Opinión
 La política y el verde más allá
Por Juan Pablo Guerra
El tema del medio ambiente no es "sexy" para la política, pero indudablemente es "coqueto" y es quizás bajo ese lente que debemos analizarlo.

Uno pensaría que un país megadiverso, con flora, fauna y fungi envidiado alrededor del mundo, además de un partido que tiene las palabras "Verde ecologista" en el nombre, México tendría leyes punta de lanza en la protección, conservación y restauración de sus ecosistemas.

La realidad es que el medio ambiente parece siempre estar relegado al último punto en las prioridades de las autoridades, sin importar el nivel o el partido de origen.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, así como los órganos descentralizados que de ella emanan son la perfecta demostración, con un presupuesto que después de su reducción de más del 50% en la administración Peña Nieto, nunca se han recuperado y cuyo recurso se mantiene al aire, como una ficha de cambio de la que nadie habla.

El cierre de las oficinas de Procuraduría Federal de Protección al Ambiente en Baja California es un tema que he tratado de manera extensa en otras columnas y medios de comunicación, pues representa una falla en el sistema en general, sin importar la austeridad republicana, predicada por los apóstoles de la 4T.

Para la realización de esos trabajos y esas columnas me di a la tarea de entrevistar autoridades de todos los niveles de gobierno, y excepto por algunas excepciones a la regla, lo más común fue ver caras de absoluta sorpresa al ser cuestionados sobre el tema.

En la mayoría de los casos, a nivel municipal y estatal tenía sentido, el argumento es que "nosotros no tenemos jurisdicción en ese tema", pues la gran mayoría de la responsabilidad de protección del medio ambiente recae en el gobierno federal, en oficinas como PROFEPA.

 El cierre de las oficinas de Procuraduría Federal de Protección al Ambiente en Baja California representa una falla en el sistema en general, sin importar la austeridad republicana, predicada por los apóstoles de la 4T.

En otros, parece obvio que el tema del medio ambiente no es prioridad, porque el tema no es "sexy".

¿A qué me refiero cuando digo sexy?

Un político que promete construir una fábrica que generará N cantidad de empleos tendrá puntos a favor en la escala, más en una clase política que parece más obsesionada con el cargo por el que podrán contener el próximo periodo electoral que el que ocupan en la actualidad.

El empleo es sexy, la educación (siempre y cuando no amenace el status quo del magisterio o se hable de verdadera reforma en el sistema educativo) es sexy, la economía es sexy para la política, son temas que no pueden faltar en la agenda de cualquier aspirante a un puesto público.

El medio ambiente, en cambio, solamente es "coqueto"

Un político inteligente (o astuto) se dará a la tarea de plantar un arbolito en el parque público de su preferencia o prometerá construir algún área verde que tendrá amplia flora y fauna (aun si es invasiva o no es de la región).

Pero siempre tendrá una connotación de "áreas para que los niños jueguen" o "espacios seguros" o "centros recreativos para combatir la drogadicción", temas que son verdaderamente sexys para el ojo público.

 La política y el verde más allá

Un político aún más astuto sacará en redes sociales una foto de su mascota, a la que describe "como de la familia" y se comprometerá a construir un refugio humanitario para animales o un santuario para alguna especie en peligro de extinción que está en boca de todos.

Pero difícilmente habrá un compromiso de reducir la contaminación (en cualquiera de sus variedades), no habrá un ímpetu a trabajar para plantar flora que es nativa de la zona y no representa un daño para el ecosistema, el compromiso a eliminar las prácticas rapaces de las empresas que buscan deshacerse de sus desechos al menor costo no estará en su programa de trabajo.

Si estás propuestas acaso encuentran espacio entre la besadera de bebés y el apapacho a los adultos mayores, serán las que menos encuentren espacio en medios de comunicación y, por tanto, habrá menor cantidad de personas que estén enteradas de que uno de sus candidatos tiene esos intereses.

De cara al siguiente proceso electoral, la pregunta que debemos hacernos es: ¿puede un presidenciable hacer la defensa del medio ambiente "sexy"?

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