Resulta inútil preguntar si se va a investigar a fondo a Rafael Ojeda, o si va a hacer lo que ya parece regla: proteger el legado de López Obrador. |
No cayó en México, cayó en Argentina. Con eso basta para dimensionar el tamaño del problema. Fernando FarÃas Laguna, contralmirante, sobrino del secretario de Marina de López Obrador, Rafael Ojeda, y operador central, junto con su hermano Roberto, de la red de huachicol fiscal que durante años se movió a placer dentro del gobierno, fue detenido lejos del paÃs donde hizo carrera y acumuló poder. Allá sà lo tocaron, aquà no.
Y no estamos hablando de un delito más. Estamos hablando del huachicol fiscal, el fraude más grande descubierto en la historia moderna de México. Un esquema que, en sus cálculos más conservadores, implicó un quebranto de alrededor de 600 mil millones de pesos solo en los primeros años del sexenio pasado. Dinero público desviado mediante importaciones simuladas, evasión de impuestos, redes de corrupción y protección institucional. Esto no lo ejecuta un par de funcionarios ni lo protagonizan dos sobrinos incómodos. Es una maquinaria donde participan cárteles de la droga, empresas señaladas por lavado de dinero, operadores financieros y, por supuesto, polÃticos y funcionarios públicos de todos los niveles, porque un esquema de ese tamaño no se sostiene sin complicidad desde arriba y sin silencio.
Por eso la detención de Fernando FarÃas Laguna no es un caso aislado, es una grieta en una estructura mucho más grande. No operaba en la sombra. Se movÃa con libertad por las aduanas, tenÃa acceso, contactos y margen de maniobra. Y tenÃa apellido, el apellido que abrÃa puertas y evitaba preguntas. Lo más grave es que los indicios llevan años ahÃ. Desde 2022 habÃa denuncias públicas sobre los sobrinos de Ojeda, se hablaba de impunidad, de operaciones irregulares, de vÃnculos criminales, y aun asà no pasó nada. El gobierno de López Obrador optó por encubrir, minimizar y callar.
Ese es el verdadero rostro del discurso anticorrupción. Un aparato que presume limpieza mientras tolera o protege redes internas cuando tocan a los suyos. Y lo que empieza a salir es todavÃa más delicado. La ministra de Seguridad de Argentina, Alejandra Monteoliva, no solo habló de huachicol, lavado y crimen organizado. Añadió algo que en México no se habÃa informado: FarÃas Laguna también está acusado de intento de homicidio contra funcionarios mexicanos. Intento de homicidio. ¿A quién intentó matar y por qué eso no formaba parte de la narrativa oficial?
La información viene de cualquier lugar menos de donde deberÃa, de un ejercicio de transparencia gubernamental. Nada nuevo. La carpeta de investigación de este caso fue filtrada desde las propias entrañas de la fiscalÃa en tiempos de Gertz Manero. En ese expediente aparecÃan nombres que nadie ha querido explicar. Se mencionaba a los hijos de López Obrador, a Vector, la empresa propiedad de Alfonso Romo, jefe de Oficina del expresidente, se trazaban vÃnculos con personas cercanas a Audomaro MartÃnez, responsable de inteligencia en el sexenio pasado, y habÃa referencias al entorno de Adán Augusto López. No es una insinuación al aire, es el contenido de una indagatoria que, en lugar de profundizarse, terminó diluida.
No es un accidente. Es un sistema donde las investigaciones se contienen o se administran según a quién involucren, donde la justicia deja de ser un principio y se convierte en una herramienta polÃtica. Hoy la presión está sobre Claudia Sheinbaum, porque ya no puede alegar desconocimiento ni refugiarse en la herencia. Este caso le estalló con detenciones, con acción internacional y con evidencia acumulada.
Resulta inútil preguntar si se va a investigar a fondo a Rafael Ojeda, si va a permitir que se siga la ruta del dinero y de las responsabilidades, o si va a hacer lo que ya parece regla: proteger el legado de López Obrador aunque eso implique encubrir el megadesfalco. Las respuestas son evidentes. El régimen tiene como mantra administrar silencios, garantizar impunidades y evitar más escándalos.
Lo de FarÃas Laguna no es el final de nada. Es apenas la primera pieza visible de un entramado mucho más profundo. Si esto es el fraude del siglo, entonces lo verdaderamente grave no es que haya caÃdo uno de los lÃderes de la red criminal, sino todo lo que tuvo que pasar para que eso ocurriera y todo lo que sigue intacto.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.