Si bien es cierto que las acciones que ha emprendido Harfuch contra la delincuencia han arrojado números positivos o acciones de profundidad, es momento de tomar las cosas en serio que esto no es Ciudad Gótica. |
No cabe duda de que el verano frÃvolo de la 4T ha causado más estragos que la pura exhibición del exceso, el mal gusto y la ausencia de cualquier clase de recato en las filas de Morena. Cuando los lÃderes del partido se dedican a los negocios, el despilfarro, la revelación del lujo, la prepotencia y la impunidad lo que suceda alrededor de ellos tendrá las mismas consecuencias.
Haciendo a un lado los viajes, las fotos de la joyerÃa, las prendas de vestir y otros desvarÃos de la nueva clase polÃtica es evidente que la frivolización no es únicamente en el plano de los bienes de consumo. Alcanza también a la manera de hacer polÃticas públicas, de hacer declaraciones y pronunciamientos, de conducirse en la vida y, claro, en la concepción de la actividad polÃtica.
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La agenda de seguridad y su titular no ha estado ajena al acelerado proceso de frivolización de la clase gobernante. En momentos en que la seguridad es un tema central a lo largo y ancho del paÃs, a los lÃderes de Morena en el legislativo y al sector periodÃstico de su agrado, les da por hablar del señor Omar GarcÃa Harfuch como Batman, el superhéroe de todos conocido, el justiciero de Ciudad Gótica , el humano vampiroide que combate a criminales temibles como El Pingüino, El Guasón, Hiedra venenosa y muchos más que son sometidos por el personaje que esconde al millonario joven y guapo que se llama Bruno DÃaz. A los morenistas les parece que GarcÃa Harfuch es esa suerte de hombre atractivo y de implacable combatiente del mal. En el colmo de la frivolidad, con su debida mezcla de misoginia, el diputado Ricardo Monreal llamó a un par de compañeras que escenificaron una callada pero evidente disputa por salir en la foto con el secretario: las "batichicas".
Por supuesto que este Batman de la 4T está solo. No lo acompaña ningún Robin o el inteligente y dilecto mayordomo Alfred, pero sà le toca enfrentar a los malos y aquà es cuando la cosa deja de ser graciosa y de interpretarse a manera de cómic. Al asesinato del lÃder limonero, Bernardo Bravo, en Apatzingán, el gobierno respondió mandando a la entidad a GarcÃa Harfuch y al secretario de la Defensa. Sin duda se trató de una señal de fuerza y presencia (una "batiseñal", dirÃa el chairismo) gubernamental. Al parecer, como en las pelÃculas, hay quien no le tiene miedo a Batman y tan solo unos dÃas después mataron al carismático presidente municipal de Uruapan, un hombre que clamaba a por el uso de la fuerza contra la delincuencia. No le hicieron caso y lo asesinaron.
Si bien es cierto que las acciones que ha emprendido Harfuch contra la delincuencia organizada han arrojado números positivos en estadÃsticas o acciones de profundidad como el traslado a Estados Unidos de criminales mexicanos para cumplir sentencia, lo cierto es que en el terreno los hechos dicen otras cosas. Sinaloa es un polvorÃn, Tabasco tiene altÃsimos niveles de criminalidad, Tamaulipas, Sonora, Guanajuato, Guerrero y Michoacán, siempre Michoacán, dan cuenta clara de que no es momento de jugar al galán, de dejar de hacer de la seguridad un asunto de dibujos animados y de pensar que hay que hacer una reunión en la baticueva para acabar con los malandros. Es momento de tomar las cosas en serio que esto no es Ciudad Gótica. Hay que colgar el disfraz de Batman y enfocarse en esta real y verdadera guerra contra el crimen, eso es lo que los mexicanos esperan.
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