Opinión
Los nuevos ricos: la nueva clase política
Por Juan Ignacio Zavala
Los políticos de Morena responden fielmente a la caricatura que hiciera de los priistas Abel Quezada en los años setenta del siglo pasado: cínicos, corrientes, prepotentes, excedidos en todo y, por regla general, profundamente ignorantes.

Hoy en día hablar de un nuevo político es hablar de un nuevo rico. Y es que por desgracia son definiciones que van de la mano y hasta se confunden. Por supuesto no es algo nuevo, tiene décadas, pero la ostentación de la opulencia ha encontrado un nuevo aparador para exhibirse: la cuarta transformación.

El caso de Morena es un ejemplo clarísimo. Personajes que hace poco tiempo eran unos completos desconocidos y cuyas funciones estaban limitadas en impactos, son ahora funcionarios de importancia que tienen que ver directamente con las políticas que afectan la vida de millones de mexicanos. No importa si son cretinos o no- la mayoría lo son- sino el encargo en el que quedaron. Una vez en el puesto han decidido entregarse a la parafernalia de lo que, consideran ellos, debe ser un político poderoso: la ostentación del poder en su versión lujo, exceso y mal gusto. Los políticos de Morena responden fielmente a la caricatura que hiciera de los priistas Abel Quezada en los años setenta del siglo pasado: cínicos, corrientes, prepotentes, excedidos en todo y, por regla general, profundamente ignorantes.

Este gusto por hacer alarde de riqueza se desató de manera alarmante con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia. Y no porque ella sea proclive a ese tipo de manifestaciones de opulencia -con honestidad hay que decir que ella está lejos de esas mañas y actitudes, tiene otros defectos, pero ese no- sino porque los militantes del movimiento sintieron que una vez que López Obrador estaba fuera de Palacio, la disciplina se podía relajar y que era el momento de salir a presumir lo logrado: que ahora tenían dinero a montones. El tema no significó un par de casos aislados, hasta los hijos de AMLO le entraron al "destape morenista" y dieron muestra de que la austeridad era una cosa que se limitaba a su señor padre, que ellos nacieron para el despilfarro y la gozadera.

No es extraño entonces que junto con los nuevos políticos, vengan de la mano nuevos empresarios, nuevos amigos, nueva gente y claro, todos ellos nuevos ricos también. Empresarios que tienen siete años en un sector y ya dominan los contratos públicos y son millonarios pululan por todos lados pues no se trata solamente del gobierno federal sino también de los gobiernos estatales, los socios, los familiares de los funcionarios, todos se produce en su propia escala.

En estos días se ha difundido en redes y medios la escandalosa fiesta de una quinceañera que contó con la presencia, pagada por supuesto, de artistas de renombre. Los cálculos de gastos son de más de dos millones de dólares. ¿Se trataba de Slim, de los dueños de las televisoras, cementeras o mineras? No, se trataba de un desconocido empresario tabasqueño que ha sido beneficiado con contratos de miles de millones de pesos en las administraciones de Morena. La ostentación del papá de la festejada va de la mano con la riqueza exhibida por la clase política que lo ha beneficiado.

Curiosamente sale nuevamente una localidad como distintiva del exceso: Tabasco. La tierra de López Obrador fue convertida en unos años en el lugar en que campea el crimen, la inseguridad y la corrupción, todo cortesía de Morena y sus gobiernos, tanto local como federal.

La epidemia del exceso ha ocupado su lugar en Morena y va desde lo hijos del expresidente hasta la flamante quinceañera tabasqueña.

Al parecer llegaron todos, pero todos los de Morena.

@juanizavala

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