Los analistas repiten que el pleito interno ha enfermado a Morena. Es al revés: el pleito está presente desde su nacimiento; es su fisiología. |
Ayer, 14 de septiembre, Morena se decidió por designar a la senadora con licencia Beatriz Mojica para retener el convulso estado de Guerrero, mal gobernado por Evelyn Salgado, que entró al quite cuando el viejo INE le quitó la candidatura a su padre, Félix Salgado Macedonio. En Michoacán se inclinó por Carlos Torres Piña, ex fiscal del estado, cercano al actual gobernador Ramírez Bedolla, que también fue sustituto del candidato original, destronado por ese mismo INE. Estos dos estados fueron los que más aspirantes registraron: 15 el primero y 11 en el segundo. Así comenzó a resolverse la elección de 2027. Sin urnas. Votan las encuestas, que ya no se transparentan, y no los electores. Los resultados se presentan en el World Trade Center en una conferencia de prensa.
Los analistas repiten que el pleito interno ha enfermado a Morena. Es al revés: el pleito está presente desde su nacimiento, es su fisiología. Es así como trabaja esa máquina. Cuando la oposición no compite, como ha vuelto a ser el caso, después de la caída septuagenaria del PRI, la sucesión se procesa nuevamente en casa y la elección constitucional se vuelve casi un trámite de ratificación. Esto no es una anomalía de Morena, es la restauración del metabolismo priista. No es que Morena tenga un enemigo en las entrañas, es que Morena volvió a ser el sistema.
Morena confirmó la candidatura de Beatriz Mojica para la gobernatura de Guerrero
Este viejo nuevo mecanismo tiene nombre y apellido. El dedazo no desapareció, se volvió un poco más sofisticado, más técnico. La convocatoria del Comité Ejecutivo Nacional y la Comisión Nacional de Elecciones de Morena para la selección de candidaturas a las gubernaturas del proceso del año próximo establece que la Comisión Nacional de Elecciones podrá, en todo momento, determinar la inclusión de perfiles en las encuestas, sondeos o estudios de opinión. O sea, la encuesta decide, pero la Comisión determina quién participa en la encuesta. Citlalli Hernández y Ariadna Montiel constituyen la nueva oficina de la sucesión. La Secretaría de Gobernación de los setenta cabía en un edificio; ésta es más manejable; cabe en una casa encuestadora.
Nadie pone candados en una casa donde no hay ladrones. Morena decidió aplicar desde 2027 la no reelección y la reforma antinepotismo, aunque estaban previstas para entrar en vigor en 2030, y encima debe cumplir paridad de género en las 17 candidaturas sin frenar a sus cuadros más competitivos. Los tres candados que el partido se puso así mismo crearon un efecto paradójico: al cerrar la puerta a la reelección, a las familias y a los caciques, multiplicó los aspirantes sin destino y los conflictos sin cauce.
Morena resuelve sus sucesiones como las resolvía el PRI: con otro método, pero puertas adentro. La pelea se procesa en casa y la boleta ratifica. Por supuesto hay una diferencia: el PRI clásico digería a sus perdedores: la reelección se disfrazaba de carrera, se postulaba al heredero familiar, se otorgaba la embajada de consolación. Pero Morena se prohibió todo eso en nombre de la pureza, justo en la elección donde más aspirantes va a producir y más perdedores va a dejar sin certidumbre. Es el mismo sistema, pero sin drenaje.
Los derrotados de ayer ya tienen nombre: en Guerrero quedó en el camino Abelina López, alcaldesa con licencia de Acapulco o la exconsejera jurídica de la Presidencia, Estela Damián. En Michoacán Raúl Morón, que ya sabe lo que es que le quiten una candidatura. A ellos les espera un llamado a la unidad. Al priista derrotado le esperaba cuando menos un buen premio a la obediencia.
El 6 de junio de 2027 habrá casillas, boletas, tinta indeleble. La elección que importa se está celebrando ahora. La incógnita por ahora es a dónde se irán los perdedores. Afuera hay partidos, y tienen hambre.
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