Mientras Sheinbaum no traslade una parte de la presión polÃtica a los ejecutivos locales, los Bedolla, las Nahle y los Rocha seguirán cargándole el costo de su incompetencia. |
La cuerda se rompe por lo más delgado. En la estructura de Morena, lo más magro son, sin duda, sus gobernadores. Sus crisis de gobernabilidad no son solo problemas locales, sino sÃntomas evidentes de un problema sistemático: no comparten responsabilidades los estados y la federación.
La lista de la incompetencia morenista es ya bastante larga. Ayer fueron Cuahtémoc Blanco y Cuitláhuac GarcÃa; hoy está encabezada por figuras que ponen en evidencia la falta de capacidad institucional de los estados. El michoacano Alfredo RamÃrez Bedolla, la veracruzana RocÃo Nahle y el sinaloense Rubén Rocha Moya son el ejemplo más claro de la fragilidad de los gobiernos estatales frente a la inseguridad y la emergencia.
En Michoacán, RamÃrez Bedolla enfrenta un escenario casi de colapso institucional: homicidios (como el de Bernardo Bravo, el lÃder citricultor), alcaldes asesinados (el más reciente el de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan) y una respuesta gubernamental nula.
Uno de los problemas es que el gobernador -no es el único- no asume plenamente la responsabilidad de la seguridad. En cambio, espera que el gobierno federal lo rescate de la situación. La reacción de la federación, el Plan Michoacán, --la intervención con una inversión de miles de millones de pesos y más presencia de fuerzas federales--. presentado en Palacio Nacional, es el ejemplo más claro de cómo Claudia Sheinbaum está asumiendo, de facto, el rol de coordinadora o jefa polÃtica de los gobernadores morenistas.A ella se le cobrarán las cuentas.
El fenómeno se repite en otros estados con matices. En Veracruz, RocÃo Nahle fue exhibida por su reacción deficiente ante una emergencia pública, tras las recientes inundaciones en varios municipios. Su gestión, entre comillas, se tradujo en una percepción de improvisación y falta de liderazgo. Como pocas veces, fue pública la desaprobación de la presidenta, que la regañó.
En Sinaloa, la administración de Rubén Rocha Moya no es que atraviese, sino que no sale de una crisis de gobernabilidad. El estado sigue siendo disputado por Los Chapos y Los Mayos, y la crisis por corrupción y desapariciones dentro de su gabinete muestra un absoluta falta de control.
Estos casos también exponen los lÃmites del centralismo actual. Harfuch no es la respuesta para todo. Ni siquiera lo es la propia presidenta. Sin embargo, la dinámica que se repite es que Sheinbaum no hace a sus gobernadores mediática y visiblemente responsables de los problemas de inseguridad en los estados que se supone que gobiernan. Como resultado, estos mandatarios no tienen que esforzarse para mejorar las policÃas estatales, para ordenar las fiscalÃas o para organizar los sistemas penitenciarios. Como si no fuera cosa suya.
La inercia viene de sexenios atrás, pero favorece -más ahora- un presidencialismo asistencial, en el que el gobierno federal interviene constantemente para paliar la creciente ineficacia local.
No será de otra manera mientras la presidenta Sheinbaum no traslade por lo menos una parte de la presión polÃtica a los ejecutivos locales, obligándolos a mejorar sus capacidades. Los casos de RamÃrez Bedolla, Nahle y Rocha Moya seguirán desnudando su insuficiencia en materia de seguridad y justicia.
Mientras Claudia Sheinbaum no traslade una parte de la presión polÃtica a los ejecutivos locales, obligándolos a mejorar sus capacidades administrativas, los Bedolla, las Nahle y los Rocha seguirán exhibiendo la ineptitud ejecutiva de los morenistas. La inacción de los gobernadores va a corroer la imagen de la marca federal a largo plazo, y desgastará la imagen del conjunto hasta que se desborde la capacidad de rescate de Palacio Nacional.
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