La lucha interna, el abuso y la voracidad política al centro de las tensiones del poder dentro del partido. |
Una de las dinámicas del morenismo durante el gobierno de Claudia Sheinbaum ha sido la del abuso y el escándalo. Si bien algunos de los casos fueron en el gobierno anterior, están explotando en este producto del llamado "fuego amigo", que no es otra cosa que la descarnada guerra interna al interior del movimiento.
La anunciada nueva dirigencia del morenismo tendrá aparte de los retos electorales y el restablecimiento de sus alianzas el de poner orden en la vida de ese partido y sus expresiones públicas.
La conducta de muchos de los colaboradores de ambas presidencias y de legisladores destacados del partido, se ha movido en una constante que consiste en la voracidad por el dinero, lo viajes, los negocios y la ostentación del poder.
La norma es el abuso: ya sea en lo que gastan, en lo que exhiben o hasta en lo que disponen laboralmente. Como en todo partido, Morena tiene grupos de poder decididos a matarse entre sí, de ahí las filtraciones a las que solamente tienen acceso los que están en posiciones de influencia. Hay unos que quieren apropiarse del gobierno, otros de los diputados, otros de los senadores, de los comités estatales, de la estructura del partido. Hay tantos grupos como intereses. Eso no es sorpresa, pero sí la manera en que se manejan.
El caso de la comunicación en la Cámara de Diputados, por ejemplo, es una clara muestra de abuso y de agandalle por parte de un grupo. En los partidos normalmente era un asunto que se dividía entre varios legisladores más allá de la actividad regular de un vocero, lo que permitía un mayor juego y participación de quienes quieren fortalecer su carrera política participar en la actividad mediática- cosa que a la gran mayoría le encanta- .
Hay entrevistas y programas para muchos, lo que hay que controlar es el mensaje no la centralización en una persona. Esto es lo que sucede con el diputado Arturo Ávila, conocido también como "el cero votos".
Al principio dio muestras claras de ser un tipo solvente mediáticamente. Su perfil de empresario ayudaba a contrastar con personajes trogloditas como Noroña o Salgado Macedonio. Sin embargo, el tipo resultó de una glotonería mediática sorprendente. Ocupa todas las mesas, no reparte absolutamente nada. Si se tratara de un grupo legislativo pequeño se entendería la repartición de funciones, pero teniendo más de 250 diputados, sí llama la atención que nada más uno de la cara.
El famoso "cero votos", ha llegado a saturar con su presencia. Lo que lo hacía un buen comunicador ha terminado por convertirlo en un sujeto propenso al golpe y al grito y, peor aún, llevando todos sus asuntos personales -desde sus empresa- al costo de imagen del partido. Cosas raras, uno supondría que siendo tantos les daba para repartir, pero pues se ve que ahí funcionan las cosas diferente.
Defenderse señalando casos de un pasado cada vez más lejano no tiene ningún sentido ni efecto alguno. La gente da por descontado que lo sucedido en el pasado no lo quiere de vuelta - de ahí el castigo al PAN y al PRI- pero se equivocan si creen que a los de Morena les perdonarán lo que a Sheinbaum. La presidenta está en otra esfera. Además, ella sí es austera no necesita si quiera hacer un esfuerzo de contención y es claro que ese control lo tiene también en su familia. Por eso el contraste entre jefa y subordinados es más escandaloso. Ebrard diciendo que no cometió ningún abuso alojando a su hijo seis meses en una embajada, debió ser para la presidenta una muestra inobjetable de que ambos responden a estructuras y valores distintos.
La voracidad suele despertarse en personajes que no calculan el costo político para sus jefes o sus instituciones. Es raro que suceda en políticos experimentados que son cuidadosos por todo lo que han visto. En Morena eso no sucede. El abuso es parte de lo normal: son los abusos y costumbres.
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