Opinión
Los nuevos ricos también lloran
Por Juan Ignacio Zavala
Noroña es un privilegiado y no habíamos visto a nadie en la escena pública defender de esa manera sus posesiones.

Es claro: lo que querían era dinero, ser ricos, viajar, comprar artículos de lujo, joyas, relojes, ropa; tener casas, departamentos, residencias en lugares de descanso. Lo que querían era vivir como lo que criticaban. En el fondo el PRIAN para ellos era un modelo aspiracional, una forma de vida por imitar. Para eso usaron -y lo siguen haciendo- a los pobres, las necesidades de los más golpeados por la economía liberal, y aprovecharon el enojo contra el sistema establecido. Ganaron y no tardaron en convertirse en la versión grotesca del liberalismo: más militarismo, más autoritarismo, más a la derecha y más frívolos y dispendiosos.

El caso de Fernández Noroña es la cereza en el pastel de la corrupción veraniega del segundo piso de la cuarta transformación. El señor Noroña fue nombrado presidente del Senado para sorpresa de muchos. Su conducta porril y protagónica era de todos conocida. Eso no podía acabar bien. De hecho, acabó a golpes en uno de los eventos más escandalosos de la vida legislativa nacional. Y claro, es que Noroña se dedicó a insultar a los pocos opositores que hay en la cámara alta. Mujeres y hombres por igual eran calificados por el presidente del senado como traidores a la patria, hipócritas y cínicos. Una cantaleta de todos los días. No solo eso, les quitaba el micrófono, se los apagaba, les negaba el uso de la palabra.

  Ganaron y no tardaron en convertirse en la versión grotesca del liberalismo: más militarismo, más autoritarismo, más a la derecha y más frívolos y dispendiosos. 

De la mano con la conducta pendenciera que le caracteriza vimos con asombro como el defensor de los pobres se arrojaba a los lujos, a las conductas que fustigaba en sus adversarios: camionetas de lujo -porque tiene dos-, comidas en restaurantes de postín, entrada a los lugares VIP en aeropuertos y viajar en clase ejecutiva. Era cuestión de tiempo que aquello de "no se vale gobierno rico y pueblo pobre", degenerara en privilegios para la nueva clase gobernante.

Nunca el señor Noroña ha defendido algo con tanta vehemencia como sus privilegios. Porque comprarse una casa de 12 millones de pesos a dos meses de ser presidente es un privilegio; tener dos camionetas Volvo es un privilegio, viajar en clase superior en los aviones, es privilegio, tener acceso a las salas VIP, es privilegio. Noroña es un privilegiado y no habíamos visto a nadie en la escena pública defender de esa manera sus posesiones y aspiraciones socioeconómicas. Su apego al dinero tiene manifestaciones de enfermedad acendrada.

 Noroña es un privilegiado y no habíamos visto a nadie en la escena pública defender de esa manera sus posesiones y aspiraciones socioeconómicas 

Junto con el escándalo de Noroña, han estado los de Andy, los de Gutiérrez Luna y doña Dato Protegido, Layda Sansores, Mario Delgado, vaya un nutrido grupo de líderes de Morena que ha dejado ha demostrado que no son los virtuoso que decían, sino que son de lo más vulgar en política: valen unos cuantos pesos, unos viajes, una camionetas, unos tenis, unos relojes. Es lo que son. Se quejan de que se les descubre en sus andanzas, su patética justificación es que antes era peor o que por qué no les buscan propiedades y viajes a los demás. Esos son sus lamentos, la forma de decir que los ricos también lloran.

@juanizavala

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