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Morena: la fábrica de escándalos
Por Juan Ignacio Zavala
Como si los legisladores necesitaran de abonar a su mala imagen, los morenistas en posiciones diputadiles o senatoriales hacen todo lo que pueden para que sus negativos tengan más peso que nunca.

 La imagen de los diputados y senadores siempre ha sido mala. Es muy difícil lograr proyectar la imagen de un grupo de 500 personas trabajando decididamente en pro del país, intercambiando argumentos, preparándose concienzudamente para debatir ante los demás. De esos cinco centenares se sabe que trabajaran unos cincuenta de todos los partidos. No es novedad, siempre han sido unos cuantos los que dan el debate, los que saben de los temas, los que "arrastran el lápiz", los que diseñan a conciencia - para bien o para mal- las leyes que se votarán. Siempre se dan buenos y acalorados debates parlamentarios. Incluso, hoy en día en que pareciera que los argumentos y la retórica de la discusión van de salida, lo cierto es que están vigentes. Más estridentes si se quiere, más efectistas, pero igual de encendidos y apasionados que los de antes.

A pesar de las críticas, en San Lázaro descartan sanciones contra Cuauhtémoc Blanco

La mala imagen de los diputados en México ha sido motivo de hilarantes caricaturas y relatos literarios. Desde los diputados que sesionaban armados hasta la imagen precisa que dejó de toda una época de la política Abel Quezada del panzón trajeado con sombrero y lentes oscuros. Ya en los noventa eran populares los diputados priistas del autodenominado Bronx. Se trataba de un grupo numeroso de diputados priistas que no participaban en los debates ni en la vida parlamentaria, pero se sentaban en una determinada sección desde la que echaban relajo y amenazaban a los opositores y armaban griterías de insultos y mentadas de madre. Digamos que hoy toda la bancada de Morena conformaría el Bronx.

En las encuestas se puede apreciar la pésima opinión que tienen los ciudadanos sobre los miembros del poder legislativo y no se ve fácil de cambiar. Por lo pronto en estos días los legisladores de Morena se lucen son su desfachatez y cinismo.

En las encuestas se puede apreciar la pésima opinión que tienen los ciudadanos sobre los miembros del poder legislativo y no se ve fácil de cambiar. Por lo pronto en estos días los legisladores de Morena se lucen son su desfachatez y cinismo. Desde las cuentas millonarias de Adán Augusto López - otra vez el senador millonario escandalizando con las cifras que esconde y que se le multiplican mágicamente-, el diputado Cuauhtémoc Blanco que participó en una sesión legislativa mientras jugaba pádel, o el vicepresidente Sergio Gutiérrez Luna que armó un bailongo en San Lázaro con la Sonora Santanera, mientras la presidenta tiene que responder los desastres naturales que han asolado la vida de miles de familias mexicanas.

Lo del senador Adán ya es cosa de todas las semanas. Ahora resulta que no aparecen treinta millones de pesos - más de un millón de dólares- de su declaración patrimonial. La opacidad, el engaño, la mentira han sido las características que han distinguido al líder de los senadores morenistas. Enrollado en sus propias mentiras - es sabido que lo difícil de una mentira es sostenerla en el tiempo- Adán Augusto ha convertido en el prototipo del corrupto de Morena: un hombre con fortuna que no quiere explicar nada, que se esconde y al que los escándalos los alcanzan constantemente. El tipo se ha convertido en un estorbo para su movimiento y para la presidenta.

Activistas de cristal

El caso del diputado y exfutbolista Cuauhtémoc Blanco es también uno de los reflejos de la impunidad que domina el ambiente morenista. Acusado de violentador de mujeres, Blanco protagonizó uno de los escándalos más degradantes del año al tener que ser defendido y acusado al mismo tiempo por sus compañeras. En lugar de cuidar esa imagen, Blanco dice que se tiene que ejercitar porque su corazón lo necesita y que por eso está muy flaco. Qué bueno que así sea, pero también como millones de mexicanos debería procurar presentarse a trabajar.

El reventón organizado por Gutiérrez Luna con la Sonora Santanera en el recinto legislativo solamente viene a confirmar la frivolidad rampante en la que ese diputado vive. A eso hay que sumarle sus gobernantes y clase dirigente que se encargaron en meses pasados de destacar por sus excesos y lujos. Cada semana Morena nos trae un nuevo tema, un nuevo escándalo.

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