La presidenta Claudia Sheinbaum asegura que su administración es soberana y defiende el envÃo de petróleo a Cuba, pero Estados Unidos aprieta mientras envÃa a criminales a los Estados Unidos. |
En polÃtica, el discurso del poderoso es una guÃa, es la forma de marcar una posición o un rumbo; de anunciar un cambio, de reforzar ideales. Hoy se le conoce como "narrativa", pero siempre ha sido "el discurso". Hay discursos de triste memoria, pero hay otros que son históricos, que marcan una huella en las naciones y que trascienden el momento en que fueron pronunciados. Abraham Lincoln, Gandhi, Luther King, Churchill son personajes que fueron de la mano con sus palabras y sus mensajes en diversos temas son considerados universales. Libertad, igualdad, paz, son temas siempre vigentes en que los discursos de estos lÃderes suelen ser citados recurrentemente sin importar el paso del tiempo.
También hay discursos que se apegan a la idiosincrasia de los paÃses. Estados Unidos siempre se ha movido con los de la defensa de la libertad; Francia sobre los derechos; los alemanes de un tiempo a la fecha, y con justificada razón y para alivio de todos, son bastante cuidadosos con sus palabras; en España la dictadura de Franco sigue siendo una losa discursiva a favor y en contra.
En México los discursos favoritos tienen que ver con nuestra posición de vÃctimas y derrotados, con nuestra situación vulnerable ante el mundo y sobre todo con los vecinos del norte. Ya López Obrador dio rienda suelta al complejo colectivo -que forma uno de los ejes discursivos históricos-de que los españoles son perversos, que nosotros éramos una potencia mundial en la que todos los habitantes se querÃan unos a otros, se daban abrazos, no habÃa enfermedades, se revolucionaban las matemáticas y no tenÃamos nada qué ver con el mundo hasta que llegaron los gachupines a abusar de nuestra buena voluntad y de nuestro espÃritu hospitalario. Es un recurso retórico que lleva siglos en nuestra noble nación y que nos permite siempre reclamar a la historia por qué nos puso en el lugar de los buenos y no en el de los malos que siempre ganan. El otro eje, se sabe, es la fatalidad de nuestra vecindad con los gringos. Literal: la maldita vecindad. Éramos grandes y lo gringos nos robaron el territorio. Como reza el dicho: "Se quedaron con lo pavimentado". Para un paÃs con vocación de vÃctima nada peor que estar junto al abusivo del vecindario pues nuestra convivencia cotidiana solamente refuerza nuestra debilidad. Es ahà donde sale la otra narrativa: la de la soberanÃa.
La narrativa soberana habÃa desaparecido de nuestro campo discursivo por razones de la globalización, aunque siempre estuvo presente el tema del petróleo como un asunto fundamentalmente soberano. "El petróleo es nuestro" es quizá una de las últimas frases vigentes de ese discurso setentero que sabemos casi todos los mexicanos. Ahora que todo está cambiando, el asunto de las soberanÃas ha vuelto a estar de moda en el mundo y a nuestra ramplona clase gobernante eso le viene como anillo al dedo pues en ese marco verbal encuentra justificación para todo. Por eso las respuestas de la presidenta al asunto del envÃo de Petróleo a Cuba. No dijo que sà ni que no, sino simplemente que era una decisión soberana si se manda o no se manda. Y en todo caso Pemex tomará también una decisión al respecto. Muy bien. Resulta que todos somos muy soberanos en este paÃs. El problema es que Estados Unidos aprieta cada vez más, por ejemplo, en seguridad. El gobierno mexicano dice que siempre defenderá la soberanÃa y que por eso no permitirá operativos con fuerzas estadounidenses para perseguir criminales. Decidir a favor de esos operativos también serÃa una decisión soberana, pero en el entorno presidencial no lo ven asÃ.
En México el uso del concepto "soberanÃa" tiene más que ver con una justificación a nuestras limitaciones o con llamados hipócritas a convertirnos en "niños héroes" ante "el extraño enemigo" que siempre acecha. Pero no se alega violación a la soberanÃa al mandar decenas de criminales mexicanos a purgar penas carcelarias a Estados Unidos. Eso les parece muy soberano.
Asà pues, con la soberanÃa hemos topado. Una palabra que tiene que ver más con un desplante machista de "mi palabra es la ley" y cosas por el estilo que refuerzan nuestra fiestera y soberana mexicanidad, una imagen que solo vemos nosotros porque en el extranjero nos ven de otra forma.
Bien decÃa Jorge Ibargüengoitia: "Lo que le ha pasado a México es muy injusto: siendo un paÃs de machos, tan lleno de héroes, ¿cómo fue a quedar en las mentes colectivas de los extranjeros como un paÃs de burritos, de inditos cargando macetas, de gente que se queda dormida a la sombra de los nopales? Pura difamación".
@juanizavala
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