla indefinidamente. Rosa Icela RodrÃguez lo intentó con una frase que merece un podio en los juegos de la retórica oficial: "existen avances concretos derivados de la voluntad de ambas partes". O sea, que siguen hablando mientras la ciudad sigue colapsada.
Hay una incomodidad en todo esto que el gobierno prefiere no nombrar: la CNTE no es un interlocutor cualquiera para la Cuarta Transformación. Es parte de su historia, de su base social, hasta de su identidad polÃtica. Decirle no -con consecuencias- implicarÃa reconocer que gobernar a veces implica decepcionar a los tuyos.
El Mundial llegará con o sin acuerdo. Las cámaras estarán en el Estadio Azteca, no en Reforma. Y la Ciudad de México habrá cumplido con su misión decorativa: los ajolotes de Clara Brugada que se multiplican en las esquinas sonreirán desde sus bardas, imperturbables, mientras los maestros nos desquician y los capitalinos nos preguntamos si alguien, en algún momento, va a gobernar esta ciudad en lugar de adornarla.
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