La reforma que impide candidaturas con doble nacionalidad confirma el autoritarismo de Morena. Para el oficialismo hay mexicanos de primera y de segunda, a pesar de que Sheinbaum no pase el examen de pureza. |
Si alguien pensaba que no estamos en épocas autoritarias, basta con ver lo sucedido en estos días en los que se aprobó la reforma que impide a mexicanos con doble nacionalidad ser presidente o gobernador de algún estado del país. Tendrán que renunciar y quedarse nada más con la nacionalidad mexicana. O sea, se busca alguien muy, pero muy mexicano que no se distraiga con alguna debilidad ya sea familiar o por alguna otra circunstancia (haber migrado) con otra nación en su corazón o en su cabeza.
Esta ley ha sido promovida directamente por la presidenta Claudia Sheinbaum, cuyo apellido deja mucho que desear en términos de mexicanidad; aunque a mi parecer, eso no la incapacita para ejercer como presidenta. Pero ella piensa que sí, que si se tienen dos pasaportes es como tener dos amores: a uno engañas. La ley ha sido omisa, según Sheinbaum, y su coro morenista. Pero afortunadamente ella se dio cuenta, quizá pensando en el mesié Ebrard Casaubon, -otro de sus compañeros- y decidió que, como dice la canción bien mexicana: "Mi palabra es la ley". Y lo que ella piensa de la doble nacionalidad ya se convirtió en ley. Faltaba más.
Para el oficialismo hay mexicanos de primera y de segunda. Y eso ya quedó en la ley. No se trata de un discurso político, en ese sentido ya sabíamos que los que no pensábamos como la presidenta y sus secuaces éramos catalogados, de menos, como enemigos de la patria, entreguistas, conservadores, imperialistas y malos mexicanos. Ahora queda claro que se puede ser conservador, proyanqui, derechista, europeísta, proespañol y presidente de México o gobernador, lo importante es no tener dos pasaportes. Los mexicanos que no pueden aspirar a esos cargos son los que sus padres les heredaron otra nacionalidad, o los que se fueron buscando otro horizonte porque México se los negó y ahora tienen, por ejemplo, la ciudadanía estadounidense como es el caso de cientos de miles de migrantes mexicanos en Estados Unidos. Ellos no, no podrán aspirar a esos cargos, porque para la presidenta eso no es admisible. Tienen la traición demasiado cerca: en el corazón y el pasaporte.
De seguir así, la presidenta Sheinbaum propondrá en breve exámenes de pureza mexicana. Porque claro ¿Quién es más mexicano? ¿El que sus papás son extranjeros o el que sus papás son mexicanos? Por supuesto que hay más pureza mexicana en el de los padres nacionales, ¿Quién es más tranza? ¿Un mexicano o un extranjero? Se sabe que el extranjero ¿Quién le ha hecho más daños a nuestra nación: los mexicanos o los extranjeros? La historia ha comprobado que nada se compara con lo que nos hicieron los españoles, ni siquiera los setenta años del PRI ¿Y qué decir del territorio que nos robó Estados Unidos? Eso no se olvida y el país debe cerrar las posibilidades de que alguien con nacionalidad gringa -aunque tenga la mexicana- sea capaz de concluir la entrega de toda la comarca nacional.
Todo esto resulta increíble cuando fue ideado y promovido por una persona que es presidenta y cuyos abuelos son lituanos y búlgaros. Qué pena por Sheinbaum tan dada los pueblos mexicas, porque los pueblos originarios de ella están a decenas de miles de kilómetros de la Pirámide del Sol. Ella no pasaría el examen de mexicanidad pura.
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